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| Imperio Azteca |
| La exposición en el Museo Guggenheim |
| Nota de Francisco González Rodríguez |
| Nota de Iñigo de Oriol Ybarra |
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El Museo Guggenheim Bilbao inaugura el 18 de marzo El Imperio Azteca, la exposición más exhaustiva dedicada al arte y la cultura de esta extraordinaria civilización reunida hasta la fecha, a través de cerca de 600 piezas procedentes de colecciones públicas y privadas, que incluye hallazgos arqueológicos encontrados en la década pasada que se presentan por primera vez fuera de México.
La presentación en Bilbao de El Imperio Azteca, que podrá visitarse en el Museo hasta el 18 de septiembre, cuenta con el generoso patrocinio de BBVA e Iberdrola, dos entidades cuyo apoyo sostenido se ha consolidado como un vínculo de colaboración estratégica para el Museo.
Esta muestra, que pudo verse el pasado otoño en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, ha sido organizada con la colaboración del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Para su presentación en el Museo Guggenheim Bilbao se ha ampliado el número de piezas y, en particular, en lo que se refiere al período del ocaso de esta civilización precolombina tras la conquista española.
El entorno natural mexicano
La exposición recrea de manera vital el contexto medioambiental en el que se desarrollaron las culturas precolombinas a través de magníficas imágenes del bestiario indígena que contiene un meticuloso registro de la flora y la fauna de Mesoamérica.
El detalle del tallado o modelado de estos animales se caracteriza por su naturalismo, en ocasiones casi hiperrealismo.
Por su importancia en la religión, su preponderancia en las jerarquías de poder y su papel en tiempos de guerra, destacan las impactantes imágenes de las serpientes de cascabel, jaguares y águilas que caracterizan al arte azteca.
La sociedad: vida palaciega y vida cotidiana
Esta sección ofrece al público una idea de la vida cotidiana de los aztecas, que estaba jerarquizada en estratos sociales diferenciados: la nobleza (pipiltin), la gente común (macehualtin) y los comerciantes (pochtecas).
Los nobles exhibían con orgullo valiosas joyas de oro, turquesa, concha y obsidiana, así como peculiares adornos para el cuerpo como orejeras o bezotes.
Por su parte, la gente común sólo podía ornamentarse con objetos realizados con arcilla.
La extraordinaria habilidad de los artesanos aztecas queda de manifiesto en los formidables ejemplos de figuras, cerámicas y vajillas de uso ritual y cotidiano.
Pueblos y sociedades de la época azteca
La presencia de esculturas y figurillas antropomorfas de extraordinaria calidad estética constituye el elemento característico de la plástica indígena del Posclásico Tardío mesoamericano.
Son imágenes de hombres y mujeres que expresan ideales, tanto de edad como de belleza.
El notable desarrollo que alcanzaron los talleres escultóricos de las principales capitales indígenas legó extraordinarias figuras escultóricas talladas en roca volcánica, el material preferido del mundo azteca.
Culturas legendarias: ancestros de los aztecas
No se puede entender el arte y la cultura del imperio azteca independientemente del desarrollo de la cultura mesoamericana en general.
Esta sección ilustra los modos en que los aztecas adoptaron y transformaron las formas y los símbolos de sus predecesores, entre ellos los olmecas, los toltecas y los teotihuacanos.
Destaca en la exposición un tesoro específico de este período: una máscara de un rostro humano en piedra y turquesas, con incrustaciones de concha y obsidiana en los ojos, cejas unidas, símbolos faciales, nariguera y collar (ca.
450).
Visión sagrada del universo
Los pueblos mesoamericanos compartieron una visión colectiva de su universo sagrado que imaginaban creado por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, hijos de los dioses que moraban en el más alto nivel del cielo.
Siguiendo su dictado, dividieron en dos partes el cuerpo del Cipactli, bestia legendaria que caminaba sobre las aguas universales, para crear con la primera mitad el plano celeste habitado por las deidades astrales, y con la otra, la Tierra y el Inframundo.
En esta visión vertical del universo, hombres, animales y plantas ocupaban la región intermedia, llamada Tlatícpac.
La visión horizontal del universo se proyectaba en forma de un espacio cuadrangular formado por los cuatro rumbos correspondientes a los puntos cardinales que se intersectaban en el centro, el lugar donde se encontraba el Templo Mayor, punto del que emergía el axis mundi .
En esta sección se integra el conjunto de objetos que recrean los cultos solares tan importantes en el mundo azteca.
El surgimiento del universo sagrado corre paralelo a la creación de los cinco soles, de modo tal que Ollin Tonatiuh, el Quinto Sol, corresponde al tiempo y dominio de los aztecas; de ahí que este pueblo lo venerara como su deidad guía, guerrero triunfante en las batallas celestes.
Religión: dioses y ritos
El universo religioso en el imperio azteca era muy complejo.
En la jerarquía superior estaba Huitzilopochtli, el dios que los guió a México-Tenochtitlan y a quien concebían como guerrero solar; Tezcatlipoca, divinidad de la guerra nocturna era patrono de la virilidad; Quetzalcóatl, el antiguo dios civilizador, patrono del viento.
La Tierra, que se deificaba en diversas advocaciones, era el destino final de los hombres, el origen de la vida y el ámbito creador de los alimentos, manifestándose como Coatlicue o Chicomecóatl.
Para los pueblos mesoamericanos cuya economía se basaba en la agricultura, los dioses Tláloc y su compañera Chalchiuhtlicue, deidades de la lluvia y el agua, respectivamente, desempeñaron un papel crucial en la religión indígena mientras que Xochipilli y Xipe Tótec, patrocinaban la renovación de la naturaleza con la llegada de las lluvias, se vinculaban con la madurez del ser humano, el arte de la orfebrería y la guerra.
El Templo Mayor
Los aztecas fundaron México-Tenochtitlan —actual Ciudad de México— en 1325 sobre un islote lodoso del Lago de Texcoco.
En ella construyeron su Templo Mayor, una edificación de las 78 que, se dice, existían dentro del recinto sagrado, diseñada como una plataforma en forma de pirámide escalonada que representaba el lugar del nacimiento de su dios protector y patrón simbólico de su construcción, Huitzilopochtli.
Esta deidad marcó la concepción del axis mundi sagrado de los aztecas de tal forma que aquel lugar ceremonial se ubicaría en el centro de la urbe y, por ello, en el centro del universo.
Desde que, accidentalmente, se descubrió la imagen de Coyolxauhqui, la Diosa Lunar, en el centro de Ciudad de México en el año 1978, este hallazgo dio pie al Proyecto Templo Mayor que ha proporcionado numerosos tesoros, entre los que destaca uno de los objetos más importantes de la exposición descubierto hace tan sólo una década: una figura de barro cocido, de dos metros de altura, que representa al dios de la muerte y la oscuridad, Mictlantecuhtli (ca. 1480), que muestra la mitad de su cuerpo desollado, garras enormes por manos, además de la cabeza llena de orificios por donde se le enhebraba cabello natural.
Pueblos y culturas bajo el dominio azteca
Los aztecas comandaron los victoriosos ejércitos de la Triple Alianza que conquistaron uno a uno los diversos estados de su entorno.
Esta sección, distribuida en dos salas, recoge los delicados trabajos en mosaicos de turquesa y valiosa orfebrería de oro y la extraordinaria cerámica policroma que compartía en su simbología un lenguaje similar al de los códices de los mixtecos; los delicados ornamentos de conchas y caracolas marinas de los totonacos y los huastecos; y las notables esculturas talladas en roca arenisca por estos últimos.
La segunda sala reúne piezas de los pueblos asentados en el Altiplano Central de México que fueron también conquistados por los aztecas.
Los texcocanos y tepanecas de Azcapotzalco, los xochimilcas y los tlahuicas, los matlatzincas, así como los habitantes de cholula y tlaxcala.
El Imperio Tarasco
Los tarascos frenaron la expansión del imperio azteca y se convirtieron en su más importante enemigo.
Organizaron un estado de carácter imperial en la región lacustre de Michoacán en el oeste de México.
Basaron su poderío en el manejo magistral del cobre y el bronce, con los que elaboraron sus armas y herramientas, imponiendo su dominio militar sobre esta región..
Las obras tarascas (o purépechas) de la exposición incluyen una selección de objetos arqueológicos y artísticos que ejemplifican la original plástica de esta cultura, principalmente esculturas, cerámica y joyería.
Estas piezas revelan el estilo de vida y la diferente ideología que caracterizó a este pueblo.
El ocaso de los imperios: La conquista española de México
Esta sección ilustra las primeras etapas de la campaña española de cristianización de los pueblos indígenas de México y la ulterior destrucción de la sociedad azteca y sus majestuosas ciudades.
El oro, motivo principal de su empresa conquistadora, les llevó a fundir la mayoría de los tesoros.
Sólo algunas joyas quedan como muestra de la antigua metalurgia.
Son igualmente escasos los ejemplos del arte plumario y de la original tradición pictórica de los códices o libros indígenas que sobrevivieron.
El emergente imperio colonial español impone un nuevo sistema económico, la religión católica romana y una nueva cultura que, durante el primer siglo de dominio europeo, se expresa con novedosas formas artísticas y se caracteriza por el sincretismo de lo indígena y lo español.
Si bien el oro no fue lo abundante que hubieran esperado los conquistadores, el descubrimiento y la explotación de las minas de plata derivó la riqueza de América a España y Europa.
Vestigios de esta opulencia sobreviven en numerosos puntos de la península ibérica, iglesias, conventos y colecciones particulares.













































































