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Jean-Baptiste-Camille Corot: biografía y características de su obra

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Jean-Baptiste-Camille Corot: biografía y características de su obra
Obras expuestas en el Museo Thyssen-Bornemisza
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corotCon el título Corot. Naturaleza, emoción, recuerdo, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta desde el 7 de junio de 2005 la primera muestra monográfica dedicada al pintor Jean-Baptiste-Camille Corot (París, 1796 - Ville-d'Avray, 1875) en España.

La naturaleza en la que se inspiró para pintar sus paisajes, las emociones que Corot supo transmitir en sus composiciones y los recuerdos que esos paisajes evocan al artista, son las tres claves de esta exposición que el propio título nos desvela; una completa selección de 81 obras de uno de los pintores más importantes del XIX, cuya obra supera la herencia neoclásica, el realismo y el romanticismo imperantes en su época, para convertirse en auténtico precursor del impresionismo. Tras su presentación en Madrid, que ha contado con la colaboración del Consorcio Turístico de Madrid, la exposición podrá verse en el Palazzo dei Diamanti de Ferrara.

“En la naturaleza, buscad primero la forma; después, los valores o relaciones entre los tonos, el color y la ejecución; y todo ello sometido al sentimiento que hayáis experimentado. Lo que sentimos es real”. Así describía Camille Corot su emoción estética.

Escribe Juan Á. López-Manzanares que Corot "cursó estudios en Ruán y no se inició en la pintura hasta los 26 años. En 1822 recibió de sus padres la asignación de una importante suma de dinero anual que le permitió dedicarse íntegramente a la pintura. Ingresó en el taller de Achille-Etna Michallon y de Jean-Victor Bertin, paisajistas neoclásicos ambos, que le inculcaron el estudio de la naturaleza, si bien en función de la realización de paisajes históricos. En su formación también cabe mencionar el tratado monumental de paisaje de Pierre-Henri de Valenciennes, maestro de Bertin y Michallon".

En 1825, añade López-Manzanares, "Corot marchó por tres años a Roma, donde realizó estudios de arquitecturas, árboles y rocas, efectos de la luz sobre el agua y vistas panorámicas, tanto de la propia capital como de la campiña romana, destinados a servir de base para sus composiciones realizadas en el taller, tales como Vista tomada en Narni y Campiña romana, presentadas en el Salon parisino de 1827".

En los años treinta, escribe, "estudió a los paisajistas holandeses y flamencos del siglo XVII y a sus contemporáneos ingleses, viajando por Francia, Suiza e Italia (esta última en 1834 y 1843) en busca de motivos para sus composiciones. En su afán de humanizar el género del paisaje con la inclusión de figuras, dedicó parte de sus esfuerzos a retratar a amigos y familiares; obras que nunca expuso en público".

López-Manzanares concluye así su biografía del artista: "En 1845 Corot recibió las alabanzas de Baudelaire con ocasión de su participación en el Salon. En 1846 recibió la Legión de Honor. Dos años más tarde fue elegido miembro del jurado del Salon. En 1851 presentó en el Salon su pintura La mañana. Danza de las ninfas que marcaría el inicio de su estilo maduro -caracterizado por la recreación de paisajes poéticos, poblados de figuras de la Antigüedad y dotados de una atmósfera vaporosa, a medio camino entre lo real y lo ideal-; La mañana. Danza de las ninfas sería adquirida por el Estado francés. La muerte de su padre en 1847 y de su madre en 1851 -con los que había vivido hasta entonces-, le permitió viajar mucho más a menudo por Francia, Suiza, Bélgica y Holanda, y estrechar su amistad con artistas como Charles-François Daubigny y Constant Dutilleux. En la Exposición Universal de 1855 obtuvo medalla de primera clase por Recuerdo de Marcoussis, adquirida por Napoleón III; compra que se volvería a repetir en el Salon de 1864 con Recuerdo de Mortefontaine y en el de 1866 con La Soledad. Recuerdo de Vigen, Limousin, regalada por Napoleón III a la emperatriz. En 1867 participa con éxito en la Exposition Universelle, siendo nombrado oficial de la Legión de Honor. En los años sesenta y setenta, tanto en los cuadros presentados por Corot en el Salon como en las decoraciones realizadas para las mansiones del príncipe Demidoff, de Daubigny o de la Sra. Castaignet, se aprecia una fuerte restricción cromática debida, posiblemente, a su interés por la fotografía. Además de los paisajes, son singularmente importantes en esos años sus obras dedicadas a la figura femenina. Corot murió en Ville-d'Avray el 22 de febrero 1875".

“El desarrollo del gusto por el arte moderno en el siglo XX –escriben Andrea Buzzoni y Tomàs Llorens en el catálogo de la muestra– trajo consigo una actitud de rechazo contra el pasado próximo de la que fueron víctimas muchos artistas. Corot fue uno de los pocos pintores del siglo XIX que se salvaron de ese rechazo; pero tuvo que pagar un precio por ello. Su pintura fue apreciada sólo en la medida en que se veía en él a una especie de precursor del Impresionismo. Otros críticos, precisando más, lo valoraban porque parecía dar a sus cuadros, casi sin darse cuenta, el tipo de construcción formal que Cézanne, más tarde, desarrolló en los suyos. Éste fue el Corot apreciado por los cubistas. Braque y Picasso se inspiraron en él para un pequeño grupo de cuadros de mujeres sentadas con mandolina que pintaron en 1910. Gris abordó el motivo de la mujer sentada en 1917 usando a su mujer, Josette, como modelo en dos cuadros; es sintomático que al mismo tiempo pintara una copia o mejor dicho, una versión cubista de un cuadro de Corot: una italiana con mandolina".

"La crítica modernista –añaden– tuvo el mérito de descubrir en la pintura de Corot unas cualidades formales que seguramente quedarán adheridas a su fortuna crítica para las generaciones venideras. La presente exposición no trata de ignorar esas cualidades ni de polemizar con esa tradición crítica. Pero el tiempo transcurrido nos permite ser conscientes de que la visión modernista ocultaba un aspecto importante de la obra de Corot. Es esto lo que esta exposición se propone. Devolver a su imagen crítica ese aspecto que la crítica modernista no supo entender, pero que era el más apreciado por el público del siglo XIX y el que mejor nos permite situarla en el contexto cultural de su tiempo. Corot fue, en efecto predominantemente, un pintor de paisaje, pero el paisaje no era para él, como lo fue para los pintores cubistas, un hecho puramente visual, sino una realidad más compleja, en la que pesaban otros factores. El título elegido por el comisario de la exposición, Vincent Pomarède, enuncia someramente los ejes principales de esa concepción del paisaje que rebasa la meramente visual: la idea de naturaleza, el aura emotiva que acompaña a la experiencia personal del paisaje y el papel fundamental que juega la memoria en su construcción. La selección de las obras, la estructura de la exposición, y los textos del catálogo tratan de substanciar ese propósito central".

Paisajes y figuras

La muestra pretende dar una visión completa de toda su trayectoria, con especial atención al que fue tema principal de su producción: el paisaje, desde sus vistas más topográficas a sus composiciones más luminosas y espontáneas sobre las que se cimentó su fama. La elaboración de estos paisajes se basaba en estudios y apuntes tomados del natural que reelaboraba en el estudio para trasladarlos luego a unas meditadas composiciones. Aún así, estas obras poseen el encanto de la naturalidad y están tratadas con un toque muy personal, no exento de cierto lirismo, convirtiéndose en fuente de inspiración de posteriores generaciones de pintores que hicieron del paisaje el leitmotiv de sus telas.

Junto al género del paisaje, las figuras o el retrato fue otro de los grandes temas que le cautivó; en estas obras, Corot experimenta con los gestos y las posturas, así como con los colores y las texturas de las llamativas y adornadas ropas de los personajes representados. Es a finales de la década de 1830 cuando empieza a interesarse por este género, que retomó de nuevo, con especial energía, al final de su carrera y al que la exposición dedica un apartado particularmente amplio.

La exposición quiere centrar también la atención del espectador sobre uno de los capítulos más interesantes y originales de su producción: los denominados souvenirs; un conjunto de paisajes de connotaciones románticas, concebidos con una luz y una luminosidad especial, y en los que los perfiles y elementos de la naturaleza – el agua, los árboles, el cielo - se difuminan, encerrando los sentimientos que el artista experimentó en contacto con esos escenarios.

Entre los ejemplos que reúne la exposición se encuentran varias de sus obras maestras, entre ellas Recuerdo de Montfontaine, icono del Museo del Louvre y uno de sus primeros paisajes animado mediante el recurso de efectos lumínicos y de una gama cromática significativa de lo que se dará en llamar las “brumas plateadas de Corot”.

Un paseo temático a través de toda su trayectoria

El itinerario de la exposición se plantea como un paseo temático a lo largo de toda la trayectoria artística y vital del pintor; un recorrido completo de más de cincuenta años de creación, organizado en ocho apartados:

1- Primeros años: Entre los consejos que Corot recibió de su primer maestro, Michallon, el más decisivo fue el de trabajar al aire libre, uno de los fundamentos de su teoría del paisaje. En este apartado se presentan, entre otras obras, cuatro estudios al óleo, que revelan los intereses estéticos y los motivos que desarrollará en estos primeros años y que pondrá en práctica en una de sus primeras obras maestras, Paris, el viejo puente de Saint-Michel, procedente del Musée Départamental de l´Oise, en Beauvais, donde muestra su habilidad para modular los volúmenes mediante contrastes de luces y sombras, su predilección por los colores claros y puros, y la precisión a la hora de componer y de estructurar el espacio pictórico.

2- Italia: Este apartado se dedica a las vistas que el pintor realizó en sus estancias en este país; vistas panorámicas de la ciudad de Roma y de distintos rincones de la campiña italiana, en las que manifiesta su interés por la representación topográfica que le permite evocar los lugares visitados de manera realista, adoptando una condición intermedia entre el estudio del natural y la composición en el taller.

3- Territorios de Francia: Corot aprovechaba su círculo de amistades y familiares que residían en diferentes lugares para establecer contacto con una naturaleza lo más variada posible. El resultado de estas visitas es un extraordinario documento de su interpretación de los hechos naturales, cristalizado en gran medida en una visión personal; además de su gran dominio del pincel, la variedad de sensaciones que plasma a través del paisaje, desde la serenidad hasta un rico resplandor, pasando por insinuaciones de melancolía, resulta ciertamente milagrosa. Consigue, además, una percepción específica de las características de cada región que las distinguen inmediatamente de las demás.

4- Del paisaje histórico al lírico: En este apartado encontramos una selección de las obras que el pintor exhibió en los Salones oficiales entre 1836 y 1864, faceta de su producción a la que menos atención se ha prestado, quizás debido a la primacía historiográfica de la pintura impresionista que siempre estuvo al margen de éstos. Sin embargo, Corot expuso en el Salon a lo largo de toda su dilatada carrera y cultivó asiduamente el género del paisaje histórico y su aliciente fundamental, la integración de la figura en el entorno. Sus composiciones resultan siempre conmovedoras, e incluso melancólicas. En sus figuras solitarias, pone de manifiesto la esperanza de que la naturaleza proporcione un bálsamo que la cultura -el ser humano y su sociedad- no puede ofrecer.

5- Realismos: El único credo que reconocía Corot era la fe en la naturaleza, de la que continuamente estaba pendiente en cada uno de sus matices. Sus primeros estudios ya ponen de manifiesto una observación invariablemente directa; Corot traducía el hecho natural a través de un proceso de simplificación asentado de manera innata en una excepcional percepción de la construcción pictórica. Se incluyen en este apartado vistas de ciudades e interiores en los que trató de plasmar la realidad que tenía ante los ojos de una manera estricta aunque amplia, con especial importancia de la luz.

6- Ville-d’ Avray: Localidad donde sus padres residían y que se convirtió en un inmenso estudio del que surgieron los paisajes más variados, tanto por su iconografía como por su estilo y por la técnica utilizada. Allí se sentirá atraído por el elemento acuático, pintando dos importantes series de estanques, y por las lindes del bosque y las colinas de Ville-d´Avray. La voluntad de captar los sentimientos que le producen estas visiones le conduce a transcribir los momentos fugitivos del día y lo efímero de la luz, como en Una mañana en Ville-d´Avray (la vaquera) préstamo del Musée des Beaux-Arts de Ruán; asistimos en este capítulo a la transición desde la simple evocación directa de la naturaleza hasta la traducción de una visión interior y personal, afectiva y sensorial, emocional y sentimental del paisaje.

7- Figuras: Corot dedicó íntegramente su producción de retratos, no superior a cincuenta, a complacer a parientes y allegados, y no vendió directamente ni expuso ninguno de ellos; todos se caracterizan por la simplicidad, el realismo y el modesto tamaño, calidades dictadas por la intimidad entre el pintor y las personas que representa, como el retrato de su madre, Madame Corot, cedido por la National Gallery of Scotland para la exposición y que figura entre los más bellos de su producción. Sin embargo, en las denominadas figuras de fantasía la imitación del modelo pasaba a un segundo plano para centrarse en la factura y los efectos cromáticos; le gustaba vestir a sus modelos con prendas que sugirieran algo exótico, con colores vivos y variados, como en Christine Nilson (la Gitana con mandolina), otra de las obras maestras presentes en la muestra, procedente del Museu de Arte de Sâo Paulo, en la que el pintor deja de interesarse por lo anecdótico, para centrarse en el tratamiento pictórico.

8- Souvenirs: Camille Corot jamás pretendió pintar únicamente la naturaleza tal como es sino como la veía y, en idéntica medida, como la sentía. Es esta concepción tan personal la que explica el desarrollo del tema del “souvenir” en su obra a partir de 1850. Se trataba de resumir pictóricamente impresiones sentimentales, por naturaleza subjetivas, y de transmitirlas al espectador. Los souvernirs se convirtieron en una de las principales fuentes de admiración de su trabajo. A través de sus investigaciones en este ámbito, Corot incide en la pintura moderna; su afirmación “lo que sentimos es real”, habla de la compleja relación entre la naturaleza y los sentimientos que se experimentan ante ella, entre realidad y percepción, piedra angular de la reflexión del artista. Esta unión entre la observación objetiva y la trascripción subjetiva iba a conferir a sus paisajes tardíos una condición de “paisaje mental”, que marcaría profundamente a la generación de pintores que, después de 1900, pretendieron regenerar la pintura.

Ficha de la exposición

Título: Corot. Naturaleza, Emoción, Recuerdo

Sedes: Sala de exposiciones del Museo Thyssen-Bornemisza. Del 7 de junio al 11 de septiembre de 2005. Palazzo dei Diamanti, Ferrara (Italia). Del 9 de octubre de 2005 al 8 de enero de 2006

Con la colaboración de: Consorcio Turístico de Madrid

Comisario: Vincent Pomarède - Conservador Jefe del Departamento de Pintura del Musée du Louvre

Coordinadora: Mar Borobia, Jefe de Área Pintura Antigua, Museo Thyssen-Bornemisza.

Comité Científico:

Michael Clarke - Director de la National Gallery of Scotland

Tomàs Llorens - Conservador Jefe del Museo Thyssen-Bornemisza

Vincent Pomarède - Conservador Jefe del Departamento de Pintura del Musée du Louvre y comisario de la exposición

Catálogo: Constará de seis ensayos donde se analizarán aspectos de la vida y de la obra del pintor. Idiomas: Español y apéndice en Francés.

Horarios y tarifas:

De martes a domingo de 10 a 19h. La taquilla cierra a las 18:30 h.

Exposición temporal: 5 € (Reducida: 3,50 € para estudiantes y mayores de 65 años). Exposición temporal + Colección permanente: 9 € (Reducida: 5 € para estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación).

 



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