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| Jean Dubuffet: Huella de una aventura |
| Biografía de Jean Dubuffet |
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“Me gusta lo poco –dice Jean Dubuffet–. También me gusta lo embrionario, lo mal acabado, lo imperfecto, la mezcla. Me gustan más los diamantes en bruto, en su ganga”.
El Museo Guggenheim Bilbao inaugura el 7 de noviembre Jean Dubuffet. Huella de una aventura, una muestra que analiza la diversidad de la producción artística de Jean Dubuffet (1901-1985) y pone de manifiesto su incesante búsqueda y experimentación en el arte, más allá de los mecanismos culturales establecidos.
La declaración del propio artista de que “el arte habla a la mente y no a los ojos” es el concepto subyacente a esta muestra organizada por el Rupertinum Museum der Moderne Salzburg y co-producida por el Museo Guggenheim Bilbao, con la colaboración de la Fondation Dubuffet de París.
Huella de una aventura, que ocupará las nueve salas de la segunda planta del Museo, reúne alrededor de 160 piezas —obras sobre papel, pinturas, esculturas y litografías—, que abarcan la mayor parte de su evolución artística, que se desarrolla en tres fases diferenciadas: sus exploraciones táctiles de los años cuarenta y cincuenta, que incorporan materiales hasta entonces ajenos al arte; L’Hourloupe, un ciclo de obras sistematizadas de los años sesenta y setenta; y sus obras más tardías y gestuales de los años ochenta.
Jean Dubuffet nació el 31 de julio de 1901 en Le Havre, Francia, hijo de un acaudalado comerciante de vinos.
En su juventud asistió a clases de arte y en 1918 se trasladaría a París para estudiar en la Académie Julian, que abandonó tras sólo seis meses para trabajar de forma independiente.
En aquellos días conoció a Raoul Dufy, Max Jacob y a Suzanne Valadon.
Entre 1920 y 1922 llevó una vida solitaria dedicado a estudios intensivos, especialmente de lingüística, filosofía, literatura y música.
También se interesó por el Dadá y por el “arte de los enfermos mentales”.
Esto último le interesó cada vez más, lo que a partir de 1945 le llevó a coleccionar Art Brut, un término que él mismo popularizó.
Con Art Brut se refería a determinadas formas artísticas que quedaban fuera de los mecanismos de la cultura del arte, y que él admiraba por su visión pura o inocente y su técnica directa.
Dubuffet se mostró cada vez más escéptico ante las “bellas artes” y decidió dejar de pintar en 1924, entre otras razones para hacerse cargo del negocio familiar, y se mudó de Le Havre a París.
En 1933 hizo otra tentativa de concentrarse exclusivamente en su arte pero tuvo que volver a dejarlo en 1937 para volver al negocio del vino.
En 1942, por tercera y última vez, decidió dedicarse únicamente a su arte.
A partir de entonces su obra evolucionó en varias fases.
Agnes Husslein-Arco y Caroline Messensse, han sido las comisarias de esta exposición que se articula en torno a dos ejes.
El primero refleja todo el desarrollo de la carrera de Dubuffet a través de la obra sobre papel, mientras que el segundo reúne una selección de pinturas consideradas clave dentro de su producción creativa.
Ambos ejes reflejan el innovador uso de materiales y la evolución estilística y temática de este artista.
A partir de estos dos enfoques la muestra está ordenada en tres secciones claramente definidas de acuerdo con un criterio cronológico.
La primera sección comienza con su serie de la segunda mitad de los años cuarenta Marionetas de la ciudad y del campo (Marionnettes de la ville et de la campagne) y, se extiende con la serie Materiologías (Matériologies), hasta el final de los años cincuenta.
Durante este período, el estilo de Dubuffet era contrario a lo que cabría esperar de un pintor de la tradición francesa y supuso un serio golpe para las premisas estéticas imperantes.
Inspirado estilísticamente en el arte marginal, las obras de Dubuffet de esta época se dividen entre la celebración de la banalidad de la vida cotidiana a través de diversas representaciones y la intensa investigación de los materiales en paisajes carentes de presencia humana.
La segunda sección arranca con el ciclo Paris Circus que data de los primeros años sesenta.
Sus simples descripciones de una animada metrópolis refuerzan la visión de Dubuffet de que todo el mundo debe y puede hacer arte.
Estas pinturas sirven como transición hacia su siguiente serie más extensa, L’Hourloupe (1962–74).
En estas obras el universo creativo de Dubuffet se articula en una especie de estructura de casillas ordenadas sombreadas y delimitadas por un grueso contorno.
La paleta de color se limita al rojo, azul y negro. Este sistema celular fue evolucionando para llegar a convertirse en decorados para escenarios, trajes de teatro, esculturas para exteriores e incluso construcciones arquitectónicas.
La exposición pone especial énfasis en el conjunto de obras Coucou Bazar, que puede describirse como un “tableau animé” (cuadro animado) y es, indudablemente, el punto creativo álgido de L’Hourloupe.
Dubuffet creó cientos de praticables entre 1972–73, que eran pinturas y dibujos ampliados procedentes de L’Hourloupe, proyectados sobre cartón y posteriormente recortados para ser movidos o “animados” por actores disfrazados (con máscaras, sombreros, capas, guantes y zapatos) sobre un escenario.
Coucou Bazar sólo se ha representado tres veces: en 1973 en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York; pocos meses más tarde en el Grand Palais de París; y finalmente en 1978 en el Palazzo della Promotrice delle Belle Arti al Valentino de Turín.
Completada con bocetos de trabajo, Coucou Bazar está representada en esta exposición por una importante selección de praticables dispuestos como se verían en escena.
Dedicada a los últimos diez años de la prolífica carrera de Dubuffet, la tercera sección de la exposición procede de cinco de sus series: Teatros de memoria (Théâtres de mémoire), octubre de 1975–agosto de 1978; Breves ejercicios (Brefs exercices), marzo–diciembre de 1979; Psico-parajes (Psycho-sites), 1981; Miras (Mires), febrero de 1983–marzo de 1984 y No lugares (Non-lieux), marzo–diciembre de 1984.
Durante la realización de estas series, Dubuffet se va centrando cada vez menos en la representación y en los materiales, ambos componentes importantes de su obra anterior.
Su pincelada se hace menos deliberada hasta el punto de que su última serie, No-lugares, no guarda referencia alguna con el mundo material y se reduce a trazos del acto esencial de pintar.
A través del dialogo entre la obra escultórica y pictórica, la exposición Jean Dubuffet.
Huella de una aventura, ilustra la tensión que define el trabajo del genial artista francés, su celebración de la vida cotidiana y su incansable curiosidad por los materiales: la oposición entre material y representación, entre ficción y realidad.
La exposición pone de manifiesto la voluntad del artista de que un enfoque teórico y complicado da paso a un “concepto de claridad”.
Este análisis de la constante innovación y desarrollo de Dubuffet muestra esta huella de una aventura, la aventura de pintar, la aventura que fue la vida de Jean Dubuffet.













































































