| Índice de Artículos |
|---|
| Jean-Léon Gérôme en el Thyssen |
| Sobre la exposición |
| Gérôme y la historia |
| Biografía del artista |
| Todas las páginas |

Del 15 de febrero al 22 de mayo de 2011, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta desde mediados de febrero la exposición Jean- Léon Gérôme (1824-1904), fruto de un ambicioso proyecto conjunto con el Musée d’Orsay, la Réunion des musées nationaux y el J. Paul Getty Museum.
Gérôme fue uno de los pintores más célebres de su época, aunque fue también objeto de críticas y polémicas a lo largo de toda su carrera.
Su popularidad fue en buena medida fruto de su preocupación por la difusión de sus obras, que traspasó las fronteras de Francia y llegó incluso a los Estados Unidos donde, desde la década de 1870, fue uno de los artistas más admirados y coleccionados.
Gérôme se familiarizó muy pronto con la nueva creación fotográfica y, como la mayoría de artistas del momento, recurrió a fotografías para componer algunos de sus cuadros y, sobre todo, aprendió a aprovechar este nuevo medio para “vender” su obra.
“Sus cuadros –leemos en el catálogo de la exposición– tuvieron una notable difusión gracias a las reproducciones fotográficas que empezó a realizar en 1859 a petición de su marchante y editor Adolphe Goupil, quien luego sería su suegro. Por esa vía entró su obra pictórica en muchos hogares franceses. Y enriqueció así el imaginario visual de toda una generación, con la que mantuvo una relación singular y familiar pese a que los cuadros los compraban coleccionistas privados. Supo además sacar buen partido de la reputación de exactitud de la fotografía, que le permitía mantener su ambición de ser un pintor preciso y veraz. De ahí lo que escribió en septiembre de 1902, en el prefacio a Nu esthétique, de Émile Bayard: «La Fotografía, que en estos últimos tiempos ha hecho singulares progresos, ha obligado a los artistas a despojarse de la vieja rutina y de las viejas fórmulas. Nos ha abierto los ojos y nos ha obligado a mirar lo que antes nunca habíamos visto, con lo que le ha prestado al Arte un notable y valioso servicio.
Gracias a ella la Verdad ha salido por fin del pozo; y no volverá a caer en él». Adquirida, coleccionada, expuesta y difundida desde la década de 1870 por los aficionados y los museos estadounidenses, la pintura de Gérôme se infiltró con fuerza en el imaginario histórico del Nuevo Mundo y en su medio favorito, el cine".
A petición de su marchante y editor, Adolphe Goupil -que más adelante se convertiría en su suegro-, desde 1859 Gérome empezó a utilizar reproducciones fotográficas y estampas para divulgar sus trabajos y supo adaptar su obra a la política editorial llevada a cabo por Goupil, combinando hábilmente los temas anecdóticos que garantizaban su éxito popular con una composición pensada para su adaptación al formato más reducido del grabado o del revelado fotográfico.

Incluso con los reproches por parte de la crítica artística del momento, Gérôme logra crear así imágenes impactantes que marcan la memoria del espectador.
De perfecta factura, con una absoluta precisión del dibujo y maestría en el uso de los pigmentos, a pesar de la apariencia academicista en sus temas y composiciones, su obra mantiene con la modernidad una relación más compleja de lo que parece y es en este aspecto donde los análisis historiográficos más recientes se han centrado para la revaloración de su figura y de su arte.
Convivían en él simultáneamente la ambición romántica de reproducir los temas de la Antigüedad clásica, de Oriente o de la historia de Francia, con el impulso racionalista de dar una información veraz, imponiendo incluso ese fin a la exigencia de que la escena fuera inteligible o infringiendo las reglas académicas.
En este sentido, destaca el modo en que utiliza la imagen fotográfica para la elaboración de figuras, escenas o paisajes, su afán por ofrecer algo genuino y preciso, basándose rigurosamente en las investigaciones científicas y arqueológicas de su época, su novedosa concepción de la escenografía, adelantándose en el tiempo e inspirando directamente escenas de las grandes producciones cinematográficas de temática histórica, sobre todo las basadas en la Roma clásica de realizadores como Cecil B. DeMille o Mervyn LeRoy, entre otros muchos.
Sin duda, la gran difusión de la obra de Gérôme en Estados Unidos tuvo una gran incidencia en esta fuente de inspiración para el gran cine de Hollywood.
Esta doble identidad de su obra, a la vez científica y popular, es lo que la hace tan valiosa hoy en día para los historiadores del arte y el público en general.













































































