| Índice de Artículos |
|---|
| Joaquín Sorolla: biografía y características de su obra |
| Obras de Sorolla en la exposición Sargent / Sorolla |
| Todas las páginas |
Joaquín Sorolla y Bástida nace en Valencia en 1863, en el seno de una familia modesta. A los dos años queda huérfano y es acogido por sus tíos maternos. Los estudios no le llaman la atención, sintiendo gran inclinación por el dibujo y la pintura.
En la exposición Sargent / Sorolla podemos recorrer diversas etapas de su vida artística. Finalmente, Sorolla se matrícula en la Escuela de Artesanos de Valencia, donde asiste a las clases nocturnas de dibujo del escultor Cayetano Capuz y, posteriormente, en la de Bellas Artes de San Carlos. Una visita en 1881 al Museo del Prado provoca su admiración por Velázquez, Ribera y El Greco.
En 1884 obtiene una pensión de la Diputación de Valencia para estudiar en Italia, donde vive desde 1885 a 1889. Durante su época de estudiante conoce al fotógrafo Antonio García, que se convierte en su protector y con cuya hija, Clotilde, se casa en 1888. Entre 1889 y 1895 nacen sus tres hijos, María, Joaquín y Elena.
En 1890 se instala en Madrid. A partir de ese momento pone en marcha un activo plan de promoción profesional participando en gran número de exposiciones nacionales e internacionales, avaladas por importantes marchantes y galerías. En 1900 gana una medalla de honor en la Exposition Universelle de París.
En 1906 presenta una exposición en la Galerie Georges Petit de París, que lo convierte en la gran figura de la temporada, lo que significaba su consagración definitiva en Europa.
Siguen una serie de muestras en Berlín, Colonia y Dusseldorf con éxito de crítica y de ventas. En 1908 se celebra una exposición individual en la Grafton Gallery de Londres, organizada por los marchantes Chesser Mundy y Holt y apoyada por los pintores Beruete y Sargent. En 1909 y 1911 realiza exposiciones en diversas ciudades de Estados Unidos avaladas por el hispanista Archer M. Huntington, que se convierte en su gran protector y le encarga la decoración de la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York, con escenas de diferentes regiones españolas.
Para realizar este encargo Sorolla viajó infatigablemente por España, actividad que va minando su salud hasta que, en 1920, sufre un ataque de hemiplejia que le imposibilita seguir trabajando hasta su muerte tres años después.
A continuación, se detallan las salas temáticas dedicadas a Sorolla dentro de la exposición Sargent / Sorolla, que pone en relación la obra del creador español con la de su coetáneo John Singer Sargent.
Sorolla: Temas sociales (c.1880-c.1882)
Se trata de un momento muy productivo que fue importante como parte de las búsquedas de distinto tipo que llevó a cabo en esta primera etapa. Pinta escenas costumbristas marineras relacionadas con la pesca -La vuelta de la pesca (1894) ó ¡Aun dicen que el pescado es caro! (1894)- utilizando un tratamiento de luces del ocaso y tintas oscuras que dramatizan la composición. Estas obras tuvieron gran éxito de crítica y público y proyectaron su figura como pintor popular, enemigo de las injusticias y amigo de quienes deseaban una sociedad mejor organizada.
Sorolla: Trabajo y ocio en el mar (c.1901-1909)
Sorolla nace en Valencia a orillas del Mediterráneo, y los temas relacionados con el mar le atraen desde fechas muy tempranas. Esta sala está llena de escenas encantadoras, de niños y mujeres en la playa -sus hijas y su mujer en numerosas ocasiones- donde las luces son más claras, propias de la mañana, utiliza enfoques fotográficos y la paleta se restringe a blancos, azules y pardos, a los que se suman a veces los malvas y violetas que toma del impresionismo francés.
Sorolla: Retratos individuales
A los retratos de Sorolla se les atribuye grandes cualidades de penetración psicológica, en gran parte gracias a la rapidez con que los ejecutaba. Esa viveza de visión y de interpretación “le permitía captar el sentido de las almas sin dar tiempo a sus modelos para convenir y componer un aire con el que se quiere ser no con el que se es” (Marcelo Abril, 1932). Pintaba sus retratos como pintaba la playa de Valencia, rápidamente, recogiendo lo más expresivo y lo más sincero, pero sin dejar de subrayar por ello, los rasgos psicológicos del modelo.
Sorolla: Estudios de jardines (1909-1920)
Sorolla fue el artista español que mejor entendió el jardín como tema pictórico. En esta naturaleza transformada, sobretodo en los jardines hispano-arábes de Andalucía, encuentra una fuente inagotable de inspiración. Una temática en la que el pintor se muestra intimista, porque pinta para sí mismo. La seducción y la capacidad de emocionar que generan estos jardines se debe a la perfecta armonía de sus elementos fundamentales: la variada vegetación, la riqueza de la arquitectura islámica, el elemento musical del agua y el silencio sugerido mediante espacios compartimentados. Destaca también la luz, cuyos efectos sobre la arquitectura se hacen patentes en los interiores en penumbra, gracias a las celosías. Un conjunto de aspectos que invitan al olvido de la temporalidad y que acercan al que contempla a la idea del paraíso.
Sorolla: Proyectos para la Hispanic Society (c.1911-1918)
En 1910 Archer Milton Huntington, mecenas estadounidense, encarga a Sorolla una serie de murales para la Hispanic Society de Nueva York. Este trabajo que se conoce como Las regiones de España (o Visión de España por un artista), le llevará ocho años sumamente productivos dedicados a la elaboración de temas etnográficos, no sólo los propios murales, sino también los cientos de apuntes, gouaches, estudios al óleo y cuadros de caballete de tamaño natural que tuvo que realizar como parte del proceso de ejecución del encargo. Pintó cada obra en la región correspondiente, lo que le obligaría a pasar largas temporadas lejos de su familia, lo que acabó por convertirse en una pesada carga tanto psicológica cómo física.
Sargent y Sorolla: Pinturas de figuras (c.1905-1920)
Predomina en estas obras la representación de mujeres. Tanto uno como otro se complacen en la observación minuciosa del mundo femenino con obsesivo deleite. Particular importancia adquiere también el blanco y sus matices, las manchas de color reflejadas en él fluyen por la tela con tonalidades cambiantes. Encontramos también en lienzos cómo La siesta (Sorolla, 1911) ó Dos muchachas vestidas de blanco (Sargent, 1909-11) una armonía clásica entre figura y paisaje, los personajes habitan su entorno como algo que les es consustancial y que para el espectador tiene algo de Arcadia imaginaria.













































































