
Hoy se presenta la nueva Colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en unos espacios renovados y puestos al día, tras varios meses de trabajo en el que han participado intensamente de una manera u otra todos los departamentos del Museo, que abrirá sus puertas de manera gratuita los próximos viernes, sábado y domingo.
El recorrido, que cuenta con numerosas e importantes novedades, se distribuye a lo largo de aproximadamente 7.500 m2, distribuidos entre los dos edificios, Sabatini y Nouvel, que sirven para acoger unas 1000 obras en un discurso que arranca con la modernidad y llega hasta nuestros días.
Aparecen numerosos trabajos que, aun perteneciendo a la Colección, no se habían exhibido nunca y se muestran las últimas adquisiciones del Museo: más de 500 obras se han incorporado al nuevo discurso expositivo.
Frente al relato del arte moderno, a partir de la sucesión de movimientos autónomos o de la ruptura de genios individuales, la nueva instalación de la Colección contextualiza los distintos momentos artísticos en la historia y cultura material de los siglos XX y XXI.
A partir de ahora, no está ordenada de una forma lineal; la obra de los artistas no aparece necesariamente agrupada y tampoco el recorrido es estrictamente cronológico.
Se trata de presentar micronarraciones, cosmologías que nos ayuden a entender y a relacionar unas obras con otras, teniendo en cuenta lo que en cada momento estaba ocurriendo tanto dentro como fuera de España.
La intención de esta nueva presentación es ofrecer una visión abierta y múltiple del arte de nuestra época, haciendo hincapié en la transversalidad de los discursos y en el papel del espectador como artífice de los mismos.
El museo ha optado por distanciarse de la narración lineal de la modernidad, tal y como se ha expuesto tradicionalmente en las instituciones y discursos hegemónicos, pero también del banal olvido postmoderno de la historia, presente en los nuevos modelos de exposición.
Del mismo modo se ha buscado un alejamiento de las convencionales distinciones entre centro y periferia, atendiendo así a la complejidad de relaciones que se establecen entre lo local y lo global.
En este recorrido se proponen cuatro grandes secciones a través de una secuencia histórica, sin querer imponer un estricto orden cronológico.
Asimismo, estas agrupaciones contienen itinerarios alternativos, planteando diversas tensiones y líneas de fuga que el visitante es animado a seguir según su interés, al tiempo que trama las suyas propias.
La colección de un museo se halla intrínsicamente ligada a la noción de historia y tiempo.
¿Pero, qué historia o historias contamos? Somos conscientes de que los museos han estado tradicionalmente atrapados en una visión canónica de la historia que ha buscado la concordancia de los tiempos, esto es, explicar las obras de arte con los documentos y testimonios de la época, pero sin entender que las imágenes y los objetos superan el contexto que los hizo nacer, y que, de este modo, el tiempo no es el del pasado sino el de la memoria, a la que el historiador interpela en tanto que receptáculo de tiempos heterogéneos.
Reivindicamos el espacio crítico de la historia y reconocemos el valor de las narraciones, pero no como modo de descubrir “el modo en que fue”, sino, con Benjamin, para capturar la memoria desde la urgencia del presente “cuando ésta destella en un momento de peligro”, y así “sacar a la tradición del conformismo que pretende dominarla”.
Esta historia se materializa en un entramado de narraciones fragmentarias y abiertas, que nos hablan de manos, de miradas, de mentes todas ellas sincronizadas en un momento y cristalizadas en una imagen, en un objeto o en un documento.
La narración implica ante todo la transmisión y activación de experiencias que refieren a un tiempo pasado, pero que son siempre en el presente y del presente.
Su fin no es abrir una vía de escape, sino el enriquecimiento reflexivo de la experiencia, un aprendizaje que no deriva del adoctrinamiento, sino de la activación de la capacidad de respuesta crítica ante el mundo y, por qué no, ante el museo mismo.
Esta posición lleva implícita la necesidad de crear un nuevo vocabulario, una nueva nomenclatura.
Las tragedias griegas nos enseñaron que los hijos son portadores de las culpas de los padres o, lo que es lo mismo, que todos nacemos con un destino marcado de antemano por un lenguaje y una estructura social que lo conforma.
Pero también es cierto que podemos re–escribir nuestra propia historia, aunque para ello es necesario que forjemos conceptos nuevos que sirvan para aprehender y explicar una realidad distinta.
Copyright de texto e imágenes (Sala 405, Miró y Picasso) © Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Cortesía del Gabinete de Prensa Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Reservados todos los derechos.
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