
Desde el 18 de junio hasta el 12 de septiembre de 2010, podrá visitarse en la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre, en Madrid, la muestra de fotografía y cine surrealista La subversión de las imágenes.
Realizada en colaboración con el Centre Pompidou y el Fotomuseum Winterthur, La subversión de las imágenes. Surrealismo, fotografía y cine se compone de más de 400 obras, y muestra el encuentro del movimiento surrealista con la fotografía como lenguaje y como obra de arte.
La exposición invita a sumergirse en el proceso de investigación y descubrimiento que vivieron los miembros de esta corriente, cámara en mano, mientras forzaban los límites de estos medios para lograr sus fines.
Era imprescindible reinventar la forma de ver, el punto desde donde se observa y los parámetros, si los hay, que determinan la mirada. A través del discurso creado por más de 300 fotografías, 100 documentos y cerca de 10 películas procedentes de más de 60 prestadores de colecciones públicas y particulares, entre las que destaca la gran aportación de los fondos del Centre Pompidou, asistimos a los múltiples usos que los surrealistas hacen de esta disciplina.
La exposición se articula en 9 secciones en las que se entremezcla la obra fotográfica con diferentes cortometrajes y documentos, para poder reflejar de manera simultánea cómo determinados motivos u obsesiones se repetían en todos los ámbitos de actuación en que trabajaban.
Comienza con La acción colectiva, donde se presenta la imagen del grupo como tal, y se pone de manifiesto la necesidad que tenían de hacer primar lo colectivo sobre lo individual. Esos retratos crean su imagen de cara al exterior, mientras ellos manifiestan esa voluntad solidaria en actividades concretas: textos escritos a varias manos, cadáveres exquisitos y collages colectivos, entre otros. La evolución natural fue crear revistas y tribunas que sirvieran de trampolín para dar a conocer esa imagen y esas obras. La fotografía sirve para reafirmar su identidad colectiva.
La sección dedicada al Teatro de la sinrazón muestra como la teatralidad, la dramaturgia aplicada a la fotografía, es un pilar de la estética del surrealismo. Esta “escenificación” a la que someten los surrealistas al objeto o sujeto a retratar coloca al espectador en una situación nueva: la de voyeur que observa la representación de un mundo paralelo. La idea del erotismo planea sobre la mayoría de estas representaciones, siendo el cuerpo uno de los objetos de investigación esenciales del movimiento.
“Bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”, en palabras de Lautréamont. Aquí la recopilación de imágenes, fotografías, recortes o postales dan lugar a collages, fotomontajes y cadáveres exquisitos que se publicaban habitualmente en revistas de la época. Resulta indiferente la voluntad o la ausencia de la misma en la realización de la obra, lo relevante es generar la tensión que ellos consideraban responsable de la fuerza poética de la obra.
Para los surrealistas la pintura era una obra de la imaginación, mientras que sus fotografías eran el arte de la reproducción de determinadas imágenes mentales. La sección El modelo interior plasma ese universo o nos remite a él. La entrada a este mundo se plasma en retratos de hombres y mujeres con los ojos cerrados que evocan la máxima actitud surrealista: ver con los ojos cerrados.
La mirada surrealista siempre acecha la realidad. Esa situación de tensión y alerta se expone en La pulsión escópica, sección dedicada a cómo existe una necesidad irrefrenable de mirar el objeto de deseo. En la fotografía y el cine, las máquinas sustituyen al ojo y permite añadir intensidad a estos hallazgos por medio del encuadre, acción que permite recortar a placer lo que se observa.
Cierra la exposición la sección Del buen uso del surrealismo, donde se muestra como esa revolución de forma y fondo que sufre la fotografía en manos del surrealismo rápidamente pasan al ámbito de la moda y la publicidad, de la mano de los propios artistas que trabajan en estos medios. Man Ray, por ejemplo, trabajaba para Harper’s Bazaar y Vogue. Los hallazgos los realizan en los años veinte y treinta, pero tras la guerra estos sectores los explotan a conciencia. Los fotógrafos contribuyen a la divulgación de la iconografía y la imaginería surrealista haciendo que ésta se incorpore a la cultura popular.
Subversión de las imágenes –título del surrealista belga Marcel Mariën para una serie de fotografías de Paul Nougé que se presenta en la exposición y para la exposición misma ahora- debe interpretarse en la forma de una doble acepción. Subvertir en el sentido de trasformar la imagen, pero también subvertir a través de la imagen, alterando las coordenadas de la realidad.
Datos de interés para el visitante
Inauguración: 17 de junio de 2010 a las 20.00h
Fechas: Del 18 de junio al 12 de septiembre de 2010
Lugar: Fundación Mapfre. Instituto de Cultura. Paseo de Recoletos nº 23, Madrid.
Comisarios: Quentin Bajac, Clément Cheroux, Guillaume Le Gall, Michel Poivert, Philippe-Alain Michaud
Copyright de texto e imágenes © Fundación Mapfre. Cortesía de la Dirección de Comunicación de Mapfre. Reservados todos los derechos.
Imagen superior: Eli Lotar y Germaine Krull. Sin título, ca 1930. Cente Pompidou, Musée national d'art moderne, París. Donación de Anne-Marie y Jean-Pierre Marchand © Estate Germaine Krull, Museum Folkwang, Essen. Reservados todos los derechos.
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