
La exposición antológica que el Museo Guggenheim Bilbao dedica a Manolo Valdés a partir del próximo día 18 de octubre, recorre el trabajo realizado durante los últimos veinte años por este artista, uno de los creadores de mayor relevancia y proyección internacional en el panorama del arte contemporáneo español.
La exposición Manolo Valdés: Pintura y escultura, que podrá visitarse en el Museo Guggenheim Bilbao hasta el 19 de enero de 2003, se suma a la serie de exposiciones que periódicamente el Museo dedica a profundizar en la obra de los artistas y las tendencias de mayor significación en la escena artística del país.
La muestra Manolo Valdés. Pintura y escultura ha sido comisariada por Kosme de Barañano, Director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que ha seleccionado para esta exposición óleos, obras en técnicas mixtas y esculturas realizados por Valdés durante los últimos veinte años, y que permiten al espectador introducirse en la estética y en la filosofía de este creador.
La exposición, que ocupará las cuatro salas de perfiles irregulares de la tercera planta del Museo, ha sido organizada dejando a un lado el criterio cronológico.
A diferencia de la mayoría de las exposiciones monográficas realizadas en torno al artista hasta la fecha, que han explorado la obra de Valdés en el contexto del Equipo Crónica, el Museo Guggenheim Bilbao se plantea un recorrido alternativo.
Manolo Valdés. Pintura y escultura, agrupa las obras en torno a los temas y sensibilidades que le surgen al artista desde la Historia del Arte y que quedan de relieve en toda su producción.
A esto hay que sumarle la particularidad de que la exposición presenta tanto la obra pictórica como el trabajo escultórico, menos conocido, del artista.
Este planteamiento no responde al objetivo de subrayar el interés de su escultura sino al propósito de poner de manifiesto que pintura y escultura han ido paralelas en la praxis del artista desde su comienzo, como un todo que dialoga entre sí y que se fecunda en la realización y en sus problemas cotidianos, tanto iconográficos como matéricos.
Manolo Valdés inició su trayectoria artística al fundar en 1964, junto a Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo, el Equipo Crónica.
En su texto programático los tres artistas fundadores del mítico Equipo Crónica defendían la idea de trabajar colectivamente para dar respuesta a los problemas de la sociedad española durante el franquismo.
Hasta su desaparición en 1981, tras la muerte de Solbes, el trabajo del Equipo Crónica, del que J. A. Toledo pronto se desligó, fue, como señala Kosme de Barañano, una crónica visual de la realidad española, una mirada a la estética internacional del pop por el paisaje político y social de la época, que tuvo entre sus metas la búsqueda de la objetividad a través del realismo y la serialización.
Los miembros del Equipo Crónica construyeron un lenguaje artístico personal y, en su desarrollo narrativo, en ocasiones con una actitud crítica, a veces satírica y casi siempre desmitificadora, diseccionaron la realidad que les tocó vivir.
Su obra abordó un paseo por la Historia del Arte que aludía a la situación política y social del momento, en lo que constituyó una de las experiencias artísticas más originales y coherentes en aquel período en que España vivía cerrada al exterior.
Al desaparecer el Equipo Crónica, Manolo Valdés inicia su carrera en solitario, trabajando la recreación y recontextualización de algunas de las figuras más representativas de la Historia del Arte, y retoma el uso de las series como medio para establecer variaciones sobre un mismo tema.
Valdés asume así el trabajo realizado por el Equipo Crónica creando un lenguaje propio en el que emplea la materia para disponer la figura humana, por medio de la selección imágenes tomadas de los grandes maestros que manipula y sobre las que incide, una y otra vez, para avanzar en su propia iconografía.
Tal y como señala Kosme de Barañano “En su tarea, Valdés se aproxima al historiador del arte, es un gran conocedor de la historia del arte, un recopilador de datos.
No se trata de una memorización de obras ajenas ni de una simple apropiación patrimonial; se produce, en cambio, una presentación a modo de balsa, o mejor, una almadía pirenaica que hay que componer y cuya función primordial es armar ‘las historias ya pintadas’ en concretos elementos observables, sensitivos. La memoria de Valdés recoge sensibilidades previas para crear la suya. La oeuvre de Valdés se construye −repito− como una balsa con trozos de árboles que a su vez con-forman una obra nueva que se desliza por las propias aguas de la historia del arte. Es una memoria del detalle que nos ‘presentiza’ grandes imágenes del pasado”.
La mirada retrospectiva que el Museo Guggenheim Bilbao dedica a Manolo Valdés reúne cerca de 70 obras de las cuales más de un tercio son esculturas.
El artista ha creado incluso una obra específica para su ubicación en el espacio de tránsito que conecta la sala 303, un espacio singular, con las salas clásicas de la tercera planta.
Se trata de la mayor biblioteca realizada hasta este momento por el artista, una pieza de cinco metros de altura.
Según señala en “La biblioteca de madera” el escritor Antonio Muñoz Molina “Si otros escribimos libros, los atesoramos o los amontonamos, Manolo Valdés los talla, los organiza, los acumula sobre una pared como un bibliotecario falso, un carpintero y un leñador de la bibliofilia que al tallar imposibles libros de madera lo que está haciendo es celebrar la forma simple y mágica del libro (...) en los cuadros de Manolo Valdés se disfruta con igual intensidad la pintura y la historia de la pintura”.
Además, y buscando siempre un equilibrio armónico con el carácter de los espacios del Museo, se han instalado esculturas de sus mujeres sentadas, sus bodegones o mesas así como sus referencias a Léger o a Picasso.
En una época dominada por la abstracción informal o expresionista y por el criticismo formalista, Valdés se lanza a una figuración enormemente personal.
Este realismo figurativo promete una legibilidad que el expresionismo abstracto no deseaba para la pintura, aunque en el fondo lo que ofrece es una figuración esterilizada y sobre todo desgarrada en su propia trama, en su lienzo.
Su obra forma parte hoy de importantes colecciones privadas y públicas en el ámbito internacional, como es el caso del Metropolitan Museum de Nueva York y del Museum of Modern Art de la misma ciudad, del Musée National d’Art Moderne, Centre Georges Pompidou de París, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y del Instituto Valenciano de Arte Moderno, entre otros.
Además, el artista, que reside y trabaja en Nueva York desde 1988, ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, representando a España en la Bienal de Venecia de 1999, junto a la artista vasca Esther Ferrer.
Igualmente su trayectoria artística ha sido galardonada con importantes premios, como el Premio Nacional de Bellas Artes, que le fue otorgado en 1985, así como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, concedida en 1998.
Copyright de texto e imágenes © Museo Guggenheim Bilbao. Cortesía del Departamento de Comunicación y Marketing del Museo Guggenheim Bilbao. Reservados todos los derechos.
2595 días atrás
361 días atrás
3510 días atrás
3230 días atrás
2786 días atrás
2242 días atrás
3888 días atrás
3888 días atrás
3895 días atrás
4784 días atrás
3356 días atrás
2036 días atrás
1172 días atrás













































































