
El Museo Guggenheim Bilbao inaugura el 16 de noviembre Miguel Ángel y su tiempo, una muestra que, a través de una cuidada selección de dibujos y grabados italianos del siglo XVI pertenecientes a la Albertina de Viena, pretende evidenciar el papel decisivo del Renacimiento italiano en la cultura occidental y, especialmente, la importancia que alcanzó el dibujo no sólo como instrumento de estudio para los artistas de la época sino como forma de expresión artística.
La Albertina posee la colección de dibujos de los grandes maestros clásicos más extensa del mundo.
El duque Albert von Sachsen-Teschen (1738-1822) y su mujer, hija de la emperatriz María Teresa, dedicaron su vida a la colección, que sería después ampliada por sus sucesores y que se conserva en el palacio ducal.
Actualmente cuenta con unos fondos que superan los 65.000 dibujos y el millón de grabados.
En 1920 la colección se fusionó con la anterior Biblioteca Imperial (Hofbibliothek) y pasó a denominarse Graphische Sammlung Albertina.
El Dr. Klaus Albrecht Schröder, Director de la Albertina, concibió la exposición y realizó la selección de las obras junto con el Dr.
Achim Gnann, autor de diversas publicaciones dedicadas a artistas como Rafael, Polidoro da Caravaggio, Perino del Vaga, Parmigianino o Michiel Coxcie, entre otros.
Miguel Ángel y su tiempo se presentó la pasada primavera en la Peggy Guggenheim Collection de Venecia, desde donde viajó a Viena para su exhibición en la sede de la Albertina antes de su presentación en el Museo Guggenheim Bilbao, donde podrá contemplarse en las tres salas clásicas de la tercera planta hasta febrero de 2005.
La exposición, compuesta por cerca de 80 obras, proporciona el contexto y la evolución artística de Miguel Ángel entre 1490 y 1564, un período de la historia del arte que abarca desde los primeros años del Renacimiento clásico hasta el ocaso del manierismo en las ciudades italianas que fueron los grandes centros de creación artística de la época.
Mientras que en la Edad Media subyace una concepción de abstracción simbólica del arte, el Renacimiento se caracteriza por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico.
El hombre renacentista aspira a abarcar todos los aspectos de la cultura humanista: el arte, la filosofía, la literatura y la ciencia, en una nueva concepción basada en una relación con la Naturaleza que hace al hombre medida de todas las cosas.
Nace la conciencia individual del artista, la libertad de espíritu, la búsqueda del ideal de belleza a través de la anatomía, las proporciones y la perspectiva.
Como consecuencia de estas inquietudes, el dibujo se convierte en eje del resto de las disciplinas artísticas al servir como instrumento de estudio de la anatomía del hombre y la naturaleza.
Todos los géneros artísticos experimentan un espectacular desarrollo en el Renacimiento pero, sin duda, el dibujo alcanza su punto culminante en la cultura visual de Occidente durante este período, ocupando un lugar paralelo al de la pintura o la escultura.
Así, la exposición gira en torno a este descubrimiento e interpretación del cuerpo humano como paradigma de virtudes y vicios, de la fuerza heroica y de la debilidad humana.
Durante siglos, las obras más relevantes de Miguel Ángel, Leonardo y Rafael que atesora la Albertina han sido consideradas como el parámetro indiscutible de cualquier expresión artística que persiga alcanzar el equilibro armonioso entre la imitación de la realidad, por una parte, y un alto grado de idealización por otra.
En concreto, la muestra otorga una especial atención a los desnudos y estudios del cuerpo humano y presenta también numerosos retratos cuya relevancia se pone de manifiesto por primera vez en esta exposición.
La muestra también reúne dibujos de los manieristas incluyendo algunos de Domenico Beccafumi, Francesco Salviati y Giorgio Vasari, así como una obra principal de Daniele da Volterra para la cual, Miguel Ángel le facilitó numerosos bocetos.
Pese a que Rafael, Leonardo y Miguel Ángel dominaron el Alto Renacimiento italiano, fue este último quien más influyó en el arte de su tiempo y sus ideas continúan ejerciendo una influencia decisiva en el manierismo, la Contrarreforma y el Barroco.
“Los artistas se quedaron atónitos al contemplar la perfección artística alcanzada por Miguel Ángel en este cartón.
De hecho, algunos de los que vieron estas divinas figuras, manifestaron que era lo mejor nunca creado por Miguel Ángel, o por ningún otro y que ningún genio podría nunca igualar el esplendor de su arte”.
Con estas palabras describe Vasari en su obra Vidas de grandes artistas la reacción de los coetáneos de Miguel Ángel ante su cartón para la Batalla de Cascina.
El artista evidenció por primera vez su maestría en la expresión de su visión heroica del cuerpo en esta temprana obra maestra, un fresco monumental concebido para la Sala del Gran Consejo del Palacio de la Señoría de Florencia, para la que Leonardo, al mismo tiempo, creó su Batalla de Anghiari.
Tal fue su repercusión que artistas contemporáneos se acercaban a contemplar y copiar los cartones de ambos; desgraciadamente este último se destruyó apenas comenzado y el primero nunca pasó de la fase preparatoria en cartones.
Las figuras de Miguel Ángel presentan cuerpos poderosos y musculosos que, al tiempo, dejan traslucir la expresión de un ser interior, su energía y su pasión, conjugando así el ideal clásico con un nuevo estudio de la naturaleza llevado a la perfección.
Un magnífico ejemplo de ello es el dibujo de la exposición Desnudo masculino visto de espaldas, en el que la maestría en la realización de zonas en sombra y realces en blanco dota a la figura de gran movimiento e imponente presencia.
Por su parte, Leonardo proporciona a sus figuras una extraordinaria expresividad y emoción que plasman su interés por la anatomía y la fisonomía, tal y como evidencia su Busto de apóstol, un boceto preparatorio para el San Pedro del fresco La Última Cena de Santa Maria delle Grazie de Milán.
El joven Rafael se instaló en Florencia en 1504, posiblemente atraído por el interés que despertaron en él los cartones, antes mencionados, de Leonardo y Miguel Ángel y en sus obras de este período queda patente la influencia de este último, tal y como atestiguan los dibujos de la Albertina.
Rafael y sus discípulos, como Giulio Romano, Perino del Vaga y Polidoro da Caravaggio, difundieron el arte de su maestro por diversas regiones de Italia.
Otros artistas, como Correggio o Parmigianino, lograron combinar la monumentalidad de Miguel Ángel y la gracia de Rafael, mientras que otros como Rosso Fiorentino, propagaron las ideas del maestro en Francia durante su presencia en la corte de Francisco I.
Con esta selección de obras maestras de la Albertina, la exposición documenta el surgimiento del dibujo como género artístico con entidad propia al tiempo que pone de manifiesto la variedad de materiales utilizados por los artistas de la época, proporcionando al espectador una amplia visión de los fascinantes métodos de composición de los grandes artistas del Renacimiento clásico y del manierismo, épocas de gran esplendor dentro de la Historia del Arte.
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