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| Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante |
| Vida de Moctezuma II |
| Inauguración de la muestra |
| Horario y acceso |
| Todas las páginas |

Luego de su exitosa exhibición en el Museo Británico de Londres, la exposición Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante llega al Museo del Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México.
La magna muestra incluye 218 piezas prehispánicas y virreinales, entre textiles, esculturas, objetos de oro, metal y otros, algunos nunca antes vistos pertenecientes al mundo político, militar y religioso del imperio mexica, dedicados a Moctezuma Xocoyotzin, último gobernante azteca que definió el rumbo de México tras la llegada de Hernán Cortés, en 1519, y que lo sitúo como uno de los más polémicos e interesantes.
La exposición se enriquece al presentar también por primera vez, el monolito mexica más grande hasta ahora conocido, con más de 12 toneladas de peso, de la Tlaltecuhtli, diosa de la tierra, que fue descubierta por investigadores del Programa de Arqueología Urbana del Templo Mayor del INAH, en 2006. Se incluyen también los objetos que los mexicas le ofrendaron.
Frente al monolito, el público podrá apreciar el Teocalli de la Guerra Sagrada, que es el único vestigio arqueológico grabado con el símbolo de la fundación de Tenochtitlan.
La Tlaltecuhtli data de alrededor del año 1502, y además de ser el único monolito mexica que conserva su color original, representa el más grande descubierto hasta el momento de dicha cultura prehispánica, superando al Calendario Azteca, la Coatlicue y la Coyolxauhqui.
La Tlaltecuhtli es uno de los vestigios más importantes encontrados como parte del Proyecto Templo Mayor, “nos revela –por su tamaño de 4.19 por 3.62 metros y 40 centímetros de espesor, y 12 toneladas de su peso– la evolución escultórica de los mexicas”, aseguró María Barajas, una de las restauradoras que han atendido la pieza, durante su reciente participación en el ciclo de conferencias que se llevan a cabo los sábados de febrero, con motivo de los 32 años del descubrimiento de la Coyolxauhqui.
Durante la conferencia dictada en el Museo del Templo Mayor, la especialista del INAH destacó que por su policromía este monolito deja ver la evolución plástica que habían logrado los mexicas hacia los albores del siglo XVI.
“Por el tipo de relieve más monumental y el empleo de una mayor gama de colores, particularmente el rojo, como el borgoña, nos hace referencia a la época de auge de esta cultura a finales del reinado de Ahuízotl y principios del de Moctezuma”.
Es una figura de cuerpo completo color ocre con fondo rojizo, que representa a la deidad vinculada con la tierra. La diosa es mostrada con cabello rizado color rojo oscuro, que era el símbolo de belleza de la época, pero también de la noche, del inframundo, comentó Barajas.
"Tiene unos ojos muy profundos que están en forma de media luna, la nariz es muy ancha y plana, mientras que las mejillas resaltan por el relieve de color rojo, y en el centro de éstas hay un pequeño círculo de color azul. Además, de su boca sale un chorro de sangre que proviene desde el abdomen.
"La figura tiene los brazos flexionados hacia arriba como en alusión a que es la diosa de la tierra, y que todas la criaturas regresan a ella y es la devoradora de todo".
En tanto que sus piernas están en forma de cuclillas; porta una falda corta adornada en los extremos con puntos de color blanco delineados de negro, así como huesos en forma de x. La especialista detalló que el monolito está fragmentado en cuatro partes y muestra un faltante o hueco en el centro.
Piezas destacadas
A diferencia de la muestra exhibida en Europa, ésta incluye 98 piezas procedentes de las ofrendas halladas en el predio Ajaracas, en torno de la Tlaltecuhtli, incluido el gran monolito de la diosa de la tierra y que el público podrá admirar por vez primera.
Conformada por 220 joyas históricas, de los periodos prehispánico y colonial, que resguarda el INAH, esta colección se conforma de esculturas, máscaras de madera, cuchillos de pedernal, textiles, figuras de papel amate, flautas de cerámica, ornamentos de oro y objetos que fueron únicamente utilizados por la clase gobernante.
Además de piezas monolíticas y la reproducción de tres códices, que en conjunto brindan un viaje en el tiempo para mostrar la vida, época y destino del gobernante que le tocó encarar a los conquistadores españoles, explicó el arqueólogo Eduardo Matos, curador de la muestra junto con el doctor Leonardo López Luján.
De esta manera, a través de siete módulos se hace un recorrido cronológico que va desde la fundación de Tenochtitlan en el siglo XII; el gobierno de los ocho tlatoanis que antecedieron a Moctezuma II, desde el reinado de Acamapichtli (1375-1395) hasta Ahuízotl (1486-1502); el ascenso al trono de este último jerarca y la expansión del imperio tenochca, hasta el encuentro con los conquistadores españoles y la caída de Tenochtitlan.
Entre las piezas destacadas se encuentran las esculturas: Teocalli de la Guerra Sagrada, única pieza en la que se observa la representación de Moctezuma, y en la que se aprecia el símbolo de la fundación de Tenochtitlan: el águila parada sobre el nopal.
"Abre esta exposición –destaca Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH– la pieza conocida como “Teocalli de la Guerra Sagrada”, esculpida para conmemorar el Fuego Nuevo de 1507. En ella podemos ver las imágenes de Moctezuma II (a la derecha) y del dios Huitzilopochtli (a la izquierda), flanqueando un gran disco solar en lo alto de un templo. En su cara posterior se aprecia el símbolo de la fundación de Tenochtitlan: el águila parada sobre el nopal. Se trata del único caso conocido de la imagen representativa de la ciudad en una pieza mexica, aunque posteriormente aparecería en varios documentos coloniales".
"Como ejemplos de piezas que simbolizan el poder del Tlatoani mexica –continúa– se encuentran objetos de oro, algunos con la figura del dios del fuego Xiuhtecuhtli, el cual se relacionaba estrechamente con el gobernante supremo. También hay elementos de plata y ejemplos de la cerámica empleada en las comidas del mandatario. Las piedras verdes, o chalchihuites, tenían un simbolismo especial relacionado con la nobleza, además de servir para el intercambio".
Así mismo, se incluye la Piedra dedicatoria del Templo Mayor, tallada en diorita verde por sus cinco caras; el Corazón de piedra verde, pieza asociada con la fundación de la ciudad mexica; el Disco de oro (tezcacuitlapilli), el emblemático Retrato de Moctezuma II, proveniente de la Colección Maillé, y el Códice Moctezuma, proveniente del Museo Regional Cuauhnáhuac, en Morelos.
La exhibición cuenta con una sección dedica a Tlaltecuhtli, donde sobresale la presentación por primera vez del monolito de esta deidad terrestre que fue hallada en octubre de 2006 y cuyo peso asciende a 12 toneladas. Esta escultura es la única que se ha hallado con su policromía, y la más grande de la cultura mexica (4.19 por 3.62 metros y 40 centímetros de espesor) superando al Calendario Azteca, la Coatlicue y la Coyolxauhqui.
De acuerdo con la cronología planteada por el arqueólogo Eduardo Matos, esta obra escultórica fue mandada a hacer en 1502 por el propio Moctezuma II.
La mayoría de las piezas proceden de museos del INAH, como los nacionales de Historia “Castillo de Chapultepec”, y de Antropología; y del Museo del Templo Mayor, además de colecciones particulares.
Vida de Moctezuma II
El linaje gobernante de los mexica tenochcas se estableció en la segunda mitad del siglo XIV, con la instauración de Acamapichtli como Tlatoani hacia 1375, quien fue producto de la unión entre un Señor mexica y una princesa de Culhuacan de herencia tolteca. Dos hijos de Acamapichtli fueron a su vez tlatoanis: primero Huitzilíhuitl (r. 1396-1417) y luego Itzcóatl (r. 1427-1440), quien liberaría a los mexicas del yugo tepaneca de Azcapotzalco. Entre ellos dos reinó Chimalpopoca (r. 1417-1427), hijo de Huitzilíhuitl.
Al morir Itzcóatl, se entronizó otro hijo de Huitzilíhuitl: Moctezuma Ilhuicamina o Moctezuma I (r. 1440-1469). Una hija suya procreó tres hijos que reinarían sucesivamente: Axayácatl (r. 1469-1481), Tízoc (r. 1481-1486) y Ahuítzotl (r. 1486-1502); el padre de los tres fue un hijo de Itzcóatl. Moctezuma Xocoyotzin o Moctezuma II (r. 1502-1520) fue hijo de Axayácatl y por ende nieto de Itzcóatl, al igual que su efímero sucesor, Cuitláhuac (r. 1520). Finalmente, Cuauhtémoc (r. 1520-1521) era hijo de Ahuítzotl y primo de Moctezuma II.
Ahuítzotl, el octavo Tlatoani de Tenochtitlan, murió en 1502, iniciándose así el proceso de nombrar a su sucesor. A diferencia de las monarquías europeas, en las que la corona pasa de padres a hijos, entre los mexicas se reunía el Consejo de Ancianos, integrado por representantes de las 4 grandes parcialidades de la ciudad, y escogían al que les parecía más adecuado. Casi siempre la decisión recaía sobre quien ocupara alguno de los dos cargos militares de mayor jerarquía: el tlacochcálcatl o el tlacatéccatl.
El caso de Moctezuma Xocoyotzin, sobrino de Ahuítzotl e hijo de Axayácatl, quien había regido los destinos de Tenochtitlan entre 1469 y 1481, no fue excepción, porque ocupaba alguno de los dos cargos mencionados: algunas fuentes le adjudican el primero de ellos, aunque otras el segundo. Su entronización o coronación como Tlatoani siguió el complejo ceremonial acostumbrado, cuyo momento culminante era la horadación de la nariz para implantar la nariguera de turquesa o yacaxíhuitl, así como la colocación de la diadema real o xiuhuitzolli.
Los símbolos de poder de Moctezuma II
Los principales símbolos de poder del Tlatoani eran: 1) la estera o petate (pétlatl), sobre el que se situaba el trono o icpalli. Este último, para la época de Moctezuma II, era un asiento de respaldo hecho con cañas tejidas y cubierto con pieles de jaguar; 2) el xiuhuitzolli o diadema real de oro y turquesas que lo conectaba con Xiuhtecuhtli, el dios del fuego; 3) la nariguera de turquesa (yacaxíhuitl o xiuhyacámitl) que se le implantaba en su coronación, y 4) el xiuhtlalpilli tilmahtli, una capa azul de algodón embellecida con turquesas.
Cuando Moctezuma II asumió el poder, el cargo de Tlatoani se definía, en gran manera, en términos de un liderazgo eficiente en la guerra. Sin embargo, también se enraizaba en una tradición ancestral de obligaciones relacionadas con la conducción de ritos anuales cuyo objetivo era apoyar los esfuerzos agrícolas, así como propiciar la lluvia y la renovación de la vida.
Un ejemplo claro es la peregrinación que cada año, entre abril y mayo, encabezaba hacia el Monte Tláloc, en los alrededores de la cuenca de México, con la finalidad de realizar sacrificios y ofrendas al dios de la lluvia en un adoratorio ubicado en su cima. Otro sería el de la renovación del tiempo mismo, propiciada a través de la magna ceremonia de 1507, encabezada por Moctezuma II en persona.
Aunque la historia de la guerra en Mesoamérica se remonta muchos siglos antes de los mexicas, sin duda fueron ellos quienes le dieron mayor dimensión y le sacaron mayor provecho. A través de ella conseguían una enorme gama de productos como tributo, de manera que la actividad bélica tuvo una gran importancia económica para Tenochtitlan. Cuando Moctezuma II llegó al poder, el llamado imperio mexica prácticamente había alcanzado su máxima extensión, por lo que su labor consistió sobre todo en mantenerlo y reforzarlo.
"Era una figura sagrada, intocable –escribe John H. Elliott–, que vinculaba el pasado con el presente y lo humano con lo divino. Su destino y el del cosmos estaban indisolublemente entrelazados. En cuanto encarnación de Huitzilopochtli, la deidad tutelar de los mexicas, tenía la responsabilidad de mantener el orden cósmico y social; de si fallaba en esto, sobrevendría el desastre. (...) Es la encarnación sagrada de su sociedad, pero conforme avanza la narración de la conquista, se le va desacralizado poco a poco. El emperador intocable es tocado físicamente por los españoles; es pasivo cuando se espera que sea activo, débil cuando debe ser fuerte".
En palabras de Elliott, "su pueblo le vuelve la espalda porque él les ha fallado; sin embargo, según las teorías mexicas sobre los ciclos del tiempo, un reinado que termina en desastre marca también un nuevo comienzo. El mismo Moctezuma, al interpretar los presagios como un anuncio del fin del mundo, puede ver su propio sacrificio como propiciador del arribo de la nueva era cristiana".
"De ese modo –prosigue el historiador–, los mexicas que vivieron la conquista pueden haber tratado de reconciliarla con su concepción de la naturaleza del cosmos y el papel central que tenía su monarca en la preservación de su equilibrio. Si en verdad se reportaron tales augurios y, de ser así, si Moctezuma quien como antiguo sacerdote estaba bien versado en la filosofía y la religión mexicas, se dejó perturbar por ellos, sigue siendo objeto de debate".
La caída de Moctezuma II y su imperio
La llegada de los conquistadores españoles a Tenochtitlan, el 8 de noviembre de 1519, fue precedida por una serie de noticias sobre la presencia de seres extraños y presagios funestos que provocaron la angustia de Moctezuma II. Lo anterior resulta lógico si se considera que Colón llegó a América en 1492, 27 años antes del arribo de Cortés, y que hubo dos expediciones europeas previas que tocaron costas mesoamericanas, en 1517 y 1518, respectivamente.
Por otra parte, lejos de llegar a un territorio unificado política y militarmente, los españoles encontraron entre la población indígena división, enemistad y la presencia de un enemigo común: México-Tenochtitlan. Cortés, sagaz y ambicioso, se dio cuenta de tal situación y supo sacarle todo el provecho para su causa. Ganó como aliados a los tlaxcaltecas, acérrimos enemigos de los mexicas, y gracias a ello pudo, a fin de cuentas, capturar a Tenochtitlan y a Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521.
"Cuando Moctezuma II –escribe Richard F. Townsend– recibió a Hernán Cortés y a su contingente de españoles y aliados tlaxcaltecas sobre la calzada de acceso a Tenochtitlan, en noviembre de 1519, la metrópoli insular sobre el lago resplandeciente estaba poblada por más de doscientos mil habitantes. En su centro se levantaba el recinto ceremonial con su Templo Mayor, rodeado de palacios y de las casas de los grandes señores. Cuatro amplias calzadas peatonales se extendían hacia los puntos cardinales, cruzando zonas habitacionales y chinampas agrícolas o “jardines flotantes” construidos con tierra ganada al lecho poco profundo del lago. Una alianza de ciudades-estado compuesta por Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan encabezaba un vasto imperio tributario que llegaba mucho más allá de las montañas que bordean la cuenca".
"La conquista –concluye– fue un hito mayúsculo en la historia de América debido a que el violento encuentro modificó profundamente el ancestral modelo indígena de convivencia. Se impusieron nuevas formas de economía, religión y gobierno de acuerdo con la imagen y los ideales de España".
El renacimiento de antiguo México
Se dice que nada ocurre casualmente, y que a fin de cuentas todo se encuentra inevitablemente relacionado. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, tuvieron lugar acontecimientos significativos que fueron parte de la consolidación de una ideología criolla nacionalista, antecedente directo del movimiento de Independencia.
En 1790, veinte años antes del inicio de la Guerra de Independencia, se encontraron la monumental escultura de la Coatlicue y la Piedra del Sol o “Calendario Azteca”, hallazgos que motivaron su estudio a cargo de Don Antonio de León y Gama, el cual fue publicado en 1792 y se considera el inicio de la arqueología mexicana.
A lo anterior, debe agregarse el célebre “sermón guadalupano” de fray Servando Teresa de Mier, pronunciado frente a las autoridades virreinales el 12 de diciembre de 1794 y en el cual sostuvo que la evangelización de los indígenas ya la había realizado Santo Tomás, bajo la figura de Quetzalcóatl, varios siglos antes de la Conquista, con lo cual negó cualquier mérito a los españoles en la propagación del cristianismo.
"La presencia perdurable de Anáhuac y del imperio de Moctezuma en el México moderno –escribe David A. Brading– quedó consignada magistralmente en 1964 con la inauguración del nuevo Museo Nacional de Antropología en Chapultepec. Ahí se reunieron en salas sucesivas objetos provenientes de la gama completa de las culturas indígenas, una serie que culminaba en la enorme sala principal, donde se colocó la Piedra del Sol, suspendida sobre los espectadores como símbolo de la nación y rodeada de una multitud de objetos mexicas rescatados en excavaciones recientes; en medio de ellos seguía figurando la venerable y terrible estatua de Coatlicue".
"No sin razón –añade– Octavio Paz describe el museo como un santuario nacional y como signo de la determinación del Estado mexicano de fundar su autoridad en el poder y el prestigio del imperio de Moctezuma".
Inauguración de la muestra
El Presidente Felipe Calderón Hinojosa inauguró la exposición Moctezuma II: Tiempo y destino de un gobernante, , y consideró que se trata de una muestra “histórica, a la altura del Bicentenario de nuestra Independencia y del Centenario de nuestra Revolución; a la altura de la gran herencia cultural que tenemos de los pueblos prehispánicos, fundamentalmente de los mexicas”.
Acompañado por su esposa, Margarita Zavala; el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio Irazábal; la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar Guerrero y del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, director del Proyecto del Templo Mayor y curador de la muestra, el titular del Ejecutivo expresó que está “a la altura, también, del poderío de ese gran imperio expresado en la fuerza, en las imágenes, en las construcciones, en la arquitectura, en la cerámica, en todo lo que vemos a nuestro alrededor en este museo, y que estaba encarnado en el gran tlatoani Moctezuma II, el emperador que estuvo en el culmen de la civilización y la cultura mexica”.
Explicó que entre otras cosas importantes, la exposición brinda la oportunidad de admirar el Códice Moctezuma, que es una obra documental que registra hechos de aquella época. En éste se aprecia, por ejemplo, la descripción del Templo Mayor con el nombre del Templo a Moctezuma Xocoyotzin e indica que ahí fue muerto el tlatoani por los españoles.
El Presidente Felipe Calderón felicitó a los arqueólogos que trabajaron en el descubrimiento y en la restauración del magnífico hallazgo de la diosa Tlaltecuhtli, que es la base de la exposición y un hallazgo que encabezó Eduardo Matos Moctezuma.
Al respecto, el mandatario expresó: “Y me emociona mucho amigos, porque este gran descubrimiento, que hoy forma parte de esta exposición Moctezuma II: Tiempo y destino de un gobernante, es un hallazgo que he tenido la oportunidad de acompañar en estos tres años y medio como Presidente de la República”.
Horario y acceso
Museo del Templo Mayor, junio 2010 - enero 2011
El costo de acceso a Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante, es de 51 pesos por persona, e incluye la entrada al museo y a la zona arqueológica. La compra de boletos se puede efectuar en la taquilla del museo. El horario de visita es de martes a domingo, de 9 a 17 horas.
Los domingos la entrada es libre para todo el público nacional, excepto para los extranjeros no residentes en territorio nacional, y diariamente para menores de 13 años, estudiantes y maestros con credencial vigente, adultos mayores con credencial del INAPAM, y pasantes e investigadores que cuenten con el permiso del INAH.
Quedan exentos de pago los menores de 13 años de edad, estudiantes y maestros con credencial vigente, personas con capacidades diferentes y adultos mayores. Los domingos la entrada es gratuita para todos los mexicanos.
Museo del Templo Mayor
Seminario 8, Centro Histórico, CP 06060, Cuauhtémoc, México, Distrito Federal. Teléfonos: 01 (55) 5542 4943 y 5542-4784
Copyright del texto © Instituto Nacional de Antropología e Historia. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto sobre la ceremonia inaugural © Dirección de Prensa, Dirección General de Comunicación Social, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Reservados todos los derechos.
Copyright de la imagen © British Museum. Reservados todos los derechos.
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