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Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante - Vida de Moctezuma II

Índice de Artículos
Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante
Vida de Moctezuma II
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Vida de Moctezuma II

El linaje gobernante de los mexica tenochcas se estableció en la segunda mitad del siglo XIV, con la instauración de Acamapichtli como Tlatoani hacia 1375, quien fue producto de la unión entre un Señor mexica y una princesa de Culhuacan de herencia tolteca. Dos hijos de Acamapichtli fueron a su vez tlatoanis: primero Huitzilíhuitl (r. 1396-1417) y luego Itzcóatl (r. 1427-1440), quien liberaría a los mexicas del yugo tepaneca de Azcapotzalco. Entre ellos dos reinó Chimalpopoca (r. 1417-1427), hijo de Huitzilíhuitl.

Al morir Itzcóatl, se entronizó otro hijo de Huitzilíhuitl: Moctezuma Ilhuicamina o Moctezuma I (r. 1440-1469). Una hija suya procreó tres hijos que reinarían sucesivamente: Axayácatl (r. 1469-1481), Tízoc (r. 1481-1486) y Ahuítzotl (r. 1486-1502); el padre de los tres fue un hijo de Itzcóatl. Moctezuma Xocoyotzin o Moctezuma II (r. 1502-1520) fue hijo de Axayácatl y por ende nieto de Itzcóatl, al igual que su efímero sucesor, Cuitláhuac (r. 1520). Finalmente, Cuauhtémoc (r. 1520-1521) era hijo de Ahuítzotl y primo de Moctezuma II.

Ahuítzotl, el octavo Tlatoani de Tenochtitlan, murió en 1502, iniciándose así el proceso de nombrar a su sucesor. A diferencia de las monarquías europeas, en las que la corona pasa de padres a hijos, entre los mexicas se reunía el Consejo de Ancianos, integrado por representantes de las 4 grandes parcialidades de la ciudad, y escogían al que les parecía más adecuado. Casi siempre la decisión recaía sobre quien ocupara alguno de los dos cargos militares de mayor jerarquía: el tlacochcálcatl o el tlacatéccatl.

El caso de Moctezuma Xocoyotzin, sobrino de Ahuítzotl e hijo de Axayácatl, quien había regido los destinos de Tenochtitlan entre 1469 y 1481, no fue excepción, porque ocupaba alguno de los dos cargos mencionados: algunas fuentes le adjudican el primero de ellos, aunque otras el segundo. Su entronización o coronación como Tlatoani siguió el complejo ceremonial acostumbrado, cuyo momento culminante era la horadación de la nariz para implantar la nariguera de turquesa o yacaxíhuitl, así como la colocación de la diadema real o xiuhuitzolli.

Los símbolos de poder de Moctezuma II

Los principales símbolos de poder del Tlatoani eran: 1) la estera o petate (pétlatl), sobre el que se situaba el trono o icpalli. Este último, para la época de Moctezuma II, era un asiento de respaldo hecho con cañas tejidas y cubierto con pieles de jaguar; 2) el xiuhuitzolli o diadema real de oro y turquesas que lo conectaba con Xiuhtecuhtli, el dios del fuego; 3) la nariguera de turquesa (yacaxíhuitl o xiuhyacámitl) que se le implantaba en su coronación, y 4) el xiuhtlalpilli tilmahtli, una capa azul de algodón embellecida con turquesas.

Cuando Moctezuma II asumió el poder, el cargo de Tlatoani se definía, en gran manera, en términos de un liderazgo eficiente en la guerra. Sin embargo, también se enraizaba en una tradición ancestral de obligaciones relacionadas con la conducción de ritos anuales cuyo objetivo era apoyar los esfuerzos agrícolas, así como propiciar la lluvia y la renovación de la vida.

Un ejemplo claro es la peregrinación que cada año, entre abril y mayo, encabezaba hacia el Monte Tláloc, en los alrededores de la cuenca de México, con la finalidad de realizar sacrificios y ofrendas al dios de la lluvia en un adoratorio ubicado en su cima. Otro sería el de la renovación del tiempo mismo, propiciada a través de la magna ceremonia de 1507, encabezada por Moctezuma II en persona.

Aunque la historia de la guerra en Mesoamérica se remonta muchos siglos antes de los mexicas, sin duda fueron ellos quienes le dieron mayor dimensión y le sacaron mayor provecho. A través de ella conseguían una enorme gama de productos como tributo, de manera que la actividad bélica tuvo una gran importancia económica para Tenochtitlan. Cuando Moctezuma II llegó al poder, el llamado imperio mexica prácticamente había alcanzado su máxima extensión, por lo que su labor consistió sobre todo en mantenerlo y reforzarlo.

"Era una figura sagrada, intocable –escribe John H. Elliott–, que vinculaba el pasado con el presente y lo humano con lo divino. Su destino y el del cosmos estaban indisolublemente entrelazados. En cuanto encarnación de Huitzilopochtli, la deidad tutelar de los mexicas, tenía la responsabilidad de mantener el orden cósmico y social; de si fallaba en esto, sobrevendría el desastre. (...) Es la encarnación sagrada de su sociedad, pero conforme avanza la narración de la conquista, se le va desacralizado poco a poco. El emperador intocable es tocado físicamente por los españoles; es pasivo cuando se espera que sea activo, débil cuando debe ser fuerte".

En palabras de Elliott, "su pueblo le vuelve la espalda porque él les ha fallado; sin embargo, según las teorías mexicas sobre los ciclos del tiempo, un reinado que termina en desastre marca también un nuevo comienzo. El mismo Moctezuma, al interpretar los presagios como un anuncio del fin del mundo, puede ver su propio sacrificio como propiciador del arribo de la nueva era cristiana".

"De ese modo –prosigue el historiador–, los mexicas que vivieron la conquista pueden haber tratado de reconciliarla con su concepción de la naturaleza del cosmos y el papel central que tenía su monarca en la preservación de su equilibrio. Si en verdad se reportaron tales augurios y, de ser así, si Moctezuma quien como antiguo sacerdote estaba bien versado en la filosofía y la religión mexicas, se dejó perturbar por ellos, sigue siendo objeto de debate".

La caída de Moctezuma II y su imperio

La llegada de los conquistadores españoles a Tenochtitlan, el 8 de noviembre de 1519, fue precedida por una serie de noticias sobre la presencia de seres extraños y presagios funestos que provocaron la angustia de Moctezuma II. Lo anterior resulta lógico si se considera que Colón llegó a América en 1492, 27 años antes del arribo de Cortés, y que hubo dos expediciones europeas previas que tocaron costas mesoamericanas, en 1517 y 1518, respectivamente.

Por otra parte, lejos de llegar a un territorio unificado política y militarmente, los españoles encontraron entre la población indígena división, enemistad y la presencia de un enemigo común: México-Tenochtitlan. Cortés, sagaz y ambicioso, se dio cuenta de tal situación y supo sacarle todo el provecho para su causa. Ganó como aliados a los tlaxcaltecas, acérrimos enemigos de los mexicas, y gracias a ello pudo, a fin de cuentas, capturar a Tenochtitlan y a Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521.

"Cuando Moctezuma II –escribe Richard F. Townsend– recibió a Hernán Cortés y a su contingente de españoles y aliados tlaxcaltecas sobre la calzada de acceso a Tenochtitlan, en noviembre de 1519, la metrópoli insular sobre el lago resplandeciente estaba poblada por más de doscientos mil habitantes. En su centro se levantaba el recinto ceremonial con su Templo Mayor, rodeado de palacios y de las casas de los grandes señores. Cuatro amplias calzadas peatonales se extendían hacia los puntos cardinales, cruzando zonas habitacionales y chinampas agrícolas o “jardines flotantes” construidos con tierra ganada al lecho poco profundo del lago. Una alianza de ciudades-estado compuesta por Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan encabezaba un vasto imperio tributario que llegaba mucho más allá de las montañas que bordean la cuenca".

"La conquista –concluye– fue un hito mayúsculo en la historia de América debido a que el violento encuentro modificó profundamente el ancestral modelo indígena de convivencia. Se impusieron nuevas formas de economía, religión y gobierno de acuerdo con la imagen y los ideales de España".

El renacimiento de antiguo México

Se dice que nada ocurre casualmente, y que a fin de cuentas todo se encuentra inevitablemente relacionado. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, tuvieron lugar acontecimientos significativos que fueron parte de la consolidación de una ideología criolla nacionalista, antecedente directo del movimiento de Independencia.

En 1790, veinte años antes del inicio de la Guerra de Independencia, se encontraron la monumental escultura de la Coatlicue y la Piedra del Sol o “Calendario Azteca”, hallazgos que motivaron su estudio a cargo de Don Antonio de León y Gama, el cual fue publicado en 1792 y se considera el inicio de la arqueología mexicana.

A lo anterior, debe agregarse el célebre “sermón guadalupano” de fray Servando Teresa de Mier, pronunciado frente a las autoridades virreinales el 12 de diciembre de 1794 y en el cual sostuvo que la evangelización de los indígenas ya la había realizado Santo Tomás, bajo la figura de Quetzalcóatl, varios siglos antes de la Conquista, con lo cual negó cualquier mérito a los españoles en la propagación del cristianismo.

"La presencia perdurable de Anáhuac y del imperio de Moctezuma en el México moderno –escribe David A. Brading– quedó consignada magistralmente en 1964 con la inauguración del nuevo Museo Nacional de Antropología en Chapultepec. Ahí se reunieron en salas sucesivas objetos provenientes de la gama completa de las culturas indígenas, una serie que culminaba en la enorme sala principal, donde se colocó la Piedra del Sol, suspendida sobre los espectadores como símbolo de la nación y rodeada de una multitud de objetos mexicas rescatados en excavaciones recientes; en medio de ellos seguía figurando la venerable y terrible estatua de Coatlicue".

"No sin razón –añade– Octavio Paz describe el museo como un santuario nacional y como signo de la determinación del Estado mexicano de fundar su autoridad en el poder y el prestigio del imperio de Moctezuma".



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