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Museo del Romanticismo. El nuevo Museo Romántico

Índice de Artículos
Museo del Romanticismo. El nuevo Museo Romántico
Historia del Museo Romántico
El nuevo Museo del Romanticismo
La exposición permanente: itinerarios y temas
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altTras ocho años de intervenciones, el Museo Nacional del Romanticismo –antes Museo Romántico– abre sus puertas al público, un momento largamente esperado tanto por el Museo como por la ciudad de Madrid, que viene a enriquecer el panorama cultural local y a consolidar la oferta museística nacional.

A partir de lo que fue el Museo Romántico y respetando su esencia, se ha intervenido en diversos aspectos de la institución para transformarla en este nuevo museo que se presenta con cambio de nombre: Museo Nacional del Romanticismo.

Este cambio ha ido ligado al desarrollo de una nueva imagen institucional, a la actualización de su discurso científico manifestado en la nueva exposición permanente, a la modernización de sus servicios y sus instalaciones, y a un compromiso de accesibilidad universal con respecto a sus contenidos y sus servicios al público.

El Museo Nacional del Romanticismo abre sus puertas al público ofreciéndole en su renovada exposición permanente una interpretación de carácter multidisciplinar de lo que supuso el Romanticismo en España, capaz de favorecer la ruptura de las fronteras tradicionales entre la literatura y la pintura, la ciencia y el arte, la historia y la vida cotidiana de aquellos años. Las diversas intervenciones realizadas durante estos años de cierre han servido además para llevar a cabo toda una operación de remodelación de los itinerarios internos y de racionalización y modernización de los servicios internos y públicos.

Trabajos todos ellos que han estado siempre inspirados por intenciones de carácter crítico y divulgativo, y por una cierta ambición cosmopolita de la que antes carecía el museo. En su nueva calidad de Museo Nacional, se pretende que sea un referente cultural de primer orden, emparejado con otras casas museo europeas de similares características.

El museo quiere ofrecer una interpretación lo más rica posible del periodo, de forma que el público visitante se acerque, aún más, no solamente al estilo de vida y las costumbres del momento, sino también a lo que es el Romanticismo, qué logros tuvo y cómo se desarrollaron en él las artes, la vida cotidiana, la política y las ideas.

En este sentido, el museo tiene una clara vocación didáctica y comunicativa, que permitirá un conocimiento global del periodo romántico, que en España se sitúa durante el reinado de Isabel II (1833–1868).

Esta vocación cobra una especial relevancia ya que es, desde su origen, una de las escasas instituciones museísticas en nuestro país dedicadas de forma monográfica a este periodo concreto y decisivo para nuestra historia y cultura.

Para llevar a cabo este recorrido “didáctico” y creativo por el siglo XIX ha sido necesario, como primera condición, una exigencia de meticulosidad extrema con las reconstrucciones realizadas, evitando puntos de vista subjetivos y documentando muy exhaustivamente todo lo que se muestra en el museo al visitante.

Recrear la forma de vida, las habitaciones y estancias de un período histórico concreto, es una difícil labor que ha requerido un considerable trabajo previo de investigación, de planificación y de aportación de muy variados recursos.
La colección del Museo, que ha ido incrementándose progresivamente a partir de los fondos iniciales del Marqués, se caracteriza por su riqueza y heterogeneidad, lo que contribuye a enfatizar su condición de casa museo y respalda la propuesta expositiva, basada en una recreación de ambientes.

Actualmente cuenta con 7.780 fondos, compuestos por una gran variedad de colecciones de distintas disciplinas artísticas.

En la colección de pintura del Museo pueden encontrarse obras de importantes pintores, considerados como precedentes del mundo romántico (Francisco de Goya, José Aparicio Inglada y Vicente López Portaña, entre otros).

A partir del segundo tercio del siglo XIX, algunos géneros pictóricos, en los que se reflejan los valores e ideas del Romanticismo, adquieren entidad propia. Es el caso del paisaje, desarrollado por artistas nacionales como Jenaro Pérez Villaamil, José Elbo o Francisco Lameyer, y también por viajeros extranjeros que se sintieron atraídos por el fascinante exotismo español.

En cuanto a la pintura costumbrista, existe una amplia representación de las escuelas madrileña y andaluza. Otro género es la pintura de historia, testigo de alguno de los acontecimientos de la época o de episodios del glorioso pasado español. En el campo del retrato, el museo posee obras de los artistas más relevantes del momento, como Federico de Madrazo, Carlos Luis de Ribera o Esquivel.

El Museo alberga una colección de aproximadamente 250 miniaturas, en su mayoría retratos. No se trata de un gabinete reunido con un proyecto concreto ni obedece al gusto de un solo coleccionista, por lo que el conjunto es muy heterogéneo.

El grueso de la colección ingresó en 1943 en depósito realizado por la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, creado para evitar el expolio artístico durante la Guerra Civil.

Posteriormente la colección se ha visto engrosada a través de la compra por parte del Estado de algunas piezas con destino al Museo. De entre las obras firmadas, la mayoría fueron realizadas por artistas españoles: Cecilio Corro, José Delgado y Meneses, Cástor González Velázquez, Vicente López o Villaamil, y autores extranjeros afincados en España, como Florentino de Craene o Juan Bautista Ugalde. Además, miniaturistas franceses de la talla de Jean–Baptiste Isabey y Jean Baptiste Jacques Augustin también están representados en la colección.

En el siglo XIX la práctica del dibujo sufrió una transformación esencial, ya que evolucionó desde una finalidad académica, heredada del siglo XVIII, hacia su concepción como forma artística autónoma.

El nacimiento de la idea del artista como genio, promovió el aprecio por la inmediatez de la inspiración y el boceto alcanzó validez como obra de arte final. Por otro lado, el auge de la litografía y el desarrollo de la prensa ilustrada, favoreció la difusión del lenguaje lineal en la plasmación de algunos nuevos géneros, como el costumbrismo, la sátira o las vistas de ciudades y monumentos. En el aspecto técnico se asiste al florecimiento de la acuarela y el pastel, que aportan el cromatismo ausente en los tradicionales dibujos a lápiz y a la tinta.

La colección fundacional del Museo del Romanticismo, comprende piezas de gran calidad, destacando los dibujos a lápiz de José de Madrazo, a las que se han unido interesantes piezas como las vistas de Madrid de José María Avrial y Flores, los escenas costumbristas de Leonardo Alenza, los retratos al pastel de Vicente Rodes y José Parera o las acuarelas de Esquivel.

La colección de estampa, una interesante fuente documental para el estudio del siglo XIX, es una de las más importantes del Museo, tanto por la cantidad – son casi tres mil piezas – como por la calidad y la variedad temática.

Entre las técnicas más empleadas destaca la litografía, el procedimiento más habitual en el siglo XIX, que posibilitó la publicación de una gran cantidad de libros y revistas ilustradas.

Formada por más de cuatro mil fondos, la colección de fotografía del Museo destaca tanto por la variedad de técnicas, como por su riqueza temática. En lo que respecta a las primeras, abarca la mayoría de los procedimientos fotográficos – desde los daguerrotipos y ambrotipos, hasta los procesos de producción de la era industrial y las técnicas fotomecánicas – lo que permite recorrer la historia de la fotografía desde su nacimiento en pleno movimiento romántico.

También son destacables los ingenios visuales, como las fotografías estereoscópicas y la excepcional colección de diaphanoramas.

La colección de mobiliario se compone de alrededor de seiscientas piezas, con una cronología que abarca desde el reinado de Fernando VII hasta el de Isabel II.

El mobiliario se asocia con la decoración de cada una de las estancias del museo, y refleja las tendencias de la moda del momento. El estilo Imperio francés, caracterizado por la solidez de sus formas y la profusión de motivos decorativos con diversos materiales, se impone durante el período fernandino, y pervive bajo la regencia de María Cristina, con algunas novedades.

Sin embargo, la mayor parte de los muebles conservados en el museo pertenecen al período isabelino. Se caracterizan por la búsqueda de la comodidad, además de por su tipología formal y decorativa, que se hace eco de la moda historicista, caracterizada por la riqueza de materiales, gusto por lo exótico y profusión de tapicerías.

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Las artes decorativas están igualmente bien representadas. La porcelana y la cerámica se encuentran presentes en sus múltiples formas y diversas procedencias – desde las de Sargadelos, La Cartuja, La Amistad, Sèvres o Meissen, hasta las más populares de Talavera o Puente del Arzobispo –. Cabe destacar, además, el excepcional conjunto de barros andaluces y murcianos de temática costumbrista.

También tiene entidad propia como conjunto la colección de abanicos, que abarca todos los estilos decimonónicos, desde los pequeños ejemplos de estilo Imperio, hasta los enormes “pericones” de finales de siglo. Otros complementos también son dignos de subrayar, como la joyería, que presenta una gran diversidad de materiales: oro, plata, acero, ebonita, lava o cabello natural.

Asimismo, durante el siglo XIX se pusieron de moda las labores manuales femeninas, a través de objetos realizados en los más singulares materiales, como cabello, conchas o animales y plantas disecados.

Otras colecciones importantes en el Museo son la escultura, la indumentaria –complementos y otras prendas–, los juguetes –muñecos, juegos de mesa, autómatas, elementos de recreo, etc.–, los objetos del ajuar doméstico y personal –juegos de tocador, juegos de escribanía, juegos de fumador, etc.–, los elementos de higiene, las armas, la numismática, los objetos de devoción y religiosos, etc., que contribuyen a recrear los usos y costumbres de la época.

El Catálogo de la colección del Museo del Romanticismo proporciona acceso a algunos de los fondos de su exposición permanente, en concreto a 1.270 piezas.

Constituye una muestra significativa de los más de 7.700 fondos catalogados en la actualidad. Su colección destaca por su riqueza y heterogeneidad. Este aspecto enfatiza su condición de casa museo. Además, cuenta con un Archivo Histórico que custodia una importante colección de fondos documentales, que irán incrementando esta publicación de forma sucesiva. A través de sus piezas podemos conocer aspectos de una sociedad, de una época y de un período artístico –el Romanticismo– que se sitúa cronológicamente en España entre 1833 y 1868.



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