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| Nancy Spero: Disidanzas |
| Nancy Spero y Antonin Artaud |
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La exposición El Museo Reina Sofía acoge la más completa retrospectiva que se ha realizado en Europa de la artista norteamericana Nancy Spero (Cleveland, Ohio, 1926).
La muestra, organizada junto con el Museo d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), donde ha sido expuesta recientemente, intenta subrayar todos los aspectos fundamentales de la obra de una de las pioneras del arte feminista y de la escena contestataria de Nueva York de los años 60 y 70.
A través de un conjunto muy significativo de sus obras que van desde algunos de sus primeros trabajos, realizados cuando todavía era estudiante en el Art Institute de Chicago (nunca antes habían sido expuestos), hasta su última presentación en la pasada Bienal de Venecia, “Maypole 2007”, la exposición reúne 178 obras y presenta un recorrido cronológico.
Comisariada por Manuel Borja–Villel y Rosario Peiró, esta muestra intenta presentar el trabajo de Nancy Spero como parte de un proyecto vital y unitario en el que las piezas individuales encajan en un todo a la manera de un libro; de hecho, en una entrevista reciente, la autora reconocía que la escritura es parte fundamental de su obra y que en realidad toda ella se puede leer como un libro.
El título de la exposición Nancy Spero. Disidanzas (extraído de un texto de Hélene Cixous) anuncia una propuesta de lectura en la que se relacionan dos aspectos fundamentales de la obra de la artista: su carácter crítico y contestatario con la situación político–artística que le ha tocado vivir a lo largo de su carrera y la importancia del movimiento y del cuerpo como vehículos de articulación de su discurso.
La exposición presenta la obra de Spero como un proyecto unitario en la que presente y pasado se confunden a la manera de los ritos y narraciones antiguos que le sirven de inspiración.
Además se ha adaptado para esta exposición una instalación específica sobre pared en la que la artista elimina cualquier obstáculo entre la obra y el espacio que la muestra.
La exposición esta acompañada de un catálogo abundantemente ilustrado con ensayos de Manuel Borja–Villel y Rosario Peiró, Benjamín Buchloh, Hélèle Cixous y Mignon Nixon.
Así mismo la publicación recoge una amplia selección de escritos de la artista y las obras representadas en la muestra.
Información sobre la artista
Nancy Spero es, junto a autoras como Martha Rosler o Adrian Piper, una de las pioneras del arte feminista y figura fundamental de la escena contestataria del Nueva York de los años 60 y 70.
Comenzó pintando lienzo a la manera del pintor tradicional pero pronto se dio cuenta de que este medio era eminentemente masculino y, como tal, la marginaba como artista.
A partir de ese momento sus esfuerzos se concentraron en crear un lenguaje pictórico específicamente femenino, donde la mujer estrena su capacidad de comunicar en un espacio propio.
Este espacio, que desecha el lienzo y se decanta por la fragilidad del papel, se organiza en torno a un léxico de figuras transhistóricas y transculturales, reales y mitológicas, que trabajadas una y otra vez desenmascaran estereotipos y desplazan categorías y jerarquías.
El movimiento, el ritmo y el color, constituyen una gramática aplicada directamente sobre el cuerpo de la mujer que, reforzada y llena de energía, conquista “feminizando” el espacio masculino del arte.
En 1959, Nancy Spero y su marido, Leon Golub, ambos pintores figurativos establecidos en Chicago, se trasladan con sus hijos a París donde residen de 1959 a 1964, huyendo de la preponderancia de la abstracción en el panorama artístico norteamericano.
En esta ciudad Spero entra en contacto con círculos intelectuales más literarios que artísticos y profundiza en lecturas que más tarde serán fundamentales para su trabajo, como es el caso de los textos de Artaud.
Durante esos primeros años la artista realiza una serie de trabajos agrupados bajo el título de Black Paintings (1959–1960).
Se trata de obras figurativas, de expresionismo lírico, centradas en temas como la noche, la maternidad o los amantes en las que deambulan personajes sobre fondos oscuros creados laboriosamente mediante la acumulación de capas de pintura.
La sensación de aislamiento y cerrazón que transmiten estas obras se corresponde con la situación personal y profesional de la artista.
Tal como explica Spero, su trabajo como artista en esta época era la sombra de su tarea como madre.
Pintaba de noche, cuando sus hijos dormían: “Quería transmitir la idea de una persona y de la soledad del propio destino” afirma la artista en uno de sus escritos.
Compromiso político.
Spero y Golub vuelven a Nueva York en 1964 justo en el momento en que la oposición a la guerra de Vietnam y el movimiento de los derechos civiles toma protagonismo en su país.
Es el compromiso político, lo que le ayuda a salir de su aislamiento y le otorga una voz propia, que, a partir de ese momento, se convertirá en motivo fundamental de búsqueda en su trabajo.
Spero desecha la pintura sobre tela, medio al que califica de masculino, y se decanta por el uso del papel, que con su fragilidad le otorga una nueva temporalidad, procesualidad y expresividad a su pintura, como ocurre en la serie War (1966– 1970).
En ellas Spero da rienda suelta a su cólera y repulsión frente a la guerra, a través de manifiestos en los que introduce una explícita imaginería de género y múltiples metáforas sobre la obscenidad y la violencia del poder.
Sus obras se inundan de lenguas y bombas fálicas, de helicópteros y hongos atómicos defecantes y de frases hechas del argot militar.
Se trata de un conjunto obsesivo que crea una suerte de jeroglífico o escritura visual.
Como afirma la artista: “yo quería escandalizar, quería impactarles con la idea de la obscenidad de la guerra…, mostrando la guerra como una sexualidad obscena, pornográfica, de modo que la bomba fuese antropomórfica y el cuerpo obsceno, a la vez masculino y femenino. Utilizaba el motivo tan trillado de representar el pene como arma, y con el aspecto obsceno de esa lengua que vomita sobre las víctimas, y los helicópteros, que yo entendía como los signos de la guerra de Vietnam, convirtiéndose en monstruos prehistóricos…”













































































