František Kupka (1871 -1957)
Nacido en la Bohemia oriental, se traslada a París en 1896. Allí conoce a contemporáneos famosos y se mueve en el círculo de los Delaunay. En 1912 expone su pintura abstracta Amorpha, fuga en dos colores, que es objeto de violentas críticas sólo unos meses antes del estreno de La consagración de la primavera, compuesta por Stravinsky, que supone el ascenso absoluto de Nijinsky como bailarín.
Ese mismo año, en una conferencia, Guillaume Apollinaire le caracteriza como “orfista”. Kupka lleva una vida retirada, dedicado íntegramente a la pintura.
En 1923 se publica su manifiesto estético, redactado entre 1909 y 1914 y titulado La creación en las bellas artes. En 1931 entra en la asociación internacional de artistas no figurativos Abstraction-Création.
En 1936, en calidad de pionero de la abstracción, está representado en la exposición Cubism and Abstract Art celebrada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
En Kupka encontramos un novedoso vocabulario formal que mostraba un profundo parentesco con las innovaciones decisivas de Nijinsky para la coreografía del ballet.
La música y la danza, esa expresión elemental arcaica del cuerpo humano, marcaron para él un camino que desemboca en la abstracción. Kupka traslada al lienzo el ritmo y los movimientos giratorios del cuerpo que danza, que en su aceleración se convierten en alocada confusión de superficies de color.
En sus Estudios para «Alrededor de un punto» se encuentran cuerpos individuales que giran bajo el embrujo de la música y se convierten en patrones circulares. Las faldas de vuelo circular de las bailarinas, representadas a vista de pájaro, se han transformado en elementos circulares que parecen girar como planetas en torno al Sol.
En estos cuadros el espectador pierde la escala del acontecimiento que representan. Apenas puede dilucidar si tiene ante sus ojos un sistema solar en rotación o bailarines vistos desde arriba.
František Kupka, en La creación en las bellas artes (1923), escribe lo siguiente: «Animación, movimiento en sí mismo o movimiento que hace saltar los límites: todo está permitido. Todas las cosas no son más que una danza ejecutada en cadencias alrededor de puntos, en torno a focos que son como fuentes de impresiones que nosotros percibimos una tras otra. Cuando buscamos el principio de todo eso, llegamos a la vida de una célula elemental: los movimientos con los que se estira y contrae sucesivamente se corresponden con el ritmo cósmico del cambio y la multiplicación».













































































