Vaslav Nijinsky (1889 – 1950)
Vaslav Nijinsky, nace en Kiev, hijo de bailarines de ascendencia polaca. Se traslada con su familia a San Petersburgo, donde Vaslav es admitido como alumno en la Academia Imperial de Ballet.
Pronto sube al escenario para bailar junto a bailarinas consolidadas de los Ballets Imperiales.
Es contratado por el Teatro Imperial. Nijinsky conoce a Sergéi Diaghilev, que se convierte en la figura determinante del desarrollo personal y profesional de Nijinsky, llevándole en 1909 a París. Los Ballets Rusos celebran con Nijinsky un éxito sensacional, convirtiéndose en figura de culto.
Como coreógrafo, Vaslav Nijinsky creó a partir de 1912 una serie de ballets propios, modernos y pioneros, como La siesta de un fauno, que conmocionaron al público y renovaron de manera fundamental las formas expresivas del ballet contemporáneo.
Como muestra esta exposición, en el momento en que la danza pura se liberó de los principios del romanticismo que prevalecían en el ballet de acción, se convirtió en fuente de inspiración para la pintura abstracta de principios del siglo XX.
Además de su destacado papel como bailarín, Nijinsky creó en torno a 1918-1919, una vez terminada su carrera de bailarín, una serie de penetrantes dibujos en color, a lápiz y cera, sorprendentemente cercanos al arte moderno del París de su tiempo.
Mediante círculos y elipses en color de dibujo sutil, el bailarín elabora unas láminas en las que el espacio y la vista se interrelacionan,y que condensan el ritmo y el color en una representación pintada de intensas emociones. En sus dibujos predomina el círculo.
A cuadros netamente figurativos siguen series de representaciones abstractas, lineales, superficiales y en color. Con el transcurso del tiempo, en esas obras aparecen cada vez con más frecuencia rostros y ojos. Hacia finales de 1918 Nijinsky comienza a repintar con tinta las láminas abstractas, y surgen las series Máscara y Ojo.
Flanqueados por las obras de intenso colorido de sus cuatro coetáneos, los dibujos de Nijinsky constituyen un punto fundamental de la exposición. Por el atrevimiento de su visión, su modernidad y su alto grado de abstracción, se hallan de manera fascinante muy cercanos de las pinturas, dibujos y esculturas de los otros pintores de la exposición.
Vaslav Nijinsky, en sus Diarios, escribe hacia 1918: «El círculo es el movimiento completo, perfecto. Todo se basa en él: la vida, el arte, y con toda certeza nuestro arte. Es el movimiento perfecto». «No me gustan los teatros con bastidores rectos. Construiré un teatro redondo». «Yo soy la vida. El teatro es la vida. Yo soy el teatro».













































































