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El filósofo Karl Christian Krause

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Curioso destino el del filósofo alemán Karl Christian Krause. Borrado, en su tiempo y su patria, por las poderosas sombras de los grandes pensadores románticos (incluido Hegel), logró escapar a la crueldad de tales vecindades por el predicamento que sus libros fueron obteniendo en Bélgica, España y América Latina.

Dos series de trabajos colectivos permiten recuperar, una vez más, aunque relativizándola, la herencia krausista, en su proyección americana: El krausismo y su influencia en América Latina (coordinado por Dieter Koniecki por la Fundación Ebert y Teresa Rodríguez de Lecea por Fe y Secularidad, Madrid, 1989, 287 páginas) y Orígenes de la democracia argentina. El trasfondo krausista, compilado por Hugo Biagini (Legasa, Buenos Aires, 1989, 238 páginas).

Algunos intelectuales americanos conocían el krausismo francófono (Ahrens, Tiebergen) por las revistas eclécticas que leían Alberdi y otros desterrados antirrosistas, de modo que ya en los años 1840 se fue asociando a otras ideologías filosóficas que alimentaron un moderantismo naciente.

Aquéllos eran un poco idealistas, un poco positivistas, luego ligeramente darwinianos y, algunos, un tanto socialistas. Saint-Simon, recaído y reformulado, llevaba a Krause y se llevaba bien con él.

De cualquier forma, las funciones del krausismo fueron distintas en España y en América, lo cual no impidió que los pensadores de la Institución Libre de Enseñanza fueran recibidos y estudiados en el subcontinente, sobre todo en materias de sociología y filosofía del derecho.

En España, el krausismo fue un intento de laicizar el cristianismo, sustrayéndolo a la hegemonía de una Iglesia integrista y recalcitrante. En América, sirvió como ideología receptiva de la inmigración y como aglutinante de las burguesías y clases medias de nuevo cuño, que intentaban disputar el monopolio del poder a las oligarquías y caciquismos tradicionales.

No es casual que la mayor fortuna del krausismo se diera en el Cono Sur (Argentina, Uruguay y Chile) dada la relevancia del aporte inmigratorio y los problemas de identidad y homogeneidad social que hubo planteado.

El krausismo era, en sí, bastante ecléctico como para sustituir una herencia filosófica inexistente y constituirse en filosofía de la integración social en comunidades de composición reciente y, por ello, inestable.

Heredaba de la Ilustración el saber deísta (saber es, finalmente, saber del Ser Supremo) y del romanticismo, la concepción orgánica del espíritu. Propendía a una religiosidad universal, por encima de cleros e iglesias particulares,y colocaba al Estado como receptor y protector de los inmigrantes, por medio de una política de bienestar, el fomento de la educación, atención a la oportunidad social del trabajo y la instrucción de las mujeres, estudio y defensa de la naturaleza, etcétera.

En la Argentina, concretamente, frente al difuso positivismo que dominó las primeras décadas del desarrollo (1860 en adelante), el surgimiento del movimiento radical enarboló la filosofía krausista como crítica moral a los excesos materialistas y fenicios de la oligarquía establecida.

El krausismo entiende que el mundo es una construcción armónica, compuesta por todos los órdenes del ser y el conocer, y sometido a una idea natural del bien como supremo estado de la evolución humana hacia su culminación moral. En este sentido, sirvió tanto al radicalismo argentino como al batllismo uruguayo y, en menor medida, al alessandrinismo chileno, en su cuestionamiento ético de una sociedad dominada por el espíritu de progreso material, competencia económica y lucro.

La defensa de los valores morales intangibles como superiores a los crematísticos, el elogio de las pequeñas virtudes privadas y domésticas, el énfasis puesto en la educación escolar, figuran entre la panoplia de principios enarbolada por estos movimientos de clase media, pequeña burguesía y sectores universitarios de la entonces pujante América del Sur.

El eclecticismo antes apuntado hace que, como señalan las recientes investigaciones, deba hablarse de un krausopositivismo en el cual, sobre todo en materia pedagógica, se intentan conciliar las expectativas progresistas del darwinismo social y el evolucionismo con la orientación moral y finalista de la historia.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos


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