
El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, Jürgen Habermas, traducción de R. S. Carbá. Paidós, Barcelona, 2002, 146 páginas.
Habermas pertenece al colectivo de pensadores que ha considerado extinguida la metafísica, por lo que, como enésima consecuencia, la filosofía se halla inhibida de emitir juicios vinculantes que funcionen como normas o guías de la vida.
La vida recta, el modelo imitable de conducta, el paradigma humano, todo ha quedado en un pretérito que los años han abolido al derogar la metafísica.
Entonces: ¿cómo plantearse los problemas morales? No ya en tanto problemas del deber ser sino de la libertad: ¿cómo haríamos posible lo mejor para cada uno y para todos, para el yo y el nosotros? ¿Cómo compaginar la idea de bien común, o sea el mismo bien para todos, con la pluralidad de culturas inherentes a la libertad? Debate, transparencia, comunicación son las propuestas democráticas de Habermas.
Cabría repensarlas porque, en efecto, ¿hasta qué punto no son asimismo normativas? En el caso, el filósofo alemán examina el tema de la eugenesia, es decir de la intervención genética para evitar enfermedades hereditarias, o sea el derecho que tienen o del cual carecen los padres para «corregir» los defectos o errores de la naturaleza en sus hijos.
Se argumenta en contra que los padres no tienen derecho a determinar físicamente el futuro de sus hijos e ir contra el fundamento natural de la vida.
Se contesta a tales objeciones diciendo que los padres siempre condicionan la vida física de sus hijos porque les transmiten una enorme cantidad de caracteres que se heredan, aparte de que siempre el hombre «corrige» su propia naturaleza por medio de la cultura, y de que todos los padres tienen proyectos, fantasías y deseos respecto a sus hijos, que quieren ver cumplidos en ellos.
Somos depositarios de ancestralidades y quereres remotos, con o sin eugenesia.
¿Es compatible, entonces, el retoque genético con la libertad? Habermas contesta que sí, aunque el derecho eugenésico, como todos los derechos, es relativo y tiene límites que deben ser establecidos por las leyes.
Habermas sigue fiel a sus principios ilustrados: superar el sentido común por medio del saber crítico de la ciencia, y ensanchar la autocomprensión ética de la especie humana.
Ser cada vez más libre y más responsable.
Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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