
Una profesión peligrosa, La vida cotidiana de los filósofos griegos, Luciano Canfora, traducción de Edgardo Dobry, Anagrama, Barcelona, 2002, 200 pp.
El oficio de filósofo suele asociarse, tópicamente, a la serenidad de las bibliotecas y las aulas, los jardines silenciosos y los gabinetes herméticos. Canfora ha partido en busca de lo contrario: la calle, la plaza, el palacio de gobierno con sus pasillos taimados, el campo de batalla. Y así se ha encontrado con ilustres e insistentes casos de filósofos que fueron ultimados por veneno, desde Sócrates y Lucrecio hasta Descartes, según se ha sabido con relativa cercanía.
A veces, el riesgo ha sido la proximidad del poder. Sócrates actuó abiertamente en la discusión política de Atenas; Platón intentó asesorar a los tiranos de Sicilia; Aristóteles fue preceptor de Alejandro el Magno, como Descartes lo sería de Cristina de Suecia.
El poder desconfió siempre de la inteligencia crítica y tales relaciones nunca terminaron bien. La opción del filósofo era alejarse de la Ciudad y encerrarse en una torre de marfil, rodeado de discípulos que compartieran jergas y devociones, o zamparse de lleno en la pelotera política, con el riesgo de que su discurso fuera instrumentado y sometido por las fuerzas públicas o las cabalas privadas.
Repetido asombro causa comprobar que los tesoros del pensamiento clásico han llegado hasta nosotros por azar. Mutilados, interpolados, bien o mal traducidos, salvados de los incendios que redujeron las bibliotecas a ceniza, o de la humedad de los sótanos y la carcoma de las bodegas. Toda esta lucha, a veces desgarrada y sangrienta, de la inteligencia por salvarse y crecer, nos es anoticiada por Canfora con amable anecdotismo, como conviene a nuestros leves tiempos posmodernos.
No por ello se borra el sabor de su lectura, un sabor trágico: sudor agónico, sangre recién vertida, lágrima salobre y dulzura de vino antiguo, mejorado por el tiempo.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.29 días atrás
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