
Las realidades en que vivimos, Hans Blumenberg, traducción de Pedro Madrigal, introducción de Valeriano Bozal, Paidós, Barcelona, 1999,173 pp.
Esta miscelánea de Blumenberg, mayormente compuesta por conferencias y otras intervenciones orales, muestra algunas recurrencias y obsesiones de su pensamiento.
En el caso: el desacuerdo actual entre el hombre y la naturaleza, la pérdida del sentido de la naturaleza como destino humano, el conflicto sofístico entre discurso y verdad, la necesidad fenomenológica de ir hacia las cosas mismas, la pluralidad coetánea de los mundos en que vivimos (y la crisis consiguiente de la idea de realidad), la filosofía como ciencia crítica de las trivialidades y las obviedades, la filosofía como mera descriptora de lo que hacen las ciencias particulares, la incapacidad del lenguaje para dar cuenta de las percepciones y la subsecuente necesidad de la metáfora.
Como apunta Bozal en su introducción, el pensamiento de Blumenberg se estructuró en torno a metáforas, en especial dos de ellas: el naufragio y la cueva. La correlación armoniosa entre el hombre y el cosmos quiebra y el hombre naufraga. Para no perecer a la intemperie, se refugia en la cueva, reino de lo limitado y lo racional ante la conjetura del «afuera».
No siempre Blumenberg desovilla con suficiencia las tramas que aborda. Por ejemplo: que el lenguaje deba dar cuenta de las percepciones supone, además, que percibimos en función de las palabras, lo que instaura una dialéctica entre el ser y el nombrar (el primero es innombrable). O el ir a las cosas mismas impone
una teoría de la cosa, sin la cual no hay cosa que valga ni cosa que se encuentre y que no sea la Cosa Perdida. Que la filosofía no resuelve ninguno de los problemas que plantea no es una insuficiencia sino una tarea.
La filosofía existe para problematizar y no para resolver.
En otros campos, tampoco cabría pensar que la quiebra de la mimesis en el arte es un síntoma del conflicto entre el hombre y el cosmos.
El arte no mimético es una construcción cósmica lo mismo que el arte representativo. Ambos son microcosmos y se proyectan sobre el posible Cosmos que nos preocupa. Y así sucesivamente.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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