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Historia del cine de terror - Terror en tiempos de cambio

Índice de Artículos
Historia del cine de terror
El expresionismo
La edad dorada del cine de terror
Los años cincuenta
Terror a la europea
Psicópatas, caníbales y entidades sobrenaturales
Terror en tiempos de cambio
Todas las páginas

Terror en tiempos de cambio

El personaje del vampiro, abandonado en el cine norteamericano durante años, con excepciones como Blood for Dracula (1974), de Paul Morrissey; y El ansia (1983), de Tony Scott, recuperó su protagonismo a mediados de los ochenta. El motivo es evidente desde un punto de vista sociológico.

La epidemia del SIDA había renovado el temor a una infección letal a través del contacto con la sangre. Ninguna otra figura de ficción personifica mejor esa condena a muerte que el vampiro. A ese componente social ha de sumarse la corriente neorromántica que afecta a determinados sectores.

Otra vez el público adulto solicita melodramas, lo más estilizados posibles, mientras los adolescentes se sienten fascinados por una estética decadente, inequívocamente gótica. En suma, un caldo de cultivo ideal para el retorno de los señores de la noche que tanto éxito tuvieron en losaños treinta.

En Jóvenes ocultos (1987), de Joel Schumacher, se explora la vida en grupo de unos vampiros bohemios, modernizados en su atuendo pero clásicos en sus comportamiento. Drácula de Bram Stoker (1992), de Francis Ford Coppola, ofrece un planteamiento más clásico, resaltando la historia de amor entre el aristócrata transilvano y la bella Mina Harker.

Por su parte, Entrevista con el vampiro (1994), de Neil Jordan, convierte a los vampiros en atractivos galanes que, pese a la fatalidad que pesa sobre sus vidas, conservan de buen grado el encanto que los hace deseables.

Otros mitos del cine clásico, los licántropos, fueron asimismo recuperados para el cine. Los efectos especiales hicieron mucho más explícita su transformación, como dejaba de manifiesto Aullidos (1980), de Joe Dante.

El cuento de “Caperucita Roja”, reinterpretado en En compañía de lobos (1984), de Neil Jordan, era así objeto de una nueva lectura, de forma que el hombre lobo simbolizaba las esencias masculinas menos civilizadas. Es un estereotipo instintivo y pasional que, en tiempo de progresos feministas, todavía encuentra su acomodo en el imaginario colectivo. El largometraje Lobo (1994), de Mike Nichols, refuerza esa masculinidad agresiva e identifica un cliché que conserva su actualidad.

Menos afortunado en lo artístico –y también en lo comercial–, el largometraje Frankenstein de Mary Shelley (1994), de Kenneth Branagh, probó a resucitar al viejo monstruo revivido por la fuerza de la electricidad.

Pese a la menor resonancia de esta película, el modelo está plenamente vigente, sólo que transformado en los distintos seres cibernéticos que, como Terminator, aparecen en laciencia-ficción de los ochenta y noventa. La vida artificial, a diferencia de lo que ocurría en los años treinta, no es ya una aberración. Antes al contrario, la ciencia parece observarla en el campo de la posibilidad.

La estética gótica presente en el cine de vampiros realizado durante los noventa ha dado lugar a otras derivaciones dentro del género. Un ejemplo muy interesante al respecto es El cuervo (1993), de Alex Proyas. El personaje central de esta producción es un joven guitarrista que, tras asistir a la violación y muerte de su novia, es asesinado por los mismos asaltantes.

Por efecto de su deseo de venganza y el amor por su prometida, vuelve a la vida para cumplir su objetivo. Sus atavíos son siniestros, pero no muy diferentes de los que lucen numerosos jóvenes de Europa y Estados Unidos. En el fondo, lo único que diferencia a este largometraje de los melodramas sobrenaturales de los años treinta y cuarenta es la violencia. En cierto sentido, ése es el componente que ha marcado decisivamente la evolución del género.

En los comienzos del nuevo milenio, una tendencia comercial se agudiza. La masiva presencia de espectadores jóvenes en las salas propicia el lanzamiento de franquicias basadas en la fórmula slasher. De ese modo, se inician sagas muy extensas a partir de títulos como Saw (2004), de James Wan.

Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2007 para el diario ABC y para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

Imagen superior: Historia de dos hermanas (Janghwa, Hongryeon, 2003) © Masulpiri Films. Reservados todos los derechos.



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