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El cine chino no es fácil de estudiar. Para empezar, se trata de una cinematografía muy amplia. Tan poderosa que ni siquiera nombres tan conocidos como John Woo, Jackie Chan o Zhang Yimou pueden resumirla de forma satisfactoria.
Con todo, esa faceta inabarcable convive con un propósito más llevadero: el de atraer el interés del gran público.
Podría citar varios motivos para el análisis del cine de China, pero me limitaré a dos: la creciente importancia de la industria audiovisual china y el interés que ésta despierta en una legión de aficionados.
El cine chino tiene un origen curioso. La primera proyección se efectúa en Shangai, el 11 de agosto de 1896, en el Hsu Garden. Un jardín, un lugar destinado al ocio, y una casa de té.
Las casas de té fueron un lugar muy habitual para ese tipo de espectáculos. De todas formas, algunas de las imágenes de ese periodo son muy poco reposadas. Tal es el caso de las filmaciones de la revuelta de los bóxers. Al verlas no se puede evitar cierta fascinación, como si asistiéramos al descubrimiento de un mundo nuevo.
En realidad, todos los europeos cultos de aquella época sentían eso mismo. Hubo operadores circulando por todo el continente, decididos a captar imágenes típicas.
En 1908, un estudio fotográfico rodó un film de tres bobinas protagonizado por un conocido actor de la Ópera de Pekín, Tan Xinpei. Se inspiraba en una pieza de lo que llamamos ópera china: Dingjunshan.
Jingfeng debió de ser un tipo fascinante. En el año 2000 se rodó una película que recreaba la llegada del cine a China, y narraba los primeros pasos de Ren Jingfeng como pionero. Me refiero a Shadow Magic (2000), una curiosa coproducción con los Estados Unidos. En un tono muy parecido al que consiguió Giuseppe Tornatore con su Cinema Paradiso (1989), narraba la fascinación de un joven fotógrafo por el novedoso invento llegado desde occidente.
Los deseos de introducir el cinematógrafo en su país conducen a Jingfeng a entablar amistad con un personaje venido desde Inglaterra motivado por sus mismos intereses. Sin embargo, la comunidad china, anclada en la tradición y la especial animadversión contra el extranjero, envolvieron a nuestros protagonistas en un mar de dificultades, antes de rodar esa primera película en la historia del cine chino: La montaña de Dingjun (Dingjunshan, 1906).
Shadow Magic se basó en la vida de este emprendedor. Un muchacho que trabajó en la tienda del famoso fotógrafo Feng Tai. A decir verdad, la historia que nos cuenta no debe de estar muy alejada de la realidad. Cuando Ren Jingfeng se propuso rodar una película no quiso asumir riesgos, y buscó el género que conectase más rápidamente con la sensibilidad popular.

Si en España el género más apto al consumo del público fueron las adaptaciones de zarzuelas, ¿cómo no podía funcionar en China una adaptación de su ópera, que siempre, y durante siglos, había gozado de gran popularidad entre todos sus estratos sociales?
Además, me imagino que había una razón artística y funcional. La ópera china era y es el centro de formación interpretativa por antonomasia. Los aspirantes ingresaban en sus escuelas desde niños, donde ejercitaban su cuerpo con gimnasia acrobática, artes marciales y danza, y se formaban además en el recitado del repertorio clásico.
Los chinos llamaron al cine sombras eléctricas, un término que hoy en día siguen utilizando. Jingfeng, ante la conmoción que causaron las primeras proyecciones llegadas desde occidente, se hizo con una cámara que compró a un tendero alemán y realizó aquella primera película, de media hora de duración: La montaña de Dingjun.
Esta cinta adaptaba la famosa ópera La batalla de Dingjun en tres de sus fragmentos. El protagonista, Tan Xinpei, se había ganado el respeto de su público por las modulaciones de su voz, consiguiendo un combinación perfecta entre fuerza y elegancia.
Aunque Ren Jingfeng tuvo un gran éxito, el cinematógrafo no disfrutó del apoyo imperial en sus primeros pasos. ¿Por qué? Bien, cuando el invento fue llevado ante la emperatriz viuda Cixi, el proyector explotó, y ésta creyó que era un símbolo de mal augurio que provenía del mundo bárbaro.
A eso se le llama un buen comienzo, ¿no creen? Pero lo más importante de esta primera película fue la combinación que intentó, y consiguió Jingfeng, entre la tecnología occidental y las tradiciones culturales del pueblo chino.
Entre 1906 y 1909 filmó unos siete largometrajes recurriendo a la Ópera de Pekín y a sus cantantes más famosos, estableciendo una estructura de división del trabajo, atendiendo a la dirección de actores, a la fotografía... A partir de este momento, la costumbre del cinematógrafo en el pueblo chino fue creciendo, y comenzó con fuerza la industria cinematográfica local.
Por lo que sabemos, en 1909 se fundó la primera compañía cinematográfica en Shangai, y allá se rodaron películas como Nangfeu nanqi (1913). En todo caso, eran cintas realizadas a imitación del cine occidental.
El cine chino en estos años imitaba a Occidente tanto en su modo de representación primitivo (en esto sigo a Noel Bürch) como en sus interpretaciones.
Pero, permítanme que haga un inciso sobre la película en cuestión. Nangfeu nangi, traducida normalmente como Una pareja difícil… aunque alguna vez también me he encontrado el título Matrimonio desafortunado.













































































