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La tercera generación
Bajo esas circunstancias, el testigo de directores como Sun Yu o Zhang Junxiang lo tomaron los cineastas de la tercera generación, plenamente identificados con la República Popular.
Su cometido, bajo las órdenes del Partido, fue el de mostrar los principios revolucionarios mediante personajes prototípicos, conviviendo con el dirigismo político y la férrea censura.
Recomiendo un análisis sobre la obra de Zhang Yimou, donde Rafael Alcaine y Chen Mei-Hsing elaboran un capítulo introductor sobre la historia del cine chino. En el apartado dedicado a la tercera generación, realizan un análisis de sus películas. Lo plantean a través de la figuras didáctico-propagandísticas del obrero, del agricultor y del soldado. Los tres pilares de la Revolución Socialista China.
Todo se basaba en el triunfo del comunismo frente al imperialismo de los Estados Unidos, que en aquellos días tutelaban al régimen de Kuomintang.
En 1959 se rodó la primera película en Cinemascope, Laobing xinzhuan (1959), de Shen Fu. Este film sirvió para comunicar a los profesionales la idea de que la tecnología nacional podía equipararse a la de Occidente, mayoritaria durante muchos años en la industria china.
Mao deseaba que el cine chino ya no dependiera de los materiales y aparatos occidentales, de modo que propició una suerte de autarquía cinematográfica.
A pesar del interés de cintas como Hermanas (Wutai jiemei, 1964), de Xie Jin, la Revolución Cultural, puesta en marcha desde 1966, neutralizó cualquier audacia creativa mediante una censura feroz.
Hermanas refleja la fusión perfecta entre la segunda generación de cineastas chinos y el espíritu de la Revolución Cultural.
Xie Jin, su director, comenzó su carrera en un momento en el que la República Popular China buscaba su propia identidad. Por eso apostó por un realismo socialista que reforzaba la política y sociedad china posterior a 1949, año en que Mao proclamó dicha República.
Hermanas viene a ser una mezcolanza temática y estética que abordaba, en dosis similares, el realismo socialista, la visión crítica de la China de preguerra y las tradiciones populares de la Ópera. No obstante, supo heredar ese aroma didáctico con el que cosechó tantos éxitos Tsai Chu-Seng, el director de La canción de los pescadores.
Ahí queda retratado el tema de la épica familiar, con toda la carga de dolor y sufrimiento, a través de dos hermanas que viven la revolución en una compañía de ópera de Shaoxing.
¿Y cómo se articula la obra de Xie Jin en el plano ideológico? En su primera etapa, se especializó en protagonistas femeninas de carácter fuerte, con gran dosis de sensibilidad, que encajaban perfectamente con el ideal revolucionario.
No obstante, y a pesar de responder a un momento político-cultural muy concreto, la película tuvo enérgicas críticas por parte de la Banda de los Cuatro. Sobre todo, por las lecturas ambiguas que podían tener algunas actitudes de las hermanas protagonistas.
Xie Jin contraatacó diciendo que él se había preocupado por reflejar la vida de personas normales en el proceso revolucionario.
La Banda de los Cuatro fue el nombre que recibieron altos dirigentes del Partido, entre ellos la mujer de Mao. Representantes de la facción más radical. Auténticos cerebros intelectuales de la Revolución Cultural, con el beneplácito de su máximo dirigente.
A pesar de todo, Xie Jin siguió realizando películas, entre ellas la conocida La guerra del opio (1997), donde narraba el conflicto armado entre chinos e ingleses en 1940, y que convirtió a Hong Kong en colonia británica. Su producción acarreó uno de los mayores presupuestos de la historia del cine chino. Además, en una encuesta relativamente reciente, distintos grupos de espectadores consideraban a Xie Jin como uno de los directores chinos más apreciados en este vasto país.
Los años de la Revolución Cultural
Durante ese periodo, se sucedieron terribles purgas contra los cineastas acusados de aburguesamiento.
Los responsables del Partido fueron especialmente intransigentes con las películas Wu xun zhuan (1950), de Sun Yu, y Beiguo jingan (1963), de Shen Fu.
Quien protagonizó esta caza de brujas fue Jiang Qing, la esposa de Mao, una antigua actriz que, con el furor del converso, impuso en el cine chino unas fórmulas de funcionamiento casi inquisitoriales.
Fue un personaje temible. De ello no hay duda.
Ese régimen, prácticamente irrespirable, originó una nueva oleada de exiliados hacia Hong-Kong y Estados Unidos.
Mientras esto sucedía, el cine chino acabó convertido en una mera maquinaria de propaganda, destinada a la realización de documentales a favor del régimen.
Se dio el caso de que en los títulos de crédito desaparecía el director, por considerarse un signo burgués la indicación de un autor o responsable principal en un trabajo conjunto como es el cine.
Esta situación cambió cuando la Revolución Cultural tocó a su fin en el momento en que su principal propulsor enfermó sin remedio.
Todo cambia cuando Mao fallece en 1976.













































































