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Historia del cine de animación

Índice de Artículos
Historia del cine de animación
Walt Disney y los hermanos Fleischer
El mercado televisivo de la animación
Nuevas vías en el campo de la animación
La industria española del dibujo animado
La animación japonesa y su influencia temática
Todas las páginas

Coraline¿Qué es un dibujo animado? En los tiempos en que la animación era tradicional, podíamos decir que se trataba de una sucesión de ilustraciones rodadas fotograma a fotograma. Hoy podemos ampliar la definición, y hablar de un elemento estático, sea éste un dibujo, un muñeco o una imagen computerizada, es combinado con otros en sucesión coherente, de forma que, por un fenómeno de persistencia de la visión, el ojo humano capta el proceso como un movimiento real. ¿Un tecnicismo? No lo crean.

Los dibujos animados guardan una estrecha relación con la caricatura y el cómic. Estas tres creaciones comparten el dibujo como forma artística esencial, así como numerosas convenciones y estereotipos a la hora de estilizar los personajes, plantear sus movimientos y, en suma, establecer los cauces de la narración donde se integran.

No es extraño, por tanto, que numerosas producciones de animación tengan su origen en la historieta, y viceversa. De hecho, importantes animadores, caso de Ub Iwerks, el creador de Mickey Mouse, han sido asimismo notorios autores de cómics.

Por esa condición secuencial que los caracteriza, el cómic y el cine quedan vinculados tanto en lenguajes como en estrategias narrativas. No obstante, el procedimiento fílmico que más se aproxima al tebeo (y por tanto a su fórmula más próxima, la fotonovela) es el cine de dibujos animados, cuyas convenciones y trayectoria serán el tema que ha de ocupar las próximas líneas.

Cada fotograma ha de corresponder a un plano de animación distinto, y ese proceso ha de ser fiel a unos tiempos determinados, para dar consistencia y credibilidad a la ilusión de movimiento cuando, por ejemplo, la serie de planos es proyectada a veinticuatro imágenes por segundo. En el caso de la animación de figuras flexibles, el equipo ha de mover las figuras fotograma a fotograma, en un proceso muy laborioso y lleno de inconvenientes que recibe el nombre técnico de stop motion.

Maestros en esta técnica fueron Willis O'Brien y Ray Harryhausen, cuyas criaturas han pasado a la historia del cine. Más reciente y aún en sus primeros pasos, la animación por computadora o digital tiene un resultado final a medio camino entre el dibujo animado y el muñeco flexible, pues no deja de ser la ilusoria puesta en movimiento de ilustraciones a las que se dota de tridimensionalidad. Como el lector podrá advertir, todo un capítulo de la presente monografía se dedica a ese tipo de procedimientos.

En cierto sentido, cabría plantear que la animación es un estado previo al nacimiento del cine. De hecho, artilugios precursores del cinematógrafo como el phenakistiscope, el zoótropo o el cooretoscopio eran, en sentido estricto, maquinas de animación, que creaban el efecto óptico de movimiento al combinar de forma sucesiva una serie de estampas. Pero iba a ser la voluntad del francés Georges Méliès de romper con los moldes convencionales del primer espectáculo cinematográfico la que dio lugar a este tipo de efectos.

Mago famoso a fines del XIX, Méliès comienza el nuevo siglo trasladando a la pantalla alguno de los trucos que le han hecho popular en los escenarios. Algunas de sus películas de este periodo ofrecen trucajes conseguidos al rodar ciertas escenas fotograma a fotograma. Descubre así el mencionado stop-motion, el truco más antiguo del cine y uno de los mejor aprovechados. Seguirán la estela de Méliès magos de la imagen como el español Segundo de Chomón. Como se verá, la suya es una herencia de incalculable importancia.

Número 9

Los primeros técnicos en animación

La ilusión de animar lo inanimado apasiona a los primeros cineastas. James Stuart Blackton rueda en 1900 The enchanted drawing, una de las primeras producciones de animación, muy imitada por sus contemporáneos.

La definitiva popularización de la energía eléctrica originó una moda de películas en las que la electricidad era la protagonista, y en las que se empleaban estos recursos de animación. Así, en Gran Bretaña Cecil Hopworth dirige The Electricity Cure, primera de una serie cuyos títulos son suficientemente expresivos: The Electrical Goose (1905), The Electric Hotel (1906), The Electric Belt (1907), Liquid Electricity (1907), The Electric Servant (1909) y The Electric Vitaliser (1910).

Tras comprobar cómo Méliès rechazaba su idea del pintado mediante tramas, Chomón ofreció sus habilidades a Pathé. A partir del descubrimiento del llamado “paso de manivela” (stop-motion), desarrolla un aparato tomavistas, la “cámara 16”, que rueda imagen por imagen, y con ella acomete varios de sus más arriesgados proyectos. Destaca entre ellos su más conocida obra: El hotel eléctrico, producida en 1908 por la Pathé, hecho que confirma la posibilidad de que Chomón se inspirase en El hotel embrujado (1906) del británico Stuart Blackton.

De cualquier modo, el repertorio del cineasta español está lleno de recursos animados. Basada en la fábula de La Fontaine, La poule aux oeufs d'or (1905) es una mascarada en la que los trucajes de Chomón cumplieron a la perfección los deseos del director Albert Capellani. Entre los trucajes más felices de la cinta figuran un cuadro de gallinas que se tornan bailarinas gracias al paso de manivela, un huevo transfigurado en murciélago y otro que alberga la cabeza de un demonio.

Mientras La maison hantee (1906) narra una pesadilla feérica mediante transparencias y sombras chinescas, Le Theatre du Bob (1906) está protagonizada por muñecos articulados que tiran a esgrima, boxean, luchan y hacen gimnasia por obra y gracia de la animación fotograma a fotograma. Y no acaba aquí la fértil imaginación del español, responsable de los trucajes de joyas de barraca tan agradables e inesperadas como La flute magique (1906), Le Fee aux Pigeons (1906) y La Vie et la Passion de Jesuschrist (1906-1907), dirigida por Lucien Nonguet.

Por esas fechas, el dibujante norteamericano Winsor McCay se emplea como caricaturista y autor de cómics en el periódico “New York Herald”. McCay, muy atraído por el espectáculo cinematográfico, empieza a experimentar con los dibujos animados, un género del cual será pionero indiscutible.

Durante casi cuatro años realiza todos los dibujos que integrarán el film Little Nemo (1911), inspirado en su historieta Little Nemo in Slumberland. Siguiendo el mismo procedimiento rueda Gertie the dinosaur (1914), Jersey Skeeters (1916), El hundimiento del Lusitania (1918) y The dream of a rarebit friend (1921), títulos esenciales en la historia de estas técnicas.

El primero en darse cuenta de las posibilidades industriales del dibujo animado es el norteamericano John Bray, fundador y propietario de los estudios que llevan su nombre. Los Estudios Bray producen y estrenan varias películas, entre las que destaca Colonel Heeza liar's african hunt (1914).

John Bray desarrolla la técnica de hojas transparentes de celuloide superpuestas, que revoluciona la mecánica del dibujo animado y supone un evidente ahorro de papel. Con ligeras variantes, como las introducidas por Earl Hurd poco después, este sistema se universalizará como el más adecuado para este sector de la producción cinematográfica.

William Randolph Hearst opina que puede promover un buen negocio si emplea los personajes que con tanto éxito aparecen en las historietas de sus diarios para hacer con ellos películas de animación.

Es así como Krazy Kat, un divertido felino creado en 1910 por George Herriman para una de las principales cabeceras de Hearst, el “New York Journal”, pasa a formar parte del mundo del cine. Influido por la decisión de Hearst, un ejecutivo de la compañía Paramount Pictures, John King, contrata a dos dibujantes de cómics, Pat Sullivan y Otto Messmer para que realicen una película protagonizada por un personaje inventado por Sullivan, el gato Félix. Su primera película es Feline Follies (1918).



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