La industria española del dibujo animado
Indudablemente, debido a la precariedad industrial del cine español, sus animadores han tenido que luchar contra innumerables inconvenientes, a pesar de haber acreditado sus posibilidades en el mercado internacional.
Un ejemplo clásico de esta capacidad de lucha es el filme Garbancito de La Mancha (1945), rodado en una época de estrecheces económicas. Posteriores dibujantes han debido enfrentarse a la dificultad de hacer dibujos animados en España. Cruz Delgado muestra su habilidad en largometrajes como Mágica aventura (1972) y teleseries de la calidad de Don Quijote de La Mancha (1979-1981).
Otro conocido animador español, José Luis Moro, rueda espacios televisivos de éxito y culmina su labor en el campo del largometraje. No obstante, las dificultades priman sobre los éxitos, como explica el propio Cruz Delgado en esta entrevista que le hice en 2002:
“Lamentablemente, en España se considera que el cine infantil es algo pasado de moda, a diferencia de lo que sucede en Francia o Alemania, donde las ayudas institucionales al dibujo animado son extraordinarias. Ante semejante panorama, la mayoría de los estudios españoles trabajan por encargo de empresas extranjeras. Mucha gente desconoce que aquí se han rodado varias películas de Asterix y teleseries como Los Picapiedra (1960-1972). Con ese tipo de trabajo han surgido nuevos profesionales, pero hubiese sido aún mejor que también se realizase producción nacional, como yo defiendo.
A la hora de la verdad, la filmografía española de dibujos animados es bastante reducida y apenas podemos destacar largometrajes como Garbancito de La Mancha (1945), de Arturo Moreno, y El Mago de los Sueños (1966), de Francisco Macián. Protagonizaba este último título la Familia Telerín, ideada por José Luis Moro, quien también dirigió, junto a su hermano Santiago, dos películas por encargo de la compañía mexicana Televicine, Katy (1983) y Katy, Kiki y Koko (1988).
Además de todas mis producciones, podemos añadir a la lista dos filmes rodados en Cataluña –Peraustrinia 2004 (1989), de Ángel García, y Despertaferro, el grito del fuego (1990), de Jordi Amorós– y otros dos rodados en el País Vasco –La leyenda del viento del norte (1992), de Carlos Varela y Maite Ruiz de Austri, y El regreso del viento del norte (1993), de Maite Ruiz de Austri–, producidos gracias a las ayudas económicas vigentes en ambas comunidades autónomas. Pero el conjunto final apenas llega a sumar quince largometrajes”.
Varios de los filmes citados demuestran las posibilidades de un sector sometido a una casi constante crisis, debilitado por la emigración de talentos y apenas sostenido por los encargos internacionales, la ayuda pública o el trabajo publicitario.
Por suerte, una nueva generación de animadores impone un nuevo ritmo en el sector. A esta hornada pertenecen títulos como Pérez, el ratoncito de tus sueños (2006), una coproducción hispanoargentina de Juan Pablo Buscarini; Nocturna (2007), de Adrià García; y El Cid, la leyenda (2003) y Donkey Xote (2007), ambas de José Pozo.
Aún más esperanzador es el futuro para los creadores que emplean el ordenador. De hecho, las animaciones informáticas cuentan en España con una demanda creciente, y se perfilan como el futuro de la profesión en el siglo XXI.













































































