Nuevas vías en el campo de la animación
La vanguardia del primer tercio del siglo XX pronto se apropia de la animación. El alemán Hans Richter anima títulos inclasificables como Rhythmus 21 (1921). Compatriota suya, Lotte Reiniger se inspira en el teatro de sombras chinescas para crear un peculiar sistema de animación de personajes opacos sobre fondos blancos en filmes como Las aventuras del príncipe Ahmed (1926).
El neozelandés Len Lye pinta directamente sobre el celuloide en The color box (1935), una técnica que sorprende a creadores como el canadiense Norman McLaren, otro influyente autor de cortometrajes experimentales. Por su parte, el ruso Alexander Ptushko emplea personas y marionetas flexibles para rodar El nuevo Gulliver (1936).
Evidentemente, no todas las animaciones de la primera edad del cine fueron tradicionales; antes bien, algunos autores emplearon el efecto con un fin abstracto.
Así, hacia 1914 el pintor franco-ruso Leopold Survage ideó un procedimiento que permitía una especie de pintura dinámica, semejante al dibujo animado, inaugurando una larga tradición de cine experimental cuyos hallazgos visuales habrían de ser en más de un caso aprovechados por los técnicos en efectos especiales de fotografía.
Películas como Symphonie diagonale (1921-24), de Vicking Eggeling, o Emak Bakin (1926), de Man Ray, abrieron un camino que, con el tiempo, seguirían cineastas como Jordan Belson o John Whitney.
Una técnica que comienza siendo un puro experimento formal es la combinación de personajes animados y actores reales. Disney e Iwerks lo consiguen con la serie de cortometrajes que inicia Alice in Wonderland (1923). Cabe citar en este sentido el artilugio básico para lograr ese efecto: una temprana variante del impresor óptico que se popularizó definitivamente a comienzos de los años treinta.
En los estudios Disney se perfecciona este procedimiento, logrando un efecto de profundidad de los fondos mediante la multiplicidad de este tipo de planos. Uno de los primeros ejemplos de combinación de imagen real con dibujo animado lo tenemos en la película Hollywood party (1934) con un protagonismo evidente de Jimmy Durante y Mickey Mouse.
El director de animación Marc Davis, Milt Kahl y los otros animadores contratados por Disney perfeccionan esta combinación en Canción del Sur (1946), ayudados en este caso por Gregg Toland, el operador de Ciudadano Kane, y por el animador y técnico de efectos especiales Ub Iwerks, quien realiza asimismo los trucajes de Los tres caballeros (1944) y de otros clásicos de Disney, íntegramente animados como Cenicienta (1949) o 101 Dálmatas (1960).
Mientras tanto, en un campo menos especulativo, el ruso Ladislav Starevich, el yugoslavo Dusan Vukotiç, el checo Jiri Trnka y los norteamericanos Willis O'Brien, Ray Harryhausen y Henry Selick, irán alternando su oferta de animación de muñecos flexibles, cada vez más perfeccionada y, por tanto, de mayor efectividad estética y dinámica.













































































