Golden Harvest lanza a Bruce Lee
Pese a lo escaso de su territorio, Hong-Kong contó durante los años sesenta con diez compañías importantes que financiaban alrededor de doscientos títulos anuales. En 1961, los hermanos Shaw encargaron la construcción de una ciudad del cine en Clear Water Bay, donde pusieron en marcha diez estudios de rodaje. Sin embargo, el imperio de los Shaw entró en decadencia en 1970 cuando su principal ejecutivo, Raymond Chow, fundó una compañía a la que antes hicimos referencia, Golden Harvest, cuyo apogeo coincidió en el tiempo con el declive progresivo e imparable de los Shaw. Todo lo bueno se acaba, ¿verdad?
La Golden Harvest tomó el relevo de la Shaw Brothers, seguramente, por agotamiento de las fórmulas manufacturadas de esta última. Raymond Chow, a la cabeza de la nueva compañía, supo focalizar el trabajo en lo que, precisamente, la Shaw Brothers había desterrado.
Es decir, supo envolver su concepción del trabajo bajo las fórmulas de la independencia y de la libertad creativa. Por todo ello, la Golden dominó la taquilla a partir de los años setenta y abrió sus puertas al mercado occidental, realizando una coproducción pionera con los Estados Unidos, Operación Dragón, en el año 1973.
Con Bruce Lee de protagonista. Ahí es nada. Si por algo será recordado Raymond Chow, además de por su longeva y triunfal trayectoria, es por lanzar la carrera de Lee al estrellato.
De Bruce Lee se ha dicho tanto y desde tantas posturas, que permíteme que haga un resumen rememorando sus palabras: “La clave para la inmortalidad es vivir una vida que se merezca recordar”.
Su carisma traspasó la pantalla y sus películas siempre marcarán la cinematografía universal de los años setenta.
En 1971 llegó a las pantallas de todo el mundo la película Kárate a muerte en Bangkok, de Lo Wei, un film que obtuvo de inmediato una considerable acogida. El motivo de esta buena aceptación fue el protagonista, que era el joven Bruce Lee. Ya en esa película demuestra su extraordinario carisma.
Tras varios años en Estados Unidos, país donde ejerció como profesor de artes marciales de varias estrellas de cine, colaborando asimismo en diversas teleseries, Lee firmó un contrato con la productora Golden Harvest.
Ahí es donde entra en liza el bueno de Raymond Chow. Ese contrato le permitió llegar a lo más alto del cine de Hong Kong. Furia oriental (1971), El furor del dragón (1973) y, sobre todo, la ya citada Operación Dragón (1973) consolidaron el fenómeno de Lee.
Yo lo valoro, principalmente, como un fenómeno sociológico. Su éxito en Europa y Estados Unidos motivó la aparición de cientos, miles de gimnasios dedicados a las artes marciales. Además, gracias a él, el cine de artes marciales se convirtió en un género universal.
La muerte de Bruce Lee, ocurrida el 20 de julio de 1973 a causa de un edema cerebral, mitificó definitivamente al personaje. Es algo que ya pertenece a la cultura popular.
Por otro lado, Bruce Lee dejó paso a una multitud de seguidores e imitadores que trataron de ocupar su puesto. Entre ellos, los hubo que usaron nombres muy graciosos. Estaba Bruce Li, un luchador que, entre otras películas, protagonizó Combate mortal (1979), de Hwa Yi Hung. Hubo un Bruce Le, principal intérprete de la producción filipina La venganza de Bruce (1979), de Bill James.
En definitiva, material de derribo. Por pura sensatez como espectadora, me quedo con figuras de mayor entidad. Por ejemplo, Jackie Chan, que es el legítimo sucesor de Bruce Lee.













































































