Maestros del wuxia
Aparte de Li Han Hsiang, que en 1963 continuó su carrera en Taiwán, otros directores alcanzaron esa fama con productos más bien manufacturados. Productos de una calidad media, que tenían como principal objetivo el de entretener al público y hacer grandes taquillas. Me refiero a cineastas como Chang Cheh, King Hu, Chu Yuan (Chor Yuen) y Lau Kar Leung (Lia Chia Liang).
Chang Cheh ha pasado a la historia como una de las grandes figuras del cine de artes marciales. Sus películas se pueden dividir, a grandes rasgos, en dos subgéneros: el wuxia, o películas de espadachines, y el kung fu shaolin, con el deseo de mostrar al público un kung fu más purista.
A la hora de acercarnos a sus películas, encontramos una serie de pautas generales que podemos resumir en los siguientes puntos: el argumento se centra en el héroe, muy preparado físicamente, que representa los valores de la lealtad y la férrea amistad. Dicha figura despliega los ideales del heroísmo.
A pesar de sufrir tortura o estar herido nunca cede en su pelea contra el mal. La mujer, en todo este engranaje, está relegada a un segundo plano. Prevalece la amistad viril entre los hombres. Todo esto se enriquece con unas impactantes coreografías, diseñadas con el sello personal de dos grandes maestros que marcaron los patrones para este tipo de películas: Tang Chia y Lau Kar Leung.
Un ejemplo magnífico del cine de Cheh lo encontramos en The one armed swordsman (1967). Su argumento es muy característico. Un joven es aceptado como discípulo de un gran espadachín después de morir su padre, en acto heroico, por salvar la vida de su maestro.
A pesar de su condición de sirviente, el joven se criará como uno más entre los discípulos. Por desgracia, atraerá los celos del resto de alumnos, y en especial, los de la hija del gran espadachín, que no es correspondida por su amor. En un acto de venganza, y en un momento en el que el protagonista está desprevenido, la joven despechada le seccionará un brazo.
Es ahí donde comienza una nueva vida para nuestro héroe. Conocerá el verdadero amor, y lo que más nos interesa, llevará a cabo un exhaustivo entrenamiento para la alcanzar la perfección en la lucha con espada. Y eso lo consigue tan sólo con su mano izquierda.
En The one armed swordsman, como en muchas otras películas de la década, los conocimientos de las artes marciales se alían con las virtudes nobles del guerrero. Ahí quedan representados la lealtad incondicional hacia el maestro –rescata a su hija aun a pesar de haberle cortado su brazo derecho–, el control del sufrimiento, el afán de superación y la lucha a muerte contra el mal.
El de King Hu es un caso interesante. King Hu se unió a ese renacimiento del wuxia en los años sesenta. Un renacimiento avalado por los grandes presupuestos de la Shaw Brothers, que lograron dar espectacularidad al género.
Entre sus películas, yo destacaría Come drink with me (1966). Esta cinta sirvió para revolucionar el wuxia. ¿El motivo? Con un ritmo muy cuidado, se alternaban en ella elementos de acrobacia, música y coreografía recogidos de la ópera de Pekín. De todos modos, a pesar de este éxito, Hu estuvo ligado muy pocos años con la Shaw Brothers, y su marcha a Taiwán lo vinculó con una productora mucho más modesta, pero con la que logró dos de sus grandes éxitos: Dragon Gate Inn (1966) y A touch of zen (1969).
Vamos ahora con Chu Yuan. Ése fue uno de los realizadores que nunca abandonó la Shaw Brothers. Es más, dedicó toda su vida a esta productora.
Yuan continuó con el género wuxia, ahondando en las virtudes del héroe errante con cuidadísimas coreografías. Coreografías que alcanzaban el protagonismo en las películas de Lau Kar Leung (Lia Chia Liang), otro director de acción de muchas de las cintas de Chang Cheh, que entró en la Shaw en los años cincuenta, y que lanzó a la fama a Gordon Liu, un conocidísimo actor que encarnó cómo nadie al monje shaolín en su lucha contra la opresión manchú.
Como anécdota, diré que la unión entre director y actor fue tal que Lau Kar Leung lo acogió como un hijo adoptivo en ceremonia oficial. Por si alguien no lo tiene ubicado, Gordon Liu ha sido “reciclado” por Tarantino en las dos entregas de Kill Bill. Es Pei Mei, el viejo entrenador de Uma Thurman, y también es el líder de los enmascarados que, masivamente, se enfrentan a la protagonista en un local de Tokio.













































































