Nuevos realizadores
En la Segunda Ola, la representación femenina corrió a cargo de Clara Law y Mabel Cheung.
Ambas centraron sus miradas en torno a la migración. Una de las películas que mejor reflejan estas expectativas es Luna de otoño (1992), de Clara Law, en la que un turista japonés llega a un Hong Kong que se mueve a medio camino entre las tradiciones y la modernidad. El turista entabla una emotiva amistad con una adolescente de quince años que le lleva hasta su casa, para que pruebe la comida de su abuela. Casi todas las constantes del cine de Clara Law se ven inscritas en esta película: por un lado, el turista japonés pasa por una profunda crisis de identidad, y apenas puede romper con su pasado. La película, curiosamente, es un ejercicio basado en el diálogo, y digo curiosamente porque son dos culturas las que se encuentran (japonesa y china) y dialogan en el idioma de la globalización: el inglés.
Todo fluye más allá de las palabras. La inocencia y el despertar a la vida de su nueva amiga harán que se avive en el japonés la sensación de vacío, como si fuera un nómada sin arraigo. Con su video cámara –imágenes con las que la directora experimenta y consigue una plasticidad influenciada por la reciente cultura del video-clip-, refleja que está atrapando sus recuerdos y construyendo su propia historia.
En definitiva, Clara Law idea un cuadro de la existencia humana ligada con el nomadismo. Hay una frase de Stephen Teo, uno de los grandes especialistas en cine asiático, que resume a la perfección esta película, a la que yo particularmente considero una pequeña joyita. Dice así: “Tokio (el protagonista masculino) se lanza a rescatar su alma en una tierra extranjera”.
Rescatar el alma a través de la amistad. Buscar en tu pasado. Fijar tus recuerdos para que no queden en el olvido. Nunca antes de Teo se había utilizado mejor un verbo como “rescatar” para hablar sobre las películas de Clara Law.
Por las mismas fechas, triunfan en Hong Kong cineastas tan personales y prodigiosos como Wong Kar Wai.
Comparto plenamente la opinión de Carlos F. Heredero cuando denomina a Wong Kar Wai un cronista lírico y no sentimental. Sus personajes no caen en el fácil juego del melodrama.
Hay otro creador que logra notoriedad durante el mismo periodo. Se trata del director de C'est la vie mon cherie (1993) y Protege (2007), Derek Yee.
Yee posee un impecable sentido estético. Maneja un ritmo preciso y una atmósfera idónea para insertar a sus personajes.













































































