El escritor Arturo Pérez-Reverte nos invita a emprender junto a él un viaje en el tiempo. En un panorama dominado por la falta de interés –y aun de respeto– por nuestra Historia, el novelista nos explica en qué consistirá la muestra de la que es comisario, Madrid 2 de mayo 1808-2008. Un pueblo, una nación.
Quizá lo más fácil, para empezar, sea decir que dicha exposición está felizmente emparentada con la última novela de Pérez-Reverte, Un día de cólera.
La profunda voz del actor de doblaje Manolo García –doblador de Robert Redford– resuena a través de los altavoces de la Real Casa de Correos. El público vuelve los ojos hacia la enorme pantalla donde se proyecta la publicidad institucional en torno al bicentenario del 2 de mayo de 1808.
Por medio de una sucesión de cuadros, grabados y secuencias cinematográficas, se nos invita a cerrar los ojos e iniciar un viaje hacia el pasado. Un trayecto que ha de conducirnos hasta un viejo cuartel de artillería, el parque de Monteleón, donde hace doscientos años un puñado de españoles, sin esperanza de victoria, se enfrentó al ejército más poderoso del mundo.
Hoy se presenta aquí la exposición Madrid 2 de mayo 1808-2008. Un pueblo, una nación. La muestra, organizada por el Canal de Isabel II, dispone de un comisario excepcional, el escritor Arturo Pérez-Reverte, miembro de la Real Academia Española.
Partamos de esta premisa: el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas napoleónicas ha sido interpretado y malinterpretado con los fines más diversos.
Y sin embargo, resulta esencial que conozcamos aquel día para comprender qué impulsos mueven nuestra fortuna colectiva. Atento a esa necesidad, el vicepresidente primero del Gobierno regional y presidente del Canal de Isabel II, Ignacio González, subraya frente al auditorio que “este hecho histórico, y los acontecimientos posteriores que desembocaron en la Constitución de 1812, fundamentan parte de nuestra razón de ser actual como ciudadanos libres e iguales”.
Por si no lo saben, la muestra Madrid 2 de mayo 1808-2008. Un pueblo, una nación abrirá sus puertas en el madrileño Centro Arte Canal del Canal de Isabel II, desde el próximo 26 de abril. Está previsto que la exposición suministre un modelo histórico preciso y apasionante, con focos de especial intensidad como el citado cuartel de Monteleón. Piezas originales y reproducciones, sumadas a unos recursos audiovisuales de última generación, nos enfrentarán a esa jornada que dio inicio a la Guerra de la Independencia.
¿Hace falta añadir que dicha visita nos conducirá hacia el siglo XIX como un globo sin lastre?
Así lo da a entender Arturo Pérez-Reverte, quien nos explica las razones que le llevaron a organizar la muestra.
“Estamos a poco más de tres meses del bicentenario del 2 de mayo de 1808 –dice–. Ese día Madrid se sublevó contra los franceses. No fue, como la historiografía tradicional viene afirmando, un alzamiento masivo y simultáneo de toda la nación. Eso fue después, a partir del 3 de mayo. El 2 de mayo quienes se sublevaron en Madrid fueron las gentes más humildes, haciéndose cargo a tiros y puñaladas de una soberanía nacional que había sido abandonada por sus gobernantes. Así el pueblo dio una lección de dignidad y de decencia”.
La batalla de Madrid, en opinión del escritor, tiene escenarios precisos: el Palacio Real, la Puerta del Sol, la Puerta de Toledo... y por supuesto, Monteleón, donde unos cuantos valientes llevan a cabo una gesta que él equipara, con sobradas razones, a la que tuvo lugar en la misión tejana de El Álamo.
“Ese día luchó poca gente –aclara–. Según los especialistas es dudoso que en aquella ciudad de 160.000 habitantes combatieran ese día –lucharan de verdad, armas en mano– más de tres o cuatro mil personas. La aristocracia, la gente de orden, los altos mandos del Ejercito y la mayor parte de éste se quedaron en casa, mirando. Todo acabó como todos sabemos. Como Goya nos recuerda. Pero esa jornada, que podía haberse limitado a una insurrección de cuatro o cinco horas, dio lugar después al tres de mayo. Hizo que a partir de ahí una nación entera tomara conciencia de sí misma –de lo que era desde hacía muchos siglos–, y se levantara solidaria –dentro de lo que cabe la palabra solidaria entre españoles– en una guerra nacional indiscutible que cambió la Historia de Europa”.
La Guerra de la Independencia, tan sesgadamente interpretada por mis amigos ingleses, socava el poderío napoleónico y arruina la baraka del Emperador. También es importante para las Repúblicas americanas, que pueden relatar sus procesos de emancipación teniendo en cuenta el germen soberano y liberal que crece en la España invadida.
“Por eso el 2 de mayo es tan importante –dice Pérez-Reverte–. Es el detonante del largo, complejo e interesante proceso que vino después, incluida la Constitución de Cádiz de 1812. Esos carpinteros, mendigos, albañiles, rufianes, manolas y chisperos, españoles de todos los lugares y de las colonias americanas también, que combatieron a pocos metros de aquí merecen ser recordados por muchas razones. Por los 409 de ellos que murieron, por los 160 que quedaron heridos, y sobre todo, por la lección de coraje que dieron mostrando que los españoles estaban por encima de sus gobernantes”.
La muestra que coordina el escritor ayuda a evocar a estos hechos y aún más a levantar ese orgullo colectivo –un orgullo ilustrado, a ser posible– que algunos cenizos consideran políticamente incorrecto.
“Recordarles a ellos y lo que hicieron –nos dice– es el objeto de la exposición que preparamos y que se inaugurará el 25 de abril. La exposición Madrid 2 de mayo 1808-2008. Un pueblo, una nación responde a una ambición concreta: despojar a esa jornada, en lo posible, de dos siglos de interpretaciones diversas, partidistas, contradictorias y discutibles, recobrando a cambio la narración objetiva, el pulso de la epopeya de un pueblo indefenso, que creyó su deber y su dignidad alzarse en armas, y que a partir del día siguiente fue inspiración para una nación entera”.
El pasado necesita ser agitado antes de usarlo. Nadie más indicado para ello que los buenos historiadores. Me refiero a esos que no juegan a la transgresión o al oportunismo, y que prefieren documentar, como quien realiza una pesquisa policial, un ayer que para bien o para mal es el nuestro.
“Con ese fin –explica Pérez-Reverte– hemos reunido un equipo único, extraordinario, apoyándonos exclusivamente en historiadores militares especializados en la fecha concreta del 2 de mayo, a fin de recrear ésta y sólo ésta con el máximo rigor. Para concentrarnos en ese día específico y especial. En el equipo figuran dos nombres de los que, a mi juicio, son máximos conocedores de aquella jornada de mayo: Jesús Alía Plana y el teniente coronel José Manuel Guerrero Acosta, acreditados por sus imprescindibles publicaciones y trabajos sobre el asunto”.
Quien haya leído esa soberbia novela que es Un día de cólera ya tendrá noticia de ambos investigadores. De Alía Plana cita el escritor el texto Dos días de mayo de 1808 en Madrid, pintados por Goya. El mismo especialista firma con Guerrero Acosta El “Estado del Ejército y la Armada” de Ordovás.
La bibliografía de Un día de cólera suministra, asimismo, dos títulos de los que es autor el teniente coronel: Los franceses en Madrid, 1808 y El ejército napoleónico en España y la ocupación de Madrid.
“Contamos también –dice Pérez-Reverte– con la colaboración valiosa de grupos de recreación histórica de la Asociación Napoleónica Española. Del mismo modo, el equipo técnico del Canal de Isabel II, con larguísima experiencia en este tipo de acontecimientos, se ocupa de la ejecución material de la exposición que pretendemos que esté dotada con las más modernas técnicas audiovisuales”.
Casi no hay página en Un día de cólera donde no siga vivo el recuerdo de los madrileños reales que participaron en aquella jornada. Es imaginable que la misma sensación invadirá al visitante de la muestra.
“En cuanto a mi persona –aclara el escritor–, después de dos años de trabajo sobre el asunto y de la publicación de mi libro Un día de cólera, el Canal de Isabel II me hizo el honor de encomendarme la coordinación de esta exposición. La acepté con sumo gusto y con mucho agrado. Mi trabajo aquí ha sido establecer el guión, la estructura y los contenidos, reunir y coordinar al equipo de especialistas. Ahora se trata de confirmar y supervisar toda su ejecución”.
Las diversas administraciones se han mostrado generosas. No es para menos. La oportunidad lo merece. “No quiero dejar pasar la ocasión –dice Pérez-Reverte– de agradecer la colaboración entusiasta de diferentes entidades e instituciones, incluidos el Ministerio de Defensa, y sobre todo, el Ayuntamiento de Madrid, donde, pese a estar organizando su propio programa sobre el 2 de mayo, todo el mundo se ha portado con nosotros como auténticas señoras y como auténticos caballeros, porque en realidad se trata de eso, de contar una historia apasionante doscientos años después”.
La experiencia personal de la Historia tiende a ser vagamente especulativa. Por eso es tan necesaria una exposición de estas características, capaz de convertir al paseante en testigo de acontecimientos que sólo le cabe imaginar.
“La idea que nos inspira –concluye el novelista– es crear un espacio virtual, objetivo... abierto al gran público. Una intensa recreación histórica muy potente, a modo de túnel, hacia el pasado, que se baste a sí misma para explicarse y haga viajar al visitante en el tiempo, moviéndolo por aquel Madrid apasionante y terrible durante las veinte horas transcurridas entre las ocho de la mañana del dos de mayo y las cuatro de la madrugada del día siguiente... Uniformes, vídeos, sonidos, películas, armas, grabados, cuadros, recreaciones, actuaciones, personajes y combates. Un relato audiovisual intenso, casi físico, que haga posible comprender aún mejor las palabras que el emperador Napoleón, ya confinado en la isla de Santa Elena, confió a su asistente Les Cases: Desdeñaron su interés, sin ocuparse más que de la injuria recibida. Se indignaron con la afrenta y se sublevaron ante nuestra fuerza. Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”.
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