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Butch Cassidy y Sundance Kid: el auténtico Grupo Salvaje

Butch Cassidy y Sundance Kid

Cuando George Roy Hill filmó Dos hombres y un destino (Butch Cassidy & the Sundance Kid, 1969), los delincuentes encarnados por Paul Newman y Robert Redford no eran unas figuras relevantes dentro de la historia del oeste norteamericano.

Los líderes de la banda de atracadores conocida como el Grupo salvaje (The Wild Bunch) carecían de la aureola mítica y de la carga ideológica de, por ejemplo, los hermanos Frank y Jesse James.

Así pues, no es exagerado decir que Hill catapultó al estrellato a los dos bandidos.

Robert Leroy Parker (Butch Cassidy) era el cerebro del Grupo salvaje, su apodo provenía de haber trabajado como matarife (butcher), e ingresó en la cuadrilla de malhechores tras cumplir una leve condena por robo de ganado, para convertirse en su líder.

Por la banda pasaron unos cien forajidos entre los años 1894 y 1904, su periodo en activo en suelo norteamericano; y, aunque al principio los bancos fueron su principal objetivo, pasaron a especializarse, posteriormente, en el asalto a trenes.

El nombre del grupo proviene de las fiestas salvajes que organizaban tras la cometer sus atracos, gastando alegremente el botín en bares y burdeles.

A Harry Longbaugh (The Sundance Kid) se le podría considerar como el brazo ejecutor de Butch. No en vano, su habilidad con el revolver le convierte en uno de los grandes pistoleros de la historia: su rapidez al desenfundar era legendaria y su puntería no se quedaba atrás.

No obstante, hay autores que ponen en entredicho esta reputación, argumentando que la historia de Sundance se ha visto enriquecida con hazañas de otro miembro de la banda: Kid Curry, un acreditado asesino. Por cierto, su apodo lo consiguió por cumplir condena en la prisión de Sundance (Wyoming).

En aquella época, el asalto de trenes suponía enfrentarse a la agencia de detectives Pinkerton, quienes proveían de seguridad a numerosas compañías ferroviarias.

De hecho, la agencia casi nació en respuesta a las demandas de protección de los dueños de los ferrocarriles, ante los robos cometidos por forajidos como los hermanos Reno o los ya mencionados hermanos James.

Los agentes de Pinkerton fueron la principal némesis tanto de los James, como del Grupo salvaje.

Pinkerton había mejorado sustancialmente las medidas de seguridad en el transporte de caudales del ferrocarril: vagones correo dotados de cajas de seguridad más resistentes y un aumento de la vigilancia en las estaciones.

Así, el Grupo se introducía en los trenes sobre la marcha, aprovechando algún punto del recorrido donde el convoy se viese obligado a reducir la velocidad, y reventaba las cajas durante el trayecto utilizando generosas cantidades de explosivo.

En una ocasión, esto provocó la voladura completa de un vagón correo, con cientos de billetes diseminados en centenares de metros a la redonda, que los forajidos se afanaban en recoger antes de la llegada de las autoridades.

Sin embargo, varios asaltos a trenes de la compañía Union Pacific provocaron la contratación de los Pinkerton, que en 1901 sometieron a la banda a una persecución implacable.

La caza del forajido

En la mejor tradición del western, la recompensa que se ofrecía por Butch y Sundance era por capturarlos vivos o muertos. Especial atención merece la fecha de estas correrías, pues los forajidos del oeste seguían haciendo de las suyas con el recién inaugurado siglo XX.

La banda abandonó los escenarios habituales de sus fechorías y se trasladó a la ciudad de Nueva York, entregándose a una vida de altos vuelos.

En una arranque de arrogancia, se dedicaron a hacerse fotografías de estudio elegantemente vestidos, para enviarlas posteriormente a los detectives.

La agencia las utilizó para ilustrar sus pasquines de Se busca y en 1902 se vieron obligados a abandonar la ciudad y huir hacia el extranjero.

En torno a 1904, la mayoría de la banda estaba fuera de circulación: muertos o encarcelados. Butch y Sundance parecen los únicos que lograron huir.

Ambos se dirigieron a Argentina, donde se establecieron como ganaderos, acompañados por Etta Place, la amante del segundo, que pese a ser considerada maestra de escuela, es probable que conociese a Sundance mientras era prostituta.

No obstante, se vieron obligados a huir a Bolivia, cuando Sundance disparó contra un hombre que le creía culpable de seducir a su esposa. En su nuevo destino retomaron su carrera criminal, con Etta plenamente involucrada en sus delitos.

Fue en Bolivia, donde su carrera tuvo un dramático final. Allí el destino de ambos se internó por el sendero de la leyenda.

El último golpe

Tras robar la nómina de una mina en 1908, les delató la posesión de la mula en la que acarreaban el botín, perteneciente a la explotación.

Rodeados por el ejército boliviano, recibieron una lluvia de balas en cuanto se pusieron a tiro.

Ambos resultaron heridos: Sundance muy grave, Butch de mucha menos consideración. Así pues, el final del film de Hill, fiel a la historia en líneas generales, inventa ese last stand de ambos, cargando contra las tropas bolivianas revólver en mano.

Llegados a este punto es donde empiezan a alternarse las distintas versiones de lo sucedido a posteriori: lo más probable es que Butch acabase con Sundance, para suicidarse a continuación volándose la cabeza; o que fuese abatido mientras intentaba huir.

Por otro lado, abundan las versiones en las que Butch, e incluso Sundance, logran escapar del cerco y se las ingenian para lograr regresar a Estados Unidos. Incluso llegaron a aparecer mitómanos que en los años treinta se presentaban como Butch Cassidy, al igual que sucedió en el caso de Billy el Niño.

Por cierto, Etta Place había regresado a Norteamérica acompañada por Sundance, meses antes del hipotético fatal desenlace. Parece que el motivo fue alumbrar al hijo de ambos en su tierra natal, tras lo cual Sundance regresó en solitario a Bolivia.

Una de esas historias con final feliz reúne a ambos para criar juntos a su hijo, teoría que se beneficia del total desconocimiento respecto a qué fue de Etta después de 1907.

No obstante, no hay manera de averiguar si los dos gringos que hicieron frente a los militares eran Butch y Sundance. Las autoridades no pudieron precisar su identidad y, en fechas recientes, los intentos de localizar las hipotéticas tumbas de los malhechores y someter los restos a pruebas de ADN, a fin de cotejarlos con muestras de sus familiares, han resultado infructuosos.

Vista en perspectiva, la elección de estos personajes para ser llevados al cine en 1969 fue plenamente acertada. Téngase en cuenta el contexto social de la época, que sitúa el largometraje de Newman y Redford en la estela de Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967).

Ambos films retratan, de manera idealizada y romántica, a una suerte de individualistas enfrentados al sistema y al capitalismo.

Desgraciadamente, ambos casos están alejados de la realidad: en ningún caso se trató de unos rebeldes incruentos. Bonnie y Clyde asesinaron a inocentes por paupérrimos botines en tiendas de pueblo.

Es cierto que Butch y Sundance tenían una personalidad atractiva, que se asemeja al jovial retrato que de ellos hicieron Newman y Redford; pero respecto al retrato de sus actividades, habría que revisar Grupo salvaje (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1969).

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.


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