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Historia de Alcalá de Henares - La “ciudad del saber”: Humanismo y Renacimiento

Índice de Artículos
Historia de Alcalá de Henares
Antigüedad. Leyenda y realidad de un ilustre pasado
Nueva Roma. Contrarreforma y espacios de devoción
La “ciudad del saber”: Humanismo y Renacimiento
Sabios en la historia de Alcalá
Crisis de un modelo urbano
Todas las páginas

La “ciudad del saber”: Humanismo y Renacimiento

Existe un personaje idóneo para centrar este apartado en la historia de Alcalá: el humanista, escritor e historiador siciliano Lucio Marineo Sículo (1460-1533), profesor en la Universidad de Salamanca, capellán y cronista de Fernando V el Católico y autor de volúmenes con raíces en el pensamiento más noble y viajero.

Como ya habrá intuido algún lector, aquí viene al caso recordar lo que a propósito de Alcalá escribió este sabio, para quien la ciudad es un foco de excelencias renacentistas:

«En medio de Madrid y Guadalajara —nos dice— está la muy noble villa de Alcalá, que por otro nombre llaman Compluto. Muy abundante de las cosas que son necesarias a la vida humana. Por donde pienso que fue llamada Compluto por el cumplimiento que tiene de cada cosa. Porque sin que le vengan provisiones de otras partes, ella las tiene todas sin faltarle cosa ninguna. La cual fue en nuestros tiempos muy ennoblecida por don Francisco Jiménez, cardenal de España que la adornó con los colegios, y otras grandes obras inmortales que fundó. La cual ha sido también muy ilustrada de los profesores de las disciplinas y artes liberales y de los muy claros ingenios de los estudiantes que en ella mucho florecen y alaban en sus actos y ejercicios que hacen muy excelentes» (De las cosas memorables de España [De Rebus Hispaniae Memorabilibus], Libro II, Alcalá de Henares, 1539, en Madrid en la prosa de viaje I. Siglos XV, XVI y XVII. Estudio y selección de José Luis Checa Cremades, Ediciones Comunidad de Madrid, pp. 269-270).

a Universidad cisneriana emprendió su vida muy próxima a las órdenes religiosas, y no escasean los colegios-convento, cuya función alternaba el cuidado de la fe y el de los saberes. Citemos, en apretada sucesión, el Colegio-convento de Capuchinos, el de Carmelitas Descalzos de San Cirilo, el de Dominicos de la Madre de Dios, el de la Merced Descalza, el de la Trinidad Descalza, el de Mínimos de Santa Ana, el de San Basilio Magno, el de Santo Tomás de los Ángeles y el del Carmen Calzado.

Empresas tan caudalosas como ésta que alterna estudio y recogimiento nos hablan de una cuidadosa distribución de las órdenes en la villa. En esta línea, tampoco faltan los conjuntos monumentales, en su mayoría privados del sobrio esplendor que antaño los caracterizó.

Con todo, aún podemos ilustrar esta tendencia con la cita del Convento de Agustinas Descalzas de Nuestra Señora de la Consolación o de la Magdalena (también llamado Convento de Agustinas o de Santa María Magdalena), el Convento de Carmelitas de Afuera o del Corpus Christi, el Convento de Carmelitas Descalzas de la Concepción o de la Imagen, el Convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena, el Monasterio de las Franciscanas de Santa Clara, el Monasterio de San Bernardo, el Convento de Franciscanas de la Purísima Concepción y Santa Úrsula o de las Úrsulas, el Convento de las Clarisas de San Diego y el Convento de San Juan de la Penitencia.

Las iglesias y capillas, memoria en piedra de la historia de Alcalá, también tienen una significación especial en la arquitectura de ciudad. Conjuntos como el de la Iglesia de la Compañía, hoy parroquia de Santa María la Mayor, y el de la Iglesia Magistral de los Santos Justo y Pastor ejemplifican rasgos de adecuación a un estilo que ya mencionamos al comentar la arquitectura civil. Una vez más, hemos de referirnos a esa interpolación de elementos que se van sumando al sistema constructivo gótico. Y en ello cabe un apunte simbólico, relacionado con el gusto de Cisneros; un gusto cultivado artísticamente cuando él fue capellán en la Catedral de Sigüenza y vicario del obispo don Pedro González de Mendoza, y aún más refinado cuando el Cardenal se vinculó a la Corte.

En palabras de Víctor Nieto, «para Cisneros el gótico era un lenguaje legitimado por los programas de la monarquía, y de la Iglesia, símbolo del poder, y un lenguaje que (...) encarnaba la idea de modernidad. La connotación «tradicional» que se aplica al gótico, carecía de sentido, a una escala universal, en los primeros años del siglo XVI» («Renovación e indefinición estilística, 1488-1526», Arquitectura del Renacimiento en España, 1488-1599, Madrid, Cátedra, p. 75). Así, pues, atendiendo a este protocolo, cabe relacionar una parte de esa monumentalidad con ese estilo morisco renaciente, identificado por un tiempo con el nombre del Fundador.



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