Sabios en la historia de Alcalá
isneros quiso anticiparse a a la bula de Alejandro VI, otorgada el 13 de abril de 1499, precisa para confirmar los privilegios de los Estudios de Sancho IV. El cardenal se sabía anciano, y ese detalle hace que cobre sentido el adelanto de la fecha inaugural, pues Cisneros colocó la primera piedra del Colegio Mayor de San Ildefonso, epicentro de la futura Universidad, el 13 de marzo de 1499. Aquella tarde, el cardenal cruzaba las puertas del convento de Santa María, dichoso ante la idea de bendecir las obras. Algún tiempo después, el 26 de julio de 1508, entraban en el colegio los siete primeros escolares.
Apenas bastaron unas décadas para que la fama de Alcalá de Henares y de su Universidad cruzasen fronteras, transmitiendo una imagen tan moderna que es en cierto modo justo reivindicar hoy, en esta breve historia de Alcalá, aquel prodigio humanista.
Cuando en 1546 el portugués Gaspar de Barreiros fue enviado por el infante don Enrique para que se reuniera con el papa Pablo III, el viajero tuvo la oportunidad de anotar en sus pliegos todo un catálogo de resultados.
Describe Barreiros la Iglesia Colegiata de los Bienaventurados Mártires Justo y Pastor, que tenía entonces treinta beneficiados y seis dignidades cuyos beneficios valían ciento cincuenta ducados. Según aclara el erudito portugués, éstos sólo podían ser provistos por quienes hubiesen alcanzado el grado de doctores. Además, los beneficiados debían ser, cuando menos, maestros en artes. En el caso de los capellanes, su grado tenía que alcanzar el de bachiller. «La mayor parte de la renta de esta iglesia —añade— proviene del mencionado cardenal don Francisco Jiménez de Cisneros, el cual, como dije, fundó esta Universidad así como el Colegio de San Ildefonso con treinta y tres colegiales, doce capellanes y doce familiares, al que dotó con diez mil ducados de renta, que ahora valen catorce mil. Esta renta se recibe en este colegio. Mandó allí edificar una suntuosísima capilla con su hermosa sepultura y la mandó labrar». (Chorographia, Coimbra, 1561, en Madrid en la prosa de viaje I. Siglos XV, XVI y XVII, estudio y selección de José Luis Checa Cremades, Ediciones Comunidad de Madrid, p. 264).
Otros hechos confieren esplendor a este plan universitario que, al decir de Marcelino Menéndez Pelayo fue centro principal del humanismo español, aún más abierto a la invasión del Renacimiento que la Universidad de Salamanca.
Asimismo, comenta el erudito cántabro que en el estudio complutense «encontró Erasmo sus principales contradictores: Diego de Stúniga y Sancho Carranza; pero allí precisamente se formó el núcleo erasmiano; de allí salieron la mayor parte de los adeptos del humanista holandés, unos que lo eran juntamente de su doctrina y de su estilo, otros que en su manera de escribir se inclinaban con preferencia al gusto de Italia» («Bibliografía hispano-latina clásica», en José M.ª Sánchez de Muniain, Antología general de Menéndez Pelayo. Recopilación orgánica por materias, tomo I, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 1956, p. 594).












































































