Las entrevistas de David Frost a Richard Nixon, llamadas en el mundo anglosajón The Nixon Interviews, integran una serie de cuatro programas emitidos en 1977.
El duelo entre Frost y Nixon ha pasado ya a la historia del periodismo, y figura como el espacio político más visto desde que se inventó la televisión.
Gracias a esa extraordinaria película que es El desafío: Frost contra Nixon, una nueva generación de espectadores tendrá ocasión de comprobar por qué ha entrado en la leyenda ese tenso y revelador diálogo entre el presentador inglés y ex presidente norteamericano.
La película El desafío: Frost contra Nixon, de Ron Howard, refleja un momento crítico de la historia de Estados Unidos.
El escándalo Watergate había obligado a Nixon a dimitir en 1974. Tres años después, seguía alejado de los medios de comunicación.
De forma inesperada, Richard Nixon concedió al periodista inglés David Frost –muy popular por sus programas de variedades–, una serie de entrevistas exclusivas, previo pago de 600.000 dólares.
Con la ayuda del investigador James Reston Jr. y de Bob Zelnick, un productor de la ABC, Frost afrontó la primera entrevista el 23 de marzo de 1977, en una mansión de Monarch Bay, California.
El largometraje de Ron Howard no sólo recrea aquellas entrevistas que cautivaron a Estados Unidos, sino las semanas de maniobras y negociaciones que llevaron a cabo los Nixon y Frost junto a sus respectivos equipos. Explora la historia que no se contó y que desembocó en un cara a cara definitivo en el tribunal de la opinión pública.
Aquel verano de 1977, el astuto y frío ex presidente había aceptado conceder una única entrevista y contestar a preguntas acerca de su mandato y del escándalo Watergate que acabó con su presidencia.
Nixon sorprendió a todos al escoger a Frost como confesor televisivo, seguro de que podría con el alegre presentador británico y se ganaría los corazones y las mentes de los estadounidenses.
El equipo de Frost no estaba seguro de que el periodista fuera capaz de llevar a Nixon adonde quería. Pero en cuanto empezaron a rodar, comenzó la batalla.
¿Podría Nixon eludir las preguntas acerca de su papel en una de las mayores vergüenzas sufridas por la nación? ¿Exigiría Frost respuestas claras del hombre que llegó al poder por ser el maestro de la evasiva?
Durante la entrevista, cada uno reveló sus inseguridades, su personalidad y sus inesperadas reservas de dignidad, para llegar por fin a una asombrosa exhibición de sinceridad.
Doce días después, las grabaciones habían concluido, y su resultado no podía ser más devastador para Nixon, pues en ellas quedaba de manifiesto su verdadero papel en el caso Watergate.
La audiencia de la serie fue descomunal. El primero de los programas, emitido el 4 de mayo de 1977, se centraba en el Watergate, y fue visto por 45 millones de espectadores. Los restantes programas (emitidos, respectivamente, el 12, el 19 y el 25 de mayo) tuvieron un impacto similar.
Como los espectadores tendrán ocasión de comprobar, El desafío cuenta la verdadera historia de las entrevistas Frost/Nixon. Una historia tan apasionante como los mejores thrillers políticos.
La creación de Frost/Nixon: de las entrevistas a la obra de teatro
El dramaturgo y guionista Peter Morgan entró en contacto con el mundo de David Frost y de Richard Nixon en 1992. Vio un programa biográfico del presentador y le fascinó lo que David Frost había sido capaz de conseguir del famoso y astuto personaje en las famosas David Frost entrevista a Richard Nixon, emitidas en 1977.
Tal como le dijo el guionista al periodista Richard Brooks en una entrevista publicada en el Sunday Times en julio de 2006, “me sentí empujado por la imagen de esos dos hombres. El glamuroso Frost, a 15.000 metros en el aire, yendo de un lado a otro del Atlántico en el Concorde. Y Nixon, encerrado en una cueva y para quien la vida no era nada fácil”.
La obra de Peter Morgan se estrenó en el Donmar Warehouse del West End londinense el 10 de agosto de 2006, dirigida por Michael Grandage.
El dramaturgo y guionista siempre se había sentido atraído por las figuras históricas complejas, como la reina Isabel II, Idi Amin Dada y Enrique VIII.
Para preparar el libreto, empezó a estudiar a Richard Nixon y a su mayor, y quizá más inesperado antagonista, David Frost. El presentador, auténtico playboy de la televisión británica, apostó su credibilidad y su carrera a cambio de la oportunidad de obtener una confesión durante las entrevistas.
El contraste de la vida de ambos intrigó a Peter Morgan, que estaba convencido de que la historia podía convertirse en una obra de teatro, siempre y cuando las entrevistas se presentaran como “una pelea entre gladiadores, con las palabras y las ideas como únicas armas”.
Peter Morgan empezó a documentarse: “Me di cuenta de que ambos campos se preparaban como lo hacen dos jugadores de ajedrez o dos boxeadores, había mucha estrategia. Pensé que sería posible redactar las escenas de las entrevistas con las palabras que usaron y darles un giro para obtener las subidas y bajadas de un auténtico enfrentamiento”.
Al estudiar a los dos personajes, descubrió algo que le sería muy útil a la hora de escribir la obra: eran totalmente opuestos en cosas básicas.
Explica: “Si se separa al Nixon ser humano del Nixon político, es imposible no sentir compasión por alguien para quien la vida en sí era difícil, la comunicación, la amistad... Al otro lado tenemos a David Frost, alguien para quien comunicar era innato, como lo era hacer amigos y caer bien. Nixon era todo lo contrario; no se fiaba de nadie, se sentía herido, es probable que no tuviera muchos amigos íntimos, no era feliz en su matrimonio, estaba solo”.
El dramaturgo también cree que el presentador, conocido por su ironía, humor y capacidad de adulación, era más capaz de lo que dejaba entrever: “Frost era muy inseguro intelectualmente”, dice. “No le tomaban en serio”. Y refiriéndose al entrevistado, subraya: “Hay algo que no puede decirse de Nixon, y es que fuera un estúpido. Tenía un gran intelecto”. Peter Morgan, con los ingredientes en la mano, empezó a entusiasmarse.
Mientras redactaba su obra teatral, el dramaturgo se entrevistó en repetidas ocasiones con sir David Frost y con muchas de las personas que participaron en esas entrevistas y que aparecen representadas en la obra de teatro que se estrenó en el West End de Londres.
Tal como dijo a Gareth McLean en la entrevista que publicó el Guardian en agosto de 2006: “Cada uno me contaba la historia a su manera. Incluso las personas que estuvieron presentes en las entrevistas tienen versiones diferentes. No hay una sola verdad acerca de lo que pasó detrás de la cámara o entre bambalinas. No me preocupó que mi imaginación participara en la historia”.
La comprensión del medio: el papel de la televisión
David Frost personificaba un tema recurrente mientras Peter Morgan escribía la obra: la creciente influencia y borrosa responsabilidad del cuarto estado a la hora de influir en la opinión pública, algo tan relevante ahora como lo era en la época posterior al caso Watergate, cuando se grabaron las entrevistas Frost/Nixon, e incluso antes en la historia estadounidense.
Desde la primera Charla al lado de la chimenea (Fireside chats) de Franklin D. Roosevelt emitida por la radio en marzo de 1933, temas que van desde las crisis bancarias y la seguridad nacional hasta la última guerra y/o conflicto han estado al alcance de un público ansioso.
Hacía tiempo que los políticos se esforzaban en controlar los medios mediante mensajes perfectos, pero con la penetración de la televisión, nació un nuevo método para ganarse a la opinión pública. El concepto ofrecía un amplio margen dramático a Peter Morgan.
El escritor intentó descubrir hasta qué punto el medio televisivo había afectado a la idea que se tenía de Frost y de Nixon. Le sorprendió ver hasta qué punto les cambió la televisión y cómo sabían manejar el medio.
En numerosas ocasiones, la televisión había sido la enemiga de Nixon durante su carrera, pero también había sido su gran aliada en su ascenso al poder.
En septiembre de 1952, la había usado con maestría durante el Checkers Speech, un discurso sentimental para defenderse del escándalo ético en el que estaba metido y que casi le impidió presentarse como vicepresidente de la candidatura republicana.
Se mostró austero y directo, un auténtico producto de su educación cuáquera. A petición de Eisenhower, en marzo de 1954, el entonces vicepresidente manipuló con brillantez a los medios con su poderoso discurso durante la comisión de investigación a McCarthy, haciendo tambalear a un hombre que muchos consideraban sin tacha.
Pero la televisión no siempre fue su aliada. Los debates entre Nixon y Kennedy, emitidos en 1960, marcaron el principio de una nueva era en la que los políticos podían presentar un mensaje que sería analizado por los expertos.
Nixon, sudoroso y con el maquillaje corrido, fue el gran perdedor ante un JFK impecable y tranquilo. A partir de ese día, no se juzgaría a los candidatos por su experiencia, sino por su atractivo televisivo.
Con el tiempo, Nixon acabó ganando el sillón presidencial. Desde su reunión con el presidente Nguyen Van Thieu en Vietnam del Sur, en julio de 1969, hasta la otra histórica reunión con el presidente Mao Zedong, se esforzó en ser lo más televisivo posible. Pero entonces salió a la luz el caso Watergate.
La fuerza con que la televisión atacó a Nixon pudo con los éxitos de dos mandatos. Pasaron los años y las razones que le obligaron a dimitir empezaron a olvidarse.
El 9 de agosto de 1974, el ex presidente empezó a buscar a través de su representante, el legendario hollywoodiense Irving “Swifty” Lazar, la forma de recordar sus logros a sus compatriotas. Nixon estaba dispuesto a dar otra oportunidad al poderoso medio para ayudarle o traicionarle.
Siempre y cuando él pusiera las condiciones y escogiera al que le parecía el oponente más débil.
David Frost entra en escena
David Frost empezó trabajando en la televisión como un joven cómico cuyo pujante entusiasmo equilibraba con sarcasmo los terribles acontecimientos del “falso” programa de noticias That Was the Week That Was (Así fue la semana que fue).
La innovadora sátira fue víctima de los políticos con los que se metía ya que, durante la campaña electoral, la BBC canceló el programa por miedo a que fuera una “influencia nefasta”. A continuación, David Frost trabajó en la versión estadounidense entre 1964 y 1965.
A finales de los años sesenta, encabezó The Frost Programme, para la ITV británica. Fue un precursor de los “juicios televisivos” que se convirtieron en un auténtico género. También representó un cambio total para el cómico.
Se le empezó a considerar un entrevistador serio. Pero la atracción de la fama en Estados Unidos fue más fuerte. Entre 1969 y 1972 se convirtió en el presentador del programa The David Frost Show, por donde pasaron invitados de la talla de Richard Burton y los Rolling Stones. El programa acabó y no pudo encontrar trabajo en otra cadena.
Presentó otro programa de celebridades en Australia, pero deseaba volver a trabajar en Estados Unidos y que le tomaran en serio. Cuando se le ocurrió la idea de entrevistar a Richard Nixon, tuvo que convencer a varias personas de que era el hombre adecuado.
Irónicamente, su reputación de “peso ligero” fue la razón por la que Nixon aceptó la serie de entrevistas.
Cuando se emitió el especial, la clase política se dio cuenta del terrible poder de un primer plano y de la presión aplicada a Nixon para hacerle confesar. A partir de ese día, ya no se usó la pequeña pantalla para mandar mensajes, sino para ofrecer un paquete “personalidad más físico”, que a menudo sustituiría un discurso serio.
El poder del medio y su influencia en la política fascinó a Peter Morgan, que lo convirtió en el tema principal de la obra.
El dramaturgo era consciente de que se examinaría el medio televisivo. Tal como dice, los dos hombres tiraron los dados y se jugaron el todo por el todo. Nixon confiaba en sus formidables dotes de negociador y estadista. Frost contaba con el don de hacer hablar a la gente y revelar lo que quizá no hubieran querido. Esos dos ingredientes garantizaban un buen programa.
Las entrevistas Frost/Nixon, según el guionista James Reston, “siguen siendo el programa político más visto en la historia de la televisión”, con más de 45 millones de telespectadores.
Fue la última aparición televisiva de Richard Nixon antes de su muerte, ocurrida en abril de 1994.
Imagen superior: Frank Langella en El desafío: Frost contra Nixon © Universal Pictures, Imagine Entertainment, Working Title Films, Studio Canal y Relativity Media. Fotos por Ralph Nelson. Cortesía del Departamento de Prensa de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.
Copyright de textos e imágenes © Universal Pictures, Imagine Entertainment, Working Title Films, Studio Canal y Relativity Media. Fotos por Ralph Nelson. Cortesía del Departamento de Prensa de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.
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