
Los nazis en Chile, Víctor Farías, Seix Barral, Barcelona, 2000, 586 pp.
En su obra ensayística el chileno Víctor Farías ha encarado asuntos enigmáticos y controversiales, entendiendo por ello que sus conclusiones han sido perturbadoras, y ciertamente muy discutidas.
Para dar un veloz panorama de semejante itinerario, baste citar su libro Heidegger y el nazismo (1987) y las dos monografías que dedicó a la literatura proscrita (sic) del joven Borges, La metafísica del arrabal (1992) y Las actas secretas (1994).
A través de varios niveles de análisis, Farías intenta en la presente entrega una historia de las relaciones germano–chilenas entre 1932 y 1945.
Tan amplia y documentada presentación debe mucho a sus pesquisas en el Archivo Secreto del Estado de Prusia (GSTA, Geheimes Staatsarchiv ), donde se reúnen todas las actas del Instituto Iberoamericano de Berlín (Ibero–Amerikanisches Institut, IAI) hasta 1944.
El citado Instituto fue, bajo la guía del general Wilhelm Paupel, el arco disparador de la penetración nazi en América Latina.
De ahí que sus tortuosas actividades ordenasen la influencia ultramarina del nacionalsocialismo, influencia concretada a través de diversos canales, entre ellos el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich (AA, Auswdrtige Amt), el partido nazi (National– Sozialistische Deutsche Arbeiter Partei, NSDAP), su sección encargada del extranjero (Af), Auslandsorganisation) y, lógicamente, el grupo nazi chileno, NSDAP (AO) Landesgruppe Chile.
Otras organizaciones del frente nazi, de orden periféricxo, fueron las escuelas alemanas (Deutsche Schulen) y la Iglesia Evangélica alemana.
Para el historiador, una figura relevante en toda esta operación fue una diplomática chileno–germana, Margarita Johow, agregada cultural durante siete años en la Embajada de Chile en Berlín, genuino enclave nacional– socialista en aquel período.
Muy hábilmente Farías nos atrae a ese mundo siniestro, en que la barbarie imita el canon industrial.
(Hay un episodio que lo caracteriza: el ciclo de experimentos raciales con niños chilenos, destinados a ratificar que Chile, «país bastardo», suponía un peligro genético para la pureza racial de la colonia alemana.) Urgido por su torrentoso archivo, el autor estudia la política exterior de Chile y los vínculos de sus instituciones diplomáticas con el Tercer Reich.
Asimismo, rastrea el espionaje nazi en Chile y averigua los lazos que se establecieron entre las Fuerzas Armadas chilenas y el hitlerismo, dedicando un especial interés a la revista Ejército–Marina– Aviación, instrumento de propaganda al que no fue ajeno un joven suscriptor, Augusto Pinochet.
Finalmente, para construir su epílogo, Farías acude a otro hecho que causó una reciente polémica periodística: la infructuosa solicitud hecha en 1972 por Simon Wieshental a Salvador Allende, con el propósito de lograr la extradición del criminal nazi Walter Rauff, refugiado en Chile desde 1961.
Hay en este voluminoso informe algo terrible que nos recuerda aquella intuición de Borges en 1939: «Es posible que una derrota alemana sea la ruina de Alemania; es indiscutible que su victoria sería la ruina y el envilecimiento del orbe. No me refiero al imaginario peligro de una aventura colonial sudamericana; pienso en los imitadores autóctonos, en los Übermenschen caseros, que el inexorable azar nos depararía».
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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