
La emblemática orilla izquierda del Sena ha dado formato a muchas innovaciones culturales de nuestro siglo.
Una de ellas fue la organización, más o menos indeliberada, de una cierta comunidad intelectual femenina, constituida, sobre todo, por gente que dejaba las originarias tierras anglosajonas y, más aún, norteamericanas. Iban a París a hacer lo que querían, lo que imaginaban desear y que sus patrias les impedían hacer.
Así: Gertrude Stein, Djuna Barnes, Nancy Cunard, Sylvia Beach, Natalie Barney, Jannet Flanner, Hilda Doolittle, entre otras, que se reunieron a aborígenes como Adrienne Monnier, Rene Vivien y Colette.
Son señoras (algunas, señoritas) de variable mérito, memorable alguna, olvidables otras, pero que pasan bajo la mirada inquisitiva de Benstock en cuanto mujeres que quisieron hacer cosas que antes estaban reservadas a los varones. Encontraron, en aquel París, pocos obstáculos: el clima literario era plural y tolerante; ellas, en general, tenían buenos recursos económicos.
A veces, se aislaron de los varones; otras, se mezclaron con ellos; otras, quisieron convertirse en amazonas, en mujeres viriles. Hicieron feminismo creativo y también fóbico.
Benstock toma partido por ellas, en ocasiones, demasiado a bulto, y exagerando la voluntariedad masculina de oprimir a la mujer, lo cual implica suponer que todo varón fue un opresor por la mera fatalidad genital.
El libro es una cabalgata documentadísima sobre personajes, libros y movimientos intelectuales.
Mientras estas mujeres cumplían su tarea de liberarse de tabúes y falsas identidades, florecían tendencias filosóficas, políticas y estéticas de lo más variado, Tanto, que algunas exigieron dos guerras mundiales para dirimirse.
Casi todo lo que se hizo y se dijo en aquellos años y en aquel espacio está en este libro.
Puede pensarse que no hacía falta tantísima puntualidad, pero se agradece el trabajo de colección y ordenación de datos. Si es forzada cierta batallona insistencia feminista (la obra de estas mujeres prueba que nadie les impedía llevarla a cabo) también merece respeto, por su simpatía hacia quienes removieron prejuicios y malas costumbres mentales.
La traducción es fluida, aunque insiste en el error de traducir modernism por modernismo (corresponde vanguardia) y algún peregrino vocablo como solitud, crepar (por encrespar) y telonera por ouvreuse (es mejor acomodadora).
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos
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