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Vida de Amelia Earhart - El avión de Amelia: el Electra

Índice de Artículos
Vida de Amelia Earhart
Amelia según Hillary Swank
Los amores de Amelia Earhart
El avión de Amelia: el Electra
El mundo de Amelia
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El avión de Amelia: el Electra

Uno de los principales personajes de Amelia no es de carne y hueso sino de metal, sin embargo, fue uno de los grandes amores en la vida de Amelia Earhart. Ese personaje era su famoso bimotor Lockheed L-10 Electra, de color plata y naranja, en el que definitivamente desaparecería.

Con un innovador diseño de Hal Hibbard, el avión voló por vez primera en 1934 y pronto se convirtió en una de las aeronaves de larga distancia más modernas de la incipiente industria aérea, así como en el avión codiciado por Earhart.

Cuando adquirió el avión, Amelia tuvo la oportunidad de ir tras su sueño más anhelado: convertirse en la primera piloto femenina en dar la vuelta al mundo.
Como actualmente sólo existen unos cuantos aviones Electra en el mundo, el equipo de producción se lanzó a buscar por todo el globo uno capaz de realizar acciones complejas.

“Encontrar nuestro Electra fue igual que el casting de los protagonistas de la película”, dice Mira Nair. “El avión era tan importante en la historia de Amelia que nos llevó a emprender un viaje asombroso. Encontramos nuestro Electra en el sur de Francia, y el avión atravesó todo el continente africano, siguiendo los pasos de Amelia. Fue un viaje increíble que nos dio fuerza para todo el rodaje. Creo que la gente podrá sentir una conexión con el avión porque evoca toda la belleza y la energía que produce volar”.

El Electra de la película es propiedad del veterano piloto y periodista francés Bernard Chabbert, cuyo propio padre, también aviador, se encontró brevemente con Amelia Earhart en Senegal, lo que le otorga un excepcional vínculo con la historia. Chabbert dice que el Electra es el tipo de avión que suscita auténtica pasión en todos los aficionados a la aviación.

“El Electra es una obra maestra de la ingeniería aeronáutica, un avión art decó, sofisticado y elegante, supuestamente, con un mágico potencial para la aventura”, considera Chabbert. “Si eres dueño de un Electra –y actualmente hay sólo una docena– sueñas con el día en que una productora de cine venga a pedirte el avión para hacer una película sobre Amelia Earhart”.

Pero cuando llegó ese día para Chabbert, supuso, aparte del lógico entusiasmo y un honor, un enorme desafío logístico. Después de todo, su avión estaba en Francia y debía de estar en el sur de África, donde tenía lugar la mayor parte de la producción. Mira Nair no sólo quería trasladar el avión a Ciudad del Cabo, sino captar su extenso recorrido a través del continente africano, reproduciendo los extraordinarios viajes de Amelia.

Tal cosa no era un desafío menor. El Electra de Chabbert –conocido como “Hazy Lily” o, abreviando, simplemente “Lily” – había estado operativo durante más de seis décadas, había servido como limusina aérea durante la Segunda Guerra Mundial y había sido pilotado por el aviador británico y presunto espía Sydney Cotton, uno de los referentes de James Bond. Después de todo eso, el avión se encontraba actualmente en un hangar, le faltaba un motor y una hélice y tenía el tren de aterrizaje averiado.

“En aquel momento disponíamos únicamente de cuatro meses para arreglarlo todo, encontrar dos motores nuevos, conseguir que nos fabricaran otras hélices y muchas más cosas”, recuerda Chabbert. “Después tuvimos que planificar un viaje poco habitual por toda África. ¡En 1937 un recorrido así nos habría llevado a las primeras páginas de los periódicos! Hicimos dos veces un vuelo equivalente al que Amelia había hecho en su época, rindiendo un homenaje a sus viajes con lo que rodamos para la película”.

Chabbert subraya: “La diferencia es que nosotros éramos una parte del pasado –pilotando una máquina vieja y rara, que volaba bajo y quemaba gasolina por toda África– mientras que Amelia había volado sobre un aparato del futuro”.

Con apenas tiempo suficiente para un test de vuelo, el restaurado Electra despegó del aeródromo de Annemasse, cerca de Ginebra, y se dirigió hacia la costa de España.

Dos días más tarde, aterrizó en Marruecos y luego en Bamako, Mali, atravesando una sucesión de tormentas eléctricas. “La vieja bestia resultó ser una auténtica aventurera”, dice Chabbert con entusiasmo. La aventura prosiguió saltando hasta África, a menudo en busca del combustible conocido como Avgas, cada vez más difícil de encontrar (los aviones más modernos utilizan keroseno). El Electra voló sobre las aguas infestadas de tiburones del Golfo de Guinea, estuvo en tierra durante varios días tras aterrizar para cargar combustible en la isla de Malabo, cruzó Angola y Namibia y, finalmente, aterrizó en Ciudad del Cabo tan sólo 24 horas antes de que lo pintaran y prepararan para su primer plano.

La emoción que sintió al ver cómo se relacionaba el reparto y el equipo con el avión, hizo que el largo y duro trayecto hubiera valido la pena para Chabbert, quien se integró en el equipo de vuelo. “Esta delicada y anciana dama de los cielos se convirtió realmente en parte del elenco”, dice Chabbert. “Hilary actuó enseguida como si fuera Amelia y como si el avión fuera su Electra”.

Chabbert estaba orgulloso, sobre todo, de cómo se comportó el avión, recorriendo los kilómetros que no había hecho en décadas. “El viejo avión no tosió ni una vez”, señala. “Tuvimos que realizar escenas de vuelo complicadas, como el último despegue que realizó Amelia en Lae, Nueva Guinea, cuando su Electra estaba tan sobrecargado que Amelia tuvo que realizar un desesperado descenso en picado sobre el mar para lograr algo de velocidad. Lo hicimos 22 veces. Rodamos la secuencia del despegue nocturno que realizó Amelia en Calcuta, de noche y bajo la lluvia del monzón, cuatro veces seguidas, despegando de un terreno polvoriento y sin apenas luz, perdido en la parte más alta del norte de Ciudad del Cabo. Hicimos cosas realmente excepcionales, la vieja máquina volando bajo sobre las cataratas Victoria, casi rozando el desierto del delta del Okavango, deslizándonos entre verticales pendientes montañosas, acariciando las interminables dunas de suave arena cerca de Port Elizabeth. A lo largo de todo ello, parecía que el avión se convertía en un auténtico actor, más que en una pieza del decorado”.

Al final, “Hazy Lily” tenía que emprender de nuevo el largo y lento regreso a Europa, pero Chabbert dice que el viaje formó parte de la recompensa. Chabbert resume: “Lily había volado un total de 170 horas en ocho semanas y no había esquivado ni un golpe. Había estado en manos de siete aviadores, no simples pilotos, que habían compartido con él la aventura de sus vidas. Lily nos había trasladado a todos nosotros a través de un intenso viaje en el tiempo, y nos ayudó a entender en carne propia la auténtica realidad de Amelia Earhart”.

 



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