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El mundo de Amelia
Cuando llegó el momento de planificar la ambientación de Amelia, Mira Nair se basó fundamentalmente en las cosas de la vida que inspiraban a la propia Earhart –el estilo vibrante, el espíritu de aventura y, sobre todo, la atracción por los grandes espacios abiertos de la naturaleza. “Amelia estaba casada con la naturaleza, con los elementos, con los cielos, con el océano. Eso era lo que ella amaba y eso era lo que la alimentaba, por lo tanto, yo quería usar el paisaje para reproducir lo que más le atraía del mundo”, dice Nair. “Rodar en Sudáfrica, Nueva Escocia y Terranova nos permitió efectivamente hacerlo”.
Nair colaboró muy estrechamente, trabajando el aspecto de la película, con el director de fotografía Stuart Dryburgh, nominado por la Academia por sus impresionantes agrestes imágenes de El piano, de Jane Campion. “Stuart es como un chiquillo, le gusta la acción, ama la naturaleza, le encantan los aviones, y todo eso lo fotografía de forma espléndida”, dice Nair. “Era la persona ideal para esta historia”
Dryburgh se basó en la amplia documentación recopilada sobre la vida de Amelia y su tiempo, visionando noticiarios y empapándose de las fotografías de la época. No obstante, una de las primeras decisiones de Nair y Dryburgh fue que la atmósfera visual de la película fuera fresca y absolutamente moderna.
“Amelia era, sobre todo, una mujer extremadamente moderna”, dice Dryburgh. “La idea no era buscar un ambiente de época, sino dejar que personajes, paisajes y avión hablaran realmente por sí mismos”.
Rodada en pantalla panorámica anamórfica para resaltar la inmensidad de la historia de Amelia, otro objetivo primordial de Dryburgh era captar la extrema emoción del vuelo en solitario. “Queríamos que el público compartiera su ansia de aventura”, explica Dryburgh, “y su intenso amor por volar, que predominaba sobre todos sus amores en tierra”.
Para conseguirlo, Dryburgh reunió una unidad aérea de primera, dirigida por el director de la segunda unidad Marc Wolf, él mismo un veterano piloto de helicópteros, además de un destacado especialista en fotografía aérea. “Marc se encargó de todos los aviones que teníamos que realmente podían volar, incluyendo los antiguos y ligeros biplanos, los acróbatas aéreos, un trimotor Ford cuidadosamente restaurado y, por supuesto, el amado Electra de Amelia”, dice Dryburgh. “Hay escenas que transmiten verdaderamente la alegría que Amelia sentía al volar y la motivación de toda su vida”.
Se construyeron réplicas para los aviones que producción no pudo encontrar en perfectas condiciones –en concreto, el hidroavión Fokker que, con el nombre de “Friendship”, fue con el que Amelia cruzó por primera vez el Atlántico, y el Lockheed Vega, con el que Amelia estableció muchos de sus récords–. A su vez, estas réplicas se hacían volar “virtualmente” mediante animación por ordenador, supervisada por el equipo de efectos visuales de la película de Mr. X, en Toronto. Dryburgh afirma: “Contando la película con unas secuencias de vuelo real tan excitantes, los vuelos recreados por ordenador tenían que ser espectaculares para estar a la altura, pero creo que el equipo de efectos visuales de Mr. X lo ha conseguido extraordinariamente”.
Todos los paisajes que Dryburgh filmó por completo, tanto desde el aire como en tierra, en buena medida se resucitaron en un solo y enormemente diverso país: Sudáfrica, donde Nair había vivido durante tres años, y que proporcionó a producción no sólo clásicos aeropuertos art decó e interminables cielos, sino también medios para plasmar los ocho países distintos por los que viajó Amelia sin siquiera cruzar una frontera.
A Nair le seducía la idea de rodar en Sudáfrica. “Para mí era realmente emocionante poder rodar aquí”, revela Nair. “Era la ocasión de rendir homenaje a un continente que amo y que nos brindó la extraordinaria inmensidad que necesitábamos para mostrar los viajes de Amelia alrededor del mundo”.
La tarea de transformar un solo país en varios convergió en la responsable del diseño de producción Stephanie Carroll, con la que Nair ha trabajado repetidamente desde Cuando salí de Cuba. “Stephanie y yo nos movemos entre India y América con mucha facilidad y también mucho cariño. Ella es capaz de ver lo que otros no ven, tiene una sensibilidad que otros no tienen, con una gran formación artística y siempre mirándolo todo con ojos nuevos”, dice la directora. “En Sudáfrica, Stephanie simplemente emergió, nos facilitó una gran variedad de entornos para los distintos países y combinó elementos de la naturaleza con diseños sofisticados, de forma similar a lo que hizo Amelia en su vida”.
Carroll tenía por delante una tarea impresionante. “Había que hacer mucha labor de investigación en muy poco tiempo”, explica Carroll. “Tanto Mira como yo pensamos que los escenarios y el atrezzo deben de ser lo más exactos posible, y después partimos de esta premisa para dar respuesta a qué podía haber pasado o qué apariencia tenían realmente las cosas cuando nadie estaba allí para documentarlo. Hacer la película fue muy parecido a la vida de Amelia –que siempre estaba yendo de un lugar a otro, y nosotros también–, todo el tiempo estábamos de acá para allá, trasladándonos rápida y apasionadamente”.
Cada escenario creado por Carroll estaba repleto de detalles que había extraído de lecturas sobre la nómada vida de Amelia, detalles escogidos para descubrir el territorio íntimo de esta eterna aventurera. “Cada elemento que aparece en pantalla debería, yo creo, reflejar la emoción del guión y de alguna manera, subliminalmente, el público debería sentirse próximo a Amelia o a la experiencia de volar”, declara Carroll.
“Mira aprecia verdaderamente la belleza y el diseño, por tanto, creativamente es muy gratificante trabajar con ella”.
En Sudáfrica, el trabajo de Carroll consistió en transformar. Por ejemplo, uno de sus mayores retos era convertir un aeródromo cubierto de hierba situado en Transkei en la pista de aterrizaje de Lae, en Nueva Guinea, donde Amelia fue vista por última vez antes de desaparecer. “Encontrar el aeródromo apropiado fue más difícil de lo que uno se puede imaginar, porque hacer volar al Electra requería ciertas exigencias, y entonces simplemente nos limitamos a buscar el máximo equilibrio respecto a la precisión histórica entre lo que el avión necesitaba y lo que nosotros podíamos permitirnos”, señala Carroll. “Optamos finalmente por un antiguo aeropuerto militar y transformarlo en un espacio con un ambiente mucho más tropical”.
Esta misma clave rigió para el diseño de muchos de los históricos aviones. “Básicamente, fabricábamos aviones que ya no existen”, dice Carroll. “Pero sabíamos que muchos aficionados a la aviación verían la película y, por tanto, ciertamente teníamos la responsabilidad de que fueran auténticos”.
Para recrear el hidroavión Fokker F7 y el Lockheed Vega, los realizadores contaron con la ayuda del asesor visual Paul Austerberry, que supervisó la fabricación y construcción de todos los aviones clásicos. “Paul realizó un fabuloso trabajo y sin él no podría haberse hecho la película”, dice Carroll.
Austerberry localizó en la fábrica Fokker de Holanda los diseños originales del F7, que sirvieron para adecuar la estructura y el fuselaje del avión, y a partir de algunas evidencias fotográficas concibió los pontones de 29 pies de largo empleados en el amerizaje. También utilizó para reconstruir la estructura del avión el fuselaje de un Lockheed Vega siniestrado, complementándolo con sus calibres originales. Además, Austerberry construyó una maqueta a tamaño natural del interior del Electra que se utilizó en algunas secuencias, aparte del “Hazy Lily”.
Todo el proceso, dice Austerberry, fue como un curso de historia sobre los inicios de la aviación moderna. “La vida de Amelia abarca el nacimiento y el desarrollo de la capacidad de volar por parte del ser humano”, apunta Austerberry. “Su primer avión tenía el fuselaje de madera y el último era un maravilloso y reluciente modelo art decó. Durante los pocos años que vivió, sucedieron cambios increíbles, y nosotros tuvimos la oportunidad de reflejar todo eso en pantalla”.
También se reflejan muchos cambios en el trabajo de vestuario realizado por Kasia Walicka-Maimone, que dice que “la época y el personaje de Amelia eran un sueño hecho realidad para un diseñador de vestuario”. Walicka-Maimone, que había colaborado previamente con Nair en Ciegos de amor, empezó documentándose con el ingente archivo fotográfico sobre Earhart, forrando las paredes, literalmente, de fotografías durante meses, mientras llevaba a cabo su proceso artístico. “Me rodeé de sus fotos y las estudié en profundidad, y empecé a sentir que conocía íntimamente a esa increíble mujer”, afirma Walicka-Maimone.
Al contrario que en otras películas de época donde a veces la información es escasa, Amelia inundó a Walicka-Maimone con cantidad de datos sobre su vida. Después de todo, cuanto más se la fotografiaba, más empezaba Amelia a crear su propia imagen, desplegando su fuerza, capacidad y ansias de aventura, además de su sutil encanto femenino.
“Teníamos imágenes de Amelia llevando todo tipo de prendas, desde su atuendo de aviadora hasta la ropa que usaba para hablar ante la prensa o sus elegantes vestidos de noche, y de todo ello en abundancia”, observa la diseñadora. “Por lo tanto, Mira y yo tuvimos que seleccionar e ir buscando aquellas imágenes que definían esencialmente a nuestro personaje. Fue una colaboración constante entre Mira, Hilary Swank y yo misma”.
Walicka-Maimone disfrutó especialmente indagando en la historia de los uniformes de aviación, descubriendo que, en los años 30, no había un traje estándar para las pilotos femeninas, lo que propició que Amelia fuera también una precursora en la moda. “Muchos de sus trajes de aviadora estaban diseñados por ella misma”, advierte Walicka-Maimone. “Amelia introdujo muchas novedades interesantes: camisas francesas con mangas ajustadas al puño, pantalones ceñidos y su clásica chaqueta de cuero, hecha a medida e inspirada en las chaquetas militares de la época. Con esta chaqueta, Amelia inició su propia línea de moda”.
En 1934, Amelia fundó Amelia Earhart Fashion Designs, presentando su línea de ropa en Macy’s. Su imagen era fácilmente reconocible –dinámica, lista para la acción, con una displicente y serena elegancia–, y ésa era la esencia que Walicka-Maimone perseguía.
Al final, el equipo de vestuario tuvo que partir de cero para crear la mayoría de la ropa porque el género vintage era demasiado frágil como para soportar el intenso ritmo de producción de la película. En sus diseños, Walicka-Maimone quiso combinar tanto la autenticidad de la época como la moda femenina del momento presente. “Queríamos que predominara un aire actual sobre la moda de los años 20 y 30, lo que a veces implicaba prescindir de detalles demasiado excesivos”, declara la diseñadora. “Por ejemplo, intentamos hacer unos sombreros de los años 30 que resultaron tan extravagantes y llamativos que distraían la atención. Por lo tanto, lo que más me satisfizo fue crear un puente entre lo que llevaba Amelia realmente y la belleza del diseño realizado por Mira”.
Nair dice que Walicka-Maimone caminó por el filo de la navaja con un equilibrio impresionante. “Kasia es una artista extraordinaria, exigente y siempre muy documentada sobre la época en la que está trabajando. El vestuario de Amelia no sólo es de verdad, también es el tipo de ropa que realmente le gustaría llevar a una chica moderna, que es todo lo que yo quería”, manifiesta Nair. “No deseaba que la película fuera como un museo, sino que estuviera completamente viva”.
Copyright de texto e imágenes © 2009 TCF Hungary Film Rights Exploitation Limited Liability Company, Twentieth Century Fox Film Corporation, Avalon Pictures, LLC y Dune Entertainment III LLC. Cortesía de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.
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