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Los amores de Amelia Earhart
El mundo entero se enamoró de Amelia Earhart, pero, en concreto, la relación que mantuvo con dos hombres la ayudó a perfeccionarse en su profesión y alcanzar la fama.
El primero fue el hombre que la ayudó a crear su imagen pública y que se convertiría en su esposo: George Palmer Putnam. Hijo del fundador de la editorial G.P Putnam’s Sons, George había vivido su propias aventuras antes de conocer a Amelia.
Estudió en Harvard, dirigió expediciones de National Geographic, fue alcalde de Bend, Oregon, y dirigió varios periódicos, después se hizo cargo del negocio familiar lanzando una bomba editorial: la publicación de We, la autobiografía de Charles Lindbergh.
En 1928, mientras buscaba una mujer que se convirtiera en la primera en cruzar el Atlántico, George se encontró por primera vez con la por entonces desconocida Amelia Earhart. Se casaron en 1931, y en aquel momento Amelia era ya una de las personas más famosas del mundo.
Richard Gere, ganador del Globo de Oro, encontró fascinante la personalidad de Putnam. “Era una de esas personas controvertidas que desagrada a mucha gente, pero a Amelia no le desagradó en absoluto. Ella obviamente le amaba, y eso me interesó”, explica Gere.
“Quería saber más sobre su relación. ¿Qué fue lo que vieron el uno en el otro en su vida privada que quizás nadie más podía ver? ¿Qué les hizo conectar? Los dos eran personas muy independientes, fuertes y ambiciosas, y uno de los caprichos del destino es que ambos fueron a unirse exactamente en el momento adecuado”.
A Gere le intrigaba también cómo Putnam parecía intuir que la personalidad de Earhart podía permitirle ganarse la vida, convirtiéndose en la herramienta que financiaría sus récords aéreos y manteniendo al público siempre deseoso de verla y saber más sobre ella.
“Había en él cierto matiz de Circo Barnum & Bailey, la forma en que sacó a Amelia de la nada y cómo se le ocurrió la contundente imagen de ‘Lady Lindy’”, dice Gere. “Había otras aviadoras mejores o más hermosas, pero yo creo que lo que George vió en Amelia fue que era tan auténtica en su pasión por volar y tan accesible, que enseguida la adoptarían como modelo todas las mujeres”.
Mira Nair dice que observó una nueva cualidad en Gere interpretando a George. “Por supuesto, Richard siempre posee un gran carisma”, afirma, “pero yo creo que actualmente destila también una especie de calma y autoridad que resultaba muy adecuada para el personaje. Gere le aportó un tono de meditación a su trabajo, y surgió una evidente química entre Hilary y él”.
Una vez en plató, lo más importante para Gere fue trabajar con Swank. “Es perfecta para este papel porque sus instintos son los mismos que los de Amelia, para ella es absolutamente natural arriesgarse y eludir clichés. Swank es también básicamente honesta, como cuando dice: ‘Puede que sea un poco payasa, pero soy así’.
Este hecho ayudó a recrear el excepcional vínculo que unía a Amelia y George, independientemente de lo poco convencional que era su matrimonio. Gere dice: “Las escenas que compartimos vibran de una forma sutil y emocional. Eran dos personas que intentaban hacerlo lo mejor posible, pero, sin embargo, en ocasiones uno hacía sufrir al otro”.
Ese sufrimiento lo provocó en gran medida el espíritu libre de Amelia, algo sobre lo que ella había advertido claramente a George antes de casarse. No obstante, su estrecha relación con el piloto Gene Vidal, con el que llegó a fundar Northeastern Airlines, complicó aún más su matrimonio.
Vidal era también una intrigante figura de los inicios del siglo XX. Más conocido ahora por ser el padre del célebre escritor Gore Vidal, Gene enseñó aeronáutica en West Point, fundó tres líneas aéreas americanas y fue director del organismo Bureau of Air Commerce desde 1933 a 1937.
Para interpretarle, Nair eligió a Ewan McGregor, actor escocés conocido por diversos trabajos, desde el protagonista del trasgresor éxito indie Trainspotting hasta el personaje de Obi Wan-Kanobi en las precuelas de Star Wars.
“Ewan es sumamente elegante”, dice Nair. “Irradia esa especie de exquisita distinción y formalidad a lo Cary Grant que hoy ya no se ve, pero, al mismo tiempo, es extremadamente moderno y actual, que es lo que yo quería para Gene Vidal”.
McGregor dice que lo primero que le atrajo de Amelia fue la oportunidad de actuar con Swank. “He querido trabajar con ella desde Boys Don't Cry”, afirma. “Su trabajo es apasionado, minucioso y comprometido. Yo mismo siempre he querido trabajar así, por lo tanto, sabía que lo disfrutaría mucho”.
Pero una vez que aceptó interpretar a Vidal, McGregor se vio también en la obligación de aceptar los retos de su personaje. “Resultaba muy estimulante intentar recrear en pantalla esa relación tan ambigua. Se da por hecho que Gene y Amelia tenían algún tipo de relación amorosa, pero los detalles se desconocen”, explica McGregor. “La película muestra una especie de implícito triángulo amoroso, donde nadie habla de lo que está pasando, lo que me parece realmente fascinante”.
Aun intuyendo cómo sería trabajar con Swank, McGregor dice que todavía le sorprendió más. “Parecía que Amelia había vuelto a la vida y que lo hacía a través de Hilary Swank”, señala. “Cómo Hilary la interpreta, sientes lo extraordinaria que era Amelia. Me doy cuenta de que mis hijas hoy disfrutan de libertad y oportunidades gracias a mujeres como Amelia”.
Completando el reparto principal hay otro hombre que resulta fundamental en la vida de Amelia: el experto copiloto Fred Noonan, que desaparecería junto a Amelia en las aguas del Pacífico occidental.
Tras conseguir prestigio como piloto en la pionera ruta transatlántica del “Manila Clipper” para Pan American Airlines, Noonan contaba con unas credenciales impecables, incluso las de bebedor en exceso, una contradicción que el trabajo del actor inglés Christopher Ecceleston llevó a la pantalla.
“He admirado a Chris Eccleston desde sus primeros trabajos en Jude y Tumba abierta y creo que es un extraordinario actor”, afirma Nair. “Está deslumbrante interpretando a Fred Noonan y le aporta sex appeal, pero, sobre todo, Chris trabaja con absoluta naturalidad ante la cámara y consigo mismo. Es una persona muy auténtica e independiente, sin un ápice de vanidad, como era Fred. En Fred se aunaban muchos aspectos: era un consumado bebedor pero también el mejor piloto del mundo, y Chris captó esa paradoja. Creo que las secuencias entre Fred y Amelia del final de la película son inolvidables y verdaderamente conmovedoras”.












































































