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Vida de Rafael Landívar

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Gracias a Víctor Miguel Díaz, quedó localizada en la Antigua Guatemala la casa donde habitó Pedro Landívar, caballero dedicado al negocio de la pólvora y asimismo partícipe de la organización municipal. Aunque notable, este personaje sería hoy desconocido sin la presencia de su hijo, el escritor Rafael Landívar y Caballero a quien se homenajea con la visita a la citada vivienda.

Landívar nació en Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1731. Es reconocido por su condición de extraordinario poeta y se cuenta entre los antigüeños más ilustres y universalmente admirados.

De los datos biográficos que han llegado hasta nuestra época, destaca el hecho de que, a la temprana edad de dieciséis años, se doctorase en filosofía en la Universidad Real y Pontificia de San Carlos.

Aunque no se trate de una secuencia original, fuera de lo que podía ser normal en aquellos días, conviene alinear con estos estudios el despertar de su vocación religiosa, puesta de manifiesto en 1749, cuando Landívar viajó a para ingresar en la Compañía de Jesús.

Al adoptar formalmente las actitudes de rigor, sabiduría y austeridad propias de dicha comunidad, el joven desarrolló su entusiasmo espiritual y se ordenó sacerdote en 1755.

Desde su juventud, había mostrado interés por el conocimiento, y esa fue una de las cualidades que mostró al volver a su tierra natal. Fue rector del Colegio San Borja, donde asimismo impartió clases de filosofía.

Para su desgracia, en 1767 debió asumir el destierro a que se vieron obligados los jesuitas por orden del rey Carlos III. Desde México partió hacia una hermosa ciudad italiana, Bolonia, donde lo acogieron los condes de Albergati, familia para la cual actuó como preceptor.

Sumido en la melancolía que todo destierro suele despertar, pudo expresar esa nostalgia en la que es su obra más conocida, Rusticatio mexicana, escrita en hexámetros latinos a la manera de Virgilio.

De las diversas traducciones que han ido ofreciéndose a los lectores, resalta la primera edición crítica bilingüe, establecida por Faustino Chamorro de acuerdo con la impresa en 1782 (San José de Costa Rica, Editorial Libro Libre, 1987).

En su inicio, el poema da a entender la clave sentimental que lo caracteriza: «Salve, mi Patria querida, mi dulce Guatemala, salve, / delicias y amor de mi vida, mi fuente y origen; / ¡Cuánto me place, Nutricia, volver a pensar en tus dotes, / tu cielo, tus fuentes, tus plazas, tus templos, tus lares!».

Sin duda, este escrito ha sido mucho más divulgado que su otra composición poética: la oración fúnebre en memoria del obispo Figueredo y Victoria. De hecho, por su riqueza temática y emotiva, la Rusticatio mexicana ha interesado a especialistas en las más variadas materias.

Rafael Landívar falleció el 27 de septiembre de 1793. Aunque su primera sepultura se localizó en el templo romano de Santa María delle Muratelle, en 1950 el cuerpo del religioso y poeta fue devuelto a la Antigua Guatemala, donde reposa en la actualidad.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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