Orígenes de la imprenta en Alcalá de Henares

William_Michael_Harnett5

Hay pasajes de la historia que ningún cultivador de la bibliofilia debiera olvidar. Y créanme, el que ahora me ocupa figura con letras de oro en todos los manuales que abordan la materia. No en vano, la Biblia Políglota Complutense es uno de los tesoros más importantes de la impresión y la tipografía.

Según consta en las crónicas, la Imprenta de Alcalá de Henares comenzó su labor tipográfica y divulgativa con la publicación en 1492 de la Gramática Latina, de Nebrija. A ello hay que añadir otra edición famosa: la de la Vita Christi Cartoxano Romançado, en traducción de Fray Ambrosio de Montesinos e impresa por Estanislao Polono en 1502.

Funcionando como engarce del trabajo universitario con la difusión cultural, la imprenta fue un ingenio que propagó el nombre de la villa y multiplicó las oportunidades de sabiduría de todos aquellos catedráticos y escolares que frecuentaban la calle de los Libreros. Resuelto a poner orden en este proceso, Cayetano Enríquez de Salamanca explica que las actividades de la prensa universitaria fueron iniciadas por Arnaldo Guillén de Brocar y por su hijo Juan a comienzos del siglo XVI.

Los sucedió Méndez de Robles, cuya imprenta ya no fue exclusiva, pues «algunos Colegios Menores tuvieron también la suya propia y hubo otras muchas entre los siglos XVI y XVIII, que dieron celebridad a Alcalá, publicando obras para uso de la Universidad, generalmente en latín». (Alcalá de Henares y su Universidad Complutense).

Tomamos de la misma fuente otros datos de importancia: Cisneros ordenó en 1510 que se trasladara desde Logroño hasta Alcalá el citado impresor alemán, Guillén de Brocar. Éste se encargó de labrar los primeros caracteres que hubo de hebreo, caldeo y griego en el mundo.

Las fuentes difieren en la ubicación de dicha imprenta. No obstante, tanto si estaba en el Convento de Clarisas de San Diego como si se hallaba en la calle de Libreros, lo cierto es que el artilugio de Guillén de Brocar ha pasado a los anales de la tipografía gracias a una obra, la ya citada Biblia complutense, que simboliza la dialéctica erudita favorecida por Cisneros en esta villa.

Compuesta por seis tomos en folio, la obra pasó por un largo y meticuloso trayecto editorial. Y si bien la impresión se llevó a término entre 1515 y 1517, la totalidad de los volúmenes no estuvo disponible hasta 1522.

Ante la magnitud y carácter de la empresa, Marcelino Menéndez Pelayo propone para resumir las implicaciones filosóficas de la Biblia políglota que sus creadores fueron artífices del Renacimiento, y no tomistas. Para rematar este examen del proyecto, es oportuno repasar otras páginas del erudito cántabro, pues en ellas podemos descubrir otros detalles de importancia. Por ejemplo, en su Bibliografía hispano-latina clásica proclama elogios difícilmente superables. «La grande obra de aquellos egregios varones —leemos— fue la Políglota complutense, monumento de eterna gloria para España, sean cuales fueren sus defectos, enteramente inevitables entonces, obra que hace época y señala un progreso en la lectura del texto bíblico, y que era en su línea el mayor esfuerzo que desde las Hexapias de Orígenes se había intentado en el mundo cristiano».

Completando el perfil, el estudioso santanderino reúne en su Historia de los heterodoxos españoles varias pistas bibliográficas: «La Políglota —escribe— se hizo incluyendo, además del texto hebreo, el griego de los Setenta, el Targum caldaico de Onkelos, uno y otro con traducciones latinas interlineales, y la Vulgata. Llena los cuatro primeros tomos el Antiguo Testamento; el quinto, el Nuevo (texto griego y latino de la Vulgata), y el sexto es de gramáticas y vocabularios (hebreo, caldeo y griego)».

La tercera obra con referencias a la Políglota es la Antología de poetas líricos castellanos, donde Menéndez Pelayo responde a posibles dudas en torno al procedimiento de la edición: «Para fundir los caracteres griegos, hebreos y caldeos, nunca vistos en España, y hacer la impresión vino Arnao Guillén de Brocar, y en menos de cinco años (¡celeridad inaudita, dadas las dificultades!) se imprimió toda la Biblia, cuyos gastos ascendieron, según Alvar Gómez, a cincuenta mil escudos de oro, cantidad enorme para entonces. La impresión estaba acabada en 1517, pocos meses antes de la muerte del cardenal; pero no entró en circulación hasta 1520, de cuya fecha es el breve apostólico de León X autorizándola, por juzgar indigno que tan excelente obra permanezca por más tiempo en la obscuridad. El texto griego del Nuevo Testamento, impreso desde 1514, antes que otra cosa alguna de la obra, tiene la gloria de ser el primero que apareció en el mundo, anterior en dos años al de Erasmo, cuya primera edición es de 1516».

Otro estudioso, Cayetano Enríquez de Salamanca, refiere el acierto de Cisneros en la selección de los filólogos encargados de la ordenación y revisión de los textos de la Políglota. El equipo estaba integrado por Hernán Núñez, quien vigiló la impresión del texto griego del Nuevo Testamento.

En este proceso colaboró otro helenista de gran prestigio, Demetrio Ducas. Nativo de Creta, Ducas fue el primer catedrático de griego de la Universidad Complutense, dignidad que dejó al finalizar la impresión de la Biblia, ya muerto Cisneros.

Más adelante, Enríquez de Salamanca explica cómo el latín «se encomendó a Nebrija, el cual no dedicó mucho tiempo a la Biblia políglota, aunque su aportación fue importantísima. Como los helenistas (Ducas, Núñez Vergara) tenían a su cargo el texto griego de la Políglota y los hebraístas (Alfonso de Alcalá, Alfonso de Zamora y Pablo Coronel, los tres judíos conversos) el texto hebreo, a Nebrija, como gran latinista, se le encomendó la corrección de la Vulgata, es decir, del texto latino de San Jerónimo, que generalmente aparecía corrompido en todas las Biblias».

Cisneros diseña un modelo de trabajo en equipo idóneo para un plan de tan vasto alcance. Al traer hasta Alcalá al tipógrafo griego Nicetas Fausto y al cretense Ducas, a los judeoconversos Zamora, Coronel y Alcalá —encargados de los textos hebreos y arameos— y a helenistas y latinistas como Nebrija, Hernán Núñez y López de Zúñiga, ayudados por Juan de Vergara y Bartolomé de Castro, el Cardenal busca y alcanza un centro de conocimiento que carecía de antecedentes homologables.

Por otro lado, revelando la procedencia económica de su objetivo, quiso Cisneros que no faltasen fuentes de financiación. De hecho, varios colaboradores de la Biblia hallaron trabajo en la Universidad Complutense, y no se escatimaron recursos a la hora de adquirir u obtener en préstamo los mejores manuscritos hebreos, arameos, griegos y latinos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas


ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

Cine clásico

  • Doce tipos duros
    Escrito por
    Doce tipos duros Lo bueno de clásicos como Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) es que uno puede revisarlos sin temor a decepciones. Dirigida por Robert Aldrich, esta excepcional producción bélica fue protagonizada por Lee Marvin, Charles…

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC