El extraño caso de Nicolás Chauvin

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El chovinismo, ese intenso nacionalismo que identificamos con Francia, tiene mucho de literario.

Como ahora veremos, todo tiene que ver con un personaje formidable, merecedor de ese honor que supone entrar en el léxico por vía popular.

Según la vigésima primera edición del Diccionario de la lengua española (Madrid, Espasa-Calpe, 1992) el chovinismo es la "exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero".

Por consiguiente, chovinista será aquel individuo "que manifiesta chovinismo".

El origen francés del vocablo interesa vivamente a Arturo del Hoyo, quien lo estudia en su Diccionario de palabras y frases extranjeras en el español moderno.

Dicho epónimo deriva del apellido de Nicolás Chauvin, quien fue un soldado de Napoleón "famoso por haber recibido diecisiete heridas y haber sufrido la amputación de tres dedos, así como una horrible mutilación en la frente".

Obviamente, no es el dolor ni esta o aquella cicatriz la causa constituyente del vocablo, sino otro de los atributos de Chauvin: el abultamiento de sus principios patrióticos.

Según del Hoyo, chauvinisme, "al principio, significó sólo la idolatría napoleónica; después, toda exageración patriótica". Cosa curiosa: la popularidad del mencionado personaje creció gracias a un vodevil, La cocarde tricolore. Episode de la guerre d’Algerie (1831), de Théodore e Hippolyte Cogniard, donde el personaje Chauvin cantaba el couplet J’ai mangé du chameaul, ‘Yo he comido camello’ (Arturo del Hoyo, Diccionario..., Madrid, Aguilar, 1988, p. 94).

A decir verdad, la actitud nacionalista de Chauvin era tan intensa que incluso admite un rasgo melancólico.

Algo de ello hay en el hecho de que nuestro veterano guerrero admirase a Napoleón tras la derrota de Waterloo, ocurrida en 1815.

Sin duda, la suya no fue una actitud excepcional.

"El pueblo, al que Napoleón ha civilizado —escribe el novelista Stendhal—, haciéndolo propietario y dándole la misma cruz que a un mariscal, le juzga con el corazón y creo ahincadamente que la posteridad confirmará el juicio del pueblo. En cuanto al de los salones, supongo que cambiará cada diez años, como ha ocurrido en Italia, según he visto, con el Dante, tan despreciado en 1800 y al que idolatran ahora." (Vida de Napoleón, trad. de Pedro Vances, Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, 1952, p. 18).

Ni que decir tiene que ese fervor napoleónico tuvo su trasunto a lo largo del siglo XIX, cuando Francia cobró impulso colonialista y exportó las virtudes de su ideario particular.

Posteriormente, el mandato de Charles DeGaulle puso nuevamente de actualidad dicho orgullo.

En definitiva, por una cuestión expresiva, los matices que ahí se impusieron son los mismos que nos sirven para diferenciar al patriotismo del patrioterismo y el ultranacionalismo.

Aun desplazando el campo semántico, también sirve para el caso pensar en lo mucho que distancia al orgullo de la soberbia.

(Publiqué la primera versión de este artículo bajo seudónimo en el Centro Virtual Cervantes)

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC