El navegante y conquistador Alonso de Ojeda

Vanitas_Edward_Coll

Animados por la aventura de Colón, otros marinos quisieron encontrar su fortuna en ultramar. Lo entendió así Alonso de Ojeda y testimonio de ello es su trayectoria indiscutible como navegante y conquistador.

Este conquense, nacido en 1466, desempeñó en tal afán una labor sin duda pionera, cuyos alcances sólo quedaron cabalmente descritos cuando el personaje ya había perdido la vida en Santo Domingo, allá por 1516.

Según se sabe, fue paje y criado del duque de Medinaceli, don Luis de la Cerda, y gracias a éste conoció a Cristóbal Colón. El encuentro, si lo interpretamos de forma determinista, no fue un asunto fortuito. Aún más: tras intervenir en la toma de Granada, Ojeda capitaneó en 1493 una de las naves del segundo viaje colombino.

Esta responsabilidad tuvo su prolongación en el Nuevo Mundo, pues nuestro personaje fue quien puso de manifiesto la riqueza aurífera de la región de Cibao. Un asunto —el del oro de las Indias— que situó la conquista dentro del horizonte económico.

En la biografía americana de Ojeda abundan los lances aventureros. Capturó con picardía al cacique Caonabó, y con ello se atribuyó un gran mérito en la dominación de los guerreros caribes. No obstante, tuvo que abandonar La Española en 1498, cuando los enfrentamientos que mantenía con Colón recomendaban ya su retorno a España.

Una vez conseguido el respaldo preciso, inició una nueva travesía de descubrimiento, esta vez en compañía de Juan de la Cosa y Américo Vespucio. Su nave desembarcó en la Guayana, y recorrió con sus hombres la costa venezolana hasta Maracaibo. Dicho territorio, sumado a la franja atlántica oriental de la actual Colombia, figuran en el mapa que trazó Juan de la Cosa en 1500.

Designado gobernador de Coquibacoa el 8 de junio de 1501, Alonso de Ojeda se vio beneficiado en 1508 durante la reunión de la Junta de Burgos, organizada para diseñar el proceso colonizador de Tierrafirme. Quedó ésta escindida en dos gobernaciones; a saber: la de Veragua y la que le correspondió a nuestro personaje, Urabá, situada en la orilla colombiana.

En adelante, Ojeda intervino en una de las peripecias más exigentes de esta primera etapa de la Conquista, que le condujo a la fundación en 1510 de San Sebastián de Buenavista, en territorio panameño.

Acosado por la miseria y las lanzas indígenas, este poblamiento no podía resistir sin auxilio. Fue entonces cuando Ojeda partió en busca de una ayuda que nunca pudo conseguir.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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