Historia del reinado de Isabel I de Inglaterra

Isabel-I-de-Inglaterra

Al morir María Tudor, en 1558, pasó la corona de Inglaterra a las sienes de Isabel, su hermana consanguínea, hija de Ana Bolena y Enrique VIII, educada en el protestantismo.

Sus derechos al trono eran discutidos por María Estuardo, reina católica de Escocia, casada con el rey de Francia Francisco II.

Con objeto de evitar la preponderancia política de esta nación si sus monarcas 10 hubieran sido también de Inglaterra, el mismo Felipe II había aconsejado a su difunta esposa que designara a Isabel para sucederla.

Propúsose, además, el rey de España, mantener su supremacía en Europa y conservar el catolicismo en Inglaterra, casándose con la reina Isabel; pero la política de ésta fue muy otra.

Aunque Felipe II no había hecho en Inglaterra política personal, el gobierno de María Tudor había dejado malos recuerdos, reprochándose a aquella reina el haber metido el país en guerra contra Francia, guerra que había hecho perder a Inglaterra la importante plaza de Calais.

Así es que la nueva reina fue aceptada con aplauso del pueblo.

Isabel fue muy popular. Aunque heredó el carácter despótico de su padre y la frivolidad de su madre, mostrándose absoluta, irritable y vanidosa, no tuvo necesidad de contemporizar con intereses de familia.

Su situación independiente le permitió orientar la política en favor de los intereses nacionales.

Jamás quiso contraer matrimonio, diciendo que «estaba casada con su pueblo».

Su ilustración humanista le hizo mirar con desdén las disputas teológicas.

Incrédula y astuta, aparentó inclinarse a una u otra religión según exigían las circunstancias de momento.

Su política consistió en defender el trono, evitar la guerra y establecer el orden social y religioso en Inglaterra, sobre la base de su voluntad, absoluta.

Tuvo el acierto de rodearse de los hombres más eminentes de su tiempo.

Su principal ministro fue lord Burgbley, alma del partido anglicano.

Obligada a ampararse en el protestantismo para asegurar su corona, restableció, por el Acta de uniformidad (1562), los Estatutos abolidos por María Tudor.

Si persiguió a católicos y protestantes, fue para reprimir sediciones que pretendían destronarla.

Enemiga tenaz de Felipe II, personifica el protestantismo.

Su reinado fue el comienzo de la prosperidad de Inglaterra.

El protestantismo en Escocia

María Estuardo era hija de Jacobo V, rey de Escocia, y María de Lorena, hermana de Francisco de Guisa, uno de los nobles más influyentes y poderosos de la corte francesa.

Jacobo V murió pocos días después del nacimiento de su hija, encargándose de la regencia Mana de Lorena, su esposa.

Los monarcas de Escocia veíanse obligados a habérselas con numerosos enemigos: los ingleses en el exterior; los protestantes y una parte de la nobleza en el interior del reino.

Su política consistió, pues, en aliarse a Francia para combatir a unos y otros a la vez que los protestantes y los nobles escoceses buscaban apoyo entre sus correligionarios de Inglaterra.

Las ideas luteranas habían penetrado en Escocia durante el reinado de Jacobo V (1513-1542), haciendo grandes progresos bajo la regencia de María de Lorena. Un fogoso propagandista, John Knox, que había sido capellán de Eduardo VI de Inglaterra, estuvo en Ginebra, donde aprendió la doctrina de Calvino.

En Escocia predicó contra el gobierno de las hembras, acreditando con su austeridad y elocuencia las nuevas doctrinas.

El pueblo se sublevó, incendiando los conventos y destruyendo imágenes y cuadros.

María Estuardo se hallaba en Francia, donde contrajo matrimonio con Francisco II, sucesor de Enrique II.

El Parlamento escocés, aprovechándose de la ausencia de su soberana, confiscó los bienes eclesiásticos y proscribió el culto católico, estableciendo la constitución sinodal de la Iglesia calvinista (1561).

La Iglesia presbiteriana (que éste es el nombre de la secta protestante escocesa), pobre, sin jerarquías, gobernada por sínodos de sacerdotes iguales entre sí, fundada con el asentimiento del pueblo y de parte de la nobleza, fue, con la de Ginebra, la más democrática de las Iglesias reformadas.

María Estuardo en Escocia

En 1560 murió Francisco II rey de Francia, casado con María Estuardo.

La joven soberana, educada en la brillante y corrompida corte de los Valois, adoraba las bellas artes y los placeres.

Sus mismos enemigos elogiaban su belleza, su generosidad, sus maneras seductoras, su valor.

Una aureola de poesía envuelve la memoria de aquella mujer, simpática por sus desgracias y de la que el romanticismo católico ha hecho una especie de mártir.

Maria Estuardo hubo de abandonar la placentera corte de Fontainebleau por la ruda y semisalvaje Escocia, país pobre, montuoso, frío y triste.

Sus sentimientos católicos y su género de vida escandalizaron a los escoceses.

Gran incompatibilidad existía entre la religión y el carácter de María Estuardo y el carácter y religión de su pueblo.

Su situación de viuda obligada a casarse por razón de Estado, y también su ligereza y poca aprensión, ocasionaron su tragedia.

Casó con un primo suyo, lord Darnley; pero al poco tiempo concedía su intimidad al conde de Bothwell, mientras su esposo perecía misteriosamente, y la reina se casaba de nuevo con Bothwell.

La nobleza de Escocia se sublevó, mientras el pueblo imprecaba a su soberana.

Juan Knox redobló su ardores proféticos, comparándola a las reinas israelitas, como Atalía y Jezabel, cuya molicie y depravación habían provocado el odio del Señor y arruinado el pueblo escogido.

María Estuardo hubo de ceder la regencia, durante la minoría de su hijo Jacobo, habido de su matrimonio con lord Darnley, al conde de Murray.

Encerrada en un castillo, logró evadirse, y se dirigió a Inglaterra en busca de protección.

María Estuardo e Isabel

Como mujer y como reina, María Estuardo era una rival temible para Isabel.

Envidiosa de su belleza, de su talento y de sus gracias, la reina de Inglaterra, condenada por la Iglesia y por los católicos como usurpadora, no quiso ver a su enemiga en tanto no probase su inocencia en la cuestión de la muerte de su marido.

Como la información judicial no dio resultado, María fue retenida prisionera.

El partido católico, so pretexto de librarla, formó complots contra el gobierno.

Las tentativas de los duques de Norfolk y de Northumberland no dieron resultado.

Los jefes fueron ajusticiados.

María Estuardo, cautiva, era como un rehén del catolicismo en manos del protestantismo.

Su suerte dependía del resultado de la gran lucha empeñada entre las dos banderas.

El furor de las pasiones desencadenadas ponía en peligro la vida de los soberanos.

El Parlamento inglés, que sentía por Isabel una verdadera adoración, autorizó el establecimiento de leyes de excepción contra los que atentaban a la seguridad de «la reina virgen».

Descubierto un complot organizado por Babington para destronar a Isabel y reemplazarla por María, pudo probarse que ésta tenía conocimiento del hecho.

Una comisión nombrada para juzgarla la condenó a muerte.

Isabel, aunque deseaba desembarazarse de su rival, vacilaba, temiendo las consecuencias; pero el Parlamento le suplicó «en nombre de las Sagradas Escrituras» que dejara expedita la acción de la justicia.

Isabel firmó la sentencia, y su ministro favorito, lord Burghley: se apresuró a darle cumplimiento.

María Estuardo fue decapitada en una sala del castillo de Fotheringay después de diez y nueve años de cautiverio (1587).

Murió con tocla entereza, en el seno de la religión católica.

Isabel y Felipe II: la Armada invencible

Isabel de Inglaterra y Felipe II de España personifican los dos principios político-religiosos característicos de la historia de Europa durante la segunda mitad del siglo XVI: el protestantismo y el catolicismo: Ambos soberanos venían haciéndose una guerra sorda.

La antipatía entre ingleses y españoles era motivada.

no solamente por las diferencias religiosas, sino por una rivalidad política y económica.

Isabel de Inglaterra se había mantenido neutral entre Francia y España, amenazando a una y otra nación, respectivamente, con aliarse a su contraria pero cuando estallaron en Francia las guerras religiosas (1562), que ponían en peligro la causa del protestantismo, Isabel apoyó resueltamente a las provincias flamencas, insubordinadas contra Felipe II.

Este, a su vez, apoyaba el partido católico inglés y maquinaba los medios de colocar en el trono de Inglaterra a María Estuardo.

Los ingleses, cuya marina comenzaba a formarse, atacaban los buques españoles.

Un célebre corsario Francis Drake había osado saquear las costas de Chile y del Perú, llevando a Inglaterra un valioso cargamento de metales preciosos, fruto de sus rapiñas.

Hábil marino, fue el segundo en dar la vuelta al mundo.

No contento con esto acometió el litoral español, saqueando algunos puertos.

Felipe II exigió reparación; pero Isabel contestó armando caballero sobre el puente de su navío, al atrevido pirata.

La ejecución de María Estuardo sirvió de pretexto a Felipe II para realizar el designio que venía meditando: la invasión de Inglaterra.

Después de ordenar a su gobernador en Flandes, Alejandro Farnesio, que cesara las hostilidades con los rebeldes y aprestara las tropas, reunió en las bocas.

del Tajo una flota de ciento sesenta buques, con dos mil seiscientos cañones, ocho mil marineros y veintidós mil hombres de desembarco.

El entusiasmo de los soldados le dió el nombre de Armada invencible.

El plan consistía en proteger el desembarco de las tropas de Farnesio en Inglaterra.

Una agresión tan formidable reanimó el patriotismo y la lealtad de los ingleses, sin distinción de partidos.

Mientras organizaban un ejército de defensa, y los buques ingleses, de menor tonelaje y mayor rapidez que los pesados galeones españoles, evitaban hábilmente presentar combate, los peligros de los mares del Norte y las tormentas convirtieron la expedición en un gigantesco desastre.

Sólo cincuenta buques pudieron regresar a España.

Felipe II exclamó con trágica resignación «que no había mandado sus buques a pelear contra los elementos», La derrota era irreparable.

Prosperidad de Inglaterra

El desastre de la Armada invencible y los acontecimientos de los Países Bajos contribuyeron al desarrollo de la marina, industria y comercio británicos, El poderío naval inglés comenzó durante el reinado de Isabel.

Intrépidos marinos, como Drake, Hawkins, y Chancellor, surcaron los mares, estableciendo relaciones comerciales entre Inglaterra, la costa de África y los países del norte de Europa.

En América septentrional Walter Raleigh fundó Virginia (norte de la Florida), la primera colonia inglesa, y comenzaron a explotarse las pesquerías de bacalao en Terranova.

A partir del año 1567, numerosos comerciantes e industriales flamencos, huyendo de la persecución religiosa, emigraron a Inglaterra.

La prosperidad económica de Amberes pasó a Londres, cuya Bolsa real fue fundada en 1570.

El aumento de la riqueza transformó las condiciones de vida, mejorándose el bienestar en todas las clases sociales.

El Renacimiento en Inglaterra

El Renacimiento coincidió en Inglaterra con su grandeza política y su desenvolvimiento económico.

Aunque sometido a la doble influencia del humanismo y de la literatura italiana, ésta degeneró en una imitación, llamada eufuismo.

La gran originalidad del genio inglés se manifestó en el teatro, cuyo principal representante fue Shakespeare, poeta que personifica el carácter nacional, altivo e independiente, rudo, grosero a veces; pero profundo y melancólico.

Shakespeare (1564-1616) es al propio tiempo un poeta universal.

Sus dramas, Hamlet, Macbeth, Romeo y Julieta, Otelo, no son obra de tal o cual época, literatura o nación, sino creaciones del genio humano.

Con razón se ha dicho que, «después de Dios, el que más ha creado ha sido Shakespeare».

En cuanto a las artes plásticas, el Renacimiento inglés fue muy tardío.

En arquitectura el llamado estilo Tudor es una prolongación del gótico, modificado por influencia de artistas alemanes e italianos.

El estilo renacentista no triunfó hasta el siglo XVII, en la época de los Estuardos, con los artistas Iñigo Jones, autor de la Sala de los banquetes del palacio de Citehall, y Cristóbal Wren, el arquitecto de la gigantesca catedral de San Pablo de Londres que recuerda San Pedro de Roma.

La pintura no se manifestó hasta el siglo XVIII.

Nota sobre el autor: Rafael Ballester y Castell (Palma de Mallorca, 22 de agosto de 1872 - Tarragona, 17 de agosto de 1931) fue periodista, bibliógrafo, pedagogo y erudito historiador. Entre sus obras, destacan Las fuentes narrativas de la Historia de España durante la Edad Media, 417-1474 (1908), Clío. Iniciación al estudio de la Historia (1913) –de la que extraemos este artículo para The Cult– , Geografía de España (1916) y Apuntes de Historia de la civilización española en sus relaciones con la universal (1927). Las obras originales de Rafael Ballester y Castell se encuentran en dominio público, pues sus derechos de autor han expirado una vez transcurridos ochenta (80) años tras la muerte del autor.

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