La gran aventura de Cristóbal Colón

Cristobal-Colon

Al propio tiempo que los portugueses proseguían sus viajes en busca de la ruta marítima para llegar a las Indias, los españoles, secundando a Colón, descubrían América.

Son todavía una incógnita el origen, patria y juventud del descubridor del nuevo continente.

Antigua tradición sostiene que Cristóbal Colón, apellido españolizado de Columbo o Colombo, era natural de Génova (Italia), primogénito de una familia de tejedores.

De su juventud no se sabe gran cosa.

Consta que ejerció el oficio de su padre y que pasó sus mocedades en Génova o en una aldea vecina (Savona), recibiendo alguna instrucción.

Emprendió después un viaje a la Gran Bretaña (1476), a bordo de un buque genovés que formaba parte de una escuadrilla mercante la cual fue atacada por unos piratas, y destruida en parte: a la altura del cabo de San Vicente, por lo que hubo Colón de refugiarse en Lisboa, desde donde continuó luego su viaje a Inglaterra, regresando después a la capital portuguesa (1479), centro de expediciones marítimas, foco de empresas, proyectos y conversaciones acerca de lejanas y misteriosas tierras.

Ya en el siglo XI de la Era cristiana los normandos, colonizadores de Groenlandia, habían arribado al litoral de Norteamérica; pero la noticia de aquellas expediciones era desconocida.

Existía, es cierto, la creencia de que mas allá de las costas de Europa había tierras, creencia elaborada con reminiscencias de relatos fabulosos (la Atlántida) o exageraciones de antiguos navegantes.

Leyendas irlandesas, perpetuadas en forma cristiana dieron origen a la existencia de islas imaginarias, como las de San Brandán, Antilia y otras, que figuran en los mapas de aquellos tiempos; pero la existencia de un nuevo continente no era sospechada.

Es lógico que Colón, residiendo en Lisboa, se preocupase también de viajes o descubrimientos y que, hacia el año 1483, estuviera en posesión de un plan metódico para el hallazgo de nuevas tierras, plan que expuso al rey de Portugal Juan II, solicitando su auxilio para ponerlo en práctica, pero que aquel soberano rechazó.

Cronistas portugueses contemporáneos afirman que se tenía a Colón por visionario; pero el genovés, que era hombre convencido y dotado de excepcional presencia de ánimo, resolvió solicitar el auxilio de otra nación, encaminándose para ello a España.

Tal es, en sustancia, el relato que suele hacerse de la vida de Colón antes de su presencia en la corte de los Reyes Católicos; pero téngase en cuenta que tales hechos, constitutivos de la biografía tradicional del célebre navegante, se refieren a él en tanto se le supone ser el tal Cristóforo Columbo, natural de Génova, hijo de Domenico Columbo y de Susana Fontanarrosa, artesanos, moradores de dicha ciudad, según acreditan escrituras notariales de aquel tiempo, hipótesis absurda, si se advierte que el descubridor de América jamás se firmó Columbo sino Colón, castellanización del catalán Colom, que tal debió de ser su apellido.

Según las más recientes investigaciones, el descubridor de América hubo de ser, pues, un catalán, llamado Juan Colom, cuya patria y familia no han podido ser comprobadas todavía.

En su juventud navegó por el Mediterráneo, entró después como corsario al servicio de Renato de Anjou, conde de Provenza e intitulado rey de Sicilia, contra Juan II de Aragón, pasó luego al servicio de Guillermo Casenove-Coullon, corsario de Luis XI de Francia.

En agosto de 1476 naufragó en las costas portuguesas, en un combate naval sostenido por aquel corsario contra naves de Génova.

Después de este naufragio, Colón navegó por los mares del norte de Europa, visitando Dinamarca, Islandia y Groenlandia, y prosiguiendo luego hacia Terranova fue a dar, acaso por efecto de una tormenta, a Santo Domingo.

Creyendo haber llegado a Cipango (Japón), concibió entonces el gran proyecto de llegar a las Indias navegando por occidente, proyecto que sometió a los Reyes Católicos.

Colón en España

En 1486 vino Colón a España, y en un principio encontró grandes dificultades.

En 1487 se alistó en el ejército, combatiendo contra los moros en la guerra de Granada.

Durante la campaña ganó la simpatía del duque de Medinaceli, a quien confió sus proyectos.

El duque le alentó y le tuvo alojado en su castillo, queriendo él mismo equipar tres carabelas para intentar la empresa; pero la reina Isabel se opuso.

Anduvo Colón errante algún tiempo, hasta conseguir que se interesaran en su proyecto otras personas, como el prior de la Rábida, Fray Juan Pérez, que había sido confesor de la reina; un médico algo versado en cosmografía, y un marino de Palos, Martín Alonso Pinzón; declarando este último perfectamente realizable el proyecto y hallarse dispuesto a intentarlo.

A instancias del prior de la Rábida, Colón fue recibido por la reina en Granada.

Surgieron todavía dificultades, por las exorbitantes pretensiones del navegante, hasta que, interviniendo algunas personas y singularmente el tesorero del reino, don Luis Santángel, se llegó a un convenio, haciendo la Corona los anticipos necesarios y ordenando a la villa de Palos que pusiese a disposición del marino dos carabelas armadas con los pertrechos y víveres necesarios.

Martín Alonso Pinzón, rico armador de aquella villa, tomó parte en la empresa, equipando otra carabela y facilitando, en unión de sus hermanos, el alistamiento del personal para la expedición.

Primer viaje: sus resultados

El día 3 de agosto de 1492, tres carabelas, Santa María, Pinta y Niña, salieron del puerto de Palos de la Frontera, tripuladas por ciento veinte hombres, en su mayoría castellanos y aragoneses.

La escuadrilla se dirigió primero a las Canarias, y desde allí hizo rumbo al oeste.

En la madrugada del día 12 de octubre de aquel año un marinero, de la tripulación de la Pinta dio la voz de ¡tierra! Habían llegado a una isla del archipiélago de las Lucayas, que los indígenas llamaban Guanahaní y que Colón llamó San Salvador.

Colón recorrió la parte oriental de aquel archipiélago, visitando otras cuatro islas, convencido de hallarse en el océano que baña las costas orientales de Cathay (la China), «asiento de numerosas islas, donde se producen las especias», según el relato de Marco Polo.

Continuando sus exploraciones, Colón y los suyos llegaron.

a Cuba (octubre de 1492), donde vieron ciudades florecientes y muchas plantas desconocidas; pero sin encontrar oro ni huella alguna del árbol de las especias, como creían.

En, el mes de diciembre llegaron a Santo Domingo, isla que fue llamada la Española.

Habiendo perdido la nave capitana, Colón regresó a España a bordo de la Niña desembarcando en el puerto mismo de Palos, el 15 de marzo de 1493, después de grandes peripecias y de haber dejado una parte de la tripulación en un fuerte construido en la Española.

A su regreso Colón fue aclamado por el pueblo y recibido en Barcelona por los Reyes Católicos con todos los honores.

La expedición había sido pobre en resultados materiales, pero la certeza de que existían tierras al oeste del Atlántico iba a facilitar otras muchas empresas, y desde entonces un Nuevo Mundo pasaba a poder de España.

Otros viajes y descubrimientos de Colón: su muerte

El éxito del primer viaje enardeció los ánimos, organizándose otra expedición, compuesta de diecisiete buques y mil doscientos hombres, cuyo mando fue confiado a Colón.

La flota salió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493.

En este segundo viaje fueron descubiertas primeramente algunas de las Pequeñas Antillas y Puerto Rico, desde donde se dirigió Colón a la Española, encontrando arruinado el fuerte de Navidad y sus defensores asesinados.

Fundó Colón la Isabela, primera ciudad europea del Nuevo Mundo, cuyas ruinas existen todavía, y organizó algunos viajes de exploración.

Partió luego para Cuba, que el almirante consideraba como tierra firme, y descubrió Jamaica, regresando a España en 1496.

Dos años después emprendió otro viaje, descubriendo la isla de la Trinidad, y llegó por vez primera a la costa de América del Sur, sin sospechar que hubiese llegado a un continente, dirigiéndose después a la Española.

Colón encontró aquella colonia en plena insurrección, motivada por los malos tratos de que eran objeto los indígenas, y por los motines de la soldadesca.

Secundado por su hermano Bartolomé, luchó durante dos años para mantener su autoridad en la Española; pero el descontento general tuvo eco en España, y en agosto del año 1500 llegaron a la colonia dos carabelas, conduciendo al comisario Francisco de Bobadilla investido de plenos poderes.

Este secuestró la fortuna y los papeles de Colón y de su hermano Bartolomé, que se había hecho impopular por su carácter inflexible y por la dureza con que trataba a los indígenas.

Bobadilla, después de encarcelados, los envió a España encadenados, desembarcando en Cádiz el 25 de noviembre del año 1500.

Los reyes dispusieron inmediatamente que Colón fuera puesto en libertad y tratado con todas las consideraciones, si bien no fue repuesto en el cargo de virrey de las nuevas islas, nombrándose un nuevo gobernador: Nicolás de Ovando.

Colón, debilitado por las pasadas fatigas, se inclinó entonces al misticismo y compuso el Libro de las Profecías, con objeto de convencer a los Reyes Católicos de la necesidad de conquistar Tierra Santa, para cuyo objeto convenía ir nuevamente a las Indias en busca de las riquezas necesarias para la expedición.

Se convino, pues, un cuarto viaje, saliendo nuevamente Colón en 1502; pero se le prohibió ir a la isla Española.

En este último viaje exploró la costa oriental de Honduras, Costa Rica y Veragua, regresando a España en 1504.

Pocos días después de su regreso murió la reina, su protectora.

Colón se estableció en Sevilla, donde llevó una existencia de penalidades, que aumentaron desde el día en que le fue embargada su fortuna para pago de deudas.

En 1505 dejó Andalucía, yendo en seguimiento de la Corte a Segovia, Salamanca, etc., sin poder alcanzar la reivindicación de sus derechos.

Murió oscuramente en Valladolid, el 21 de mayo de 1506.

Nota sobre el autor: Rafael Ballester y Castell (Palma de Mallorca, 22 de agosto de 1872 - Tarragona, 17 de agosto de 1931) fue periodista, bibliógrafo, pedagogo y erudito historiador. Entre sus obras, destacan Las fuentes narrativas de la Historia de España durante la Edad Media, 417-1474 (1908), Clío. Iniciación al estudio de la Historia (1913) –de la que extraemos este artículo para The Cult– , Geografía de España (1916) y Apuntes de Historia de la civilización española en sus relaciones con la universal (1927). Las obras originales de Rafael Ballester y Castell se encuentran en dominio público, pues sus derechos de autor han expirado una vez transcurridos ochenta (80) años tras la muerte del autor.

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