A través de la voz de todos aquellos que le conocieron, especialmente de sus tres ex-mujeres, Michael Radford nos presenta a Michel Petrucciani, uno de los mejores pianistas de jazz de la historia. Sus discos, afectos y defectos, los obstáculos que superó a lo largo de su, intensa pero corta vida, su incombustible energía y enormes ganas de vivir desfilan por la pantalla.
A pesar de sus éxitos, no todo en la vida de este genio era bueno. Radford también hace hincapié en su lado más oscuro: su egoísmo, su soberbia, sus desapegos.
Michel Petrucciani, ese pequeño gran hombre, que no superó el metro de altura, era todo genio y figura y, sin lugar a dudas, el protagonista indiscutible de esta apasionante historia y de una de los capítulos más importantes del jazz contemporáneo.
Biografía de Michel Petrucciani
Michel Petrucciani nació en Orange, sur de Francia, el 28 de diciembre de 1962 en el seno de una familia de músicos semiprofesionales obsesionados con los clásicos del jazz moderno.
Creció escuchando la música de Wes Montgomery, Miles Davis, Django Reinhardt, Art Tatum... y a la edad de tres años ya cantaba la mayoría de sus canciones. Pero el destino le había repartido unas cartas insólitas.
Nació con osteogénesis imperfecta, también conocida como la enfermedad de los huesos de cristal, una afección congénita degenerativa que hacía que se le fracturaran los huesos con la más ligera presión (nació con todos los huesos del cuerpo rotos). Nunca superó el metro de altura y sufrió terribles dolores toda su vida.
Como si quisiera compensar esta maldición, el destino le concedió dos dones: un talento único y extraordinario para la música, y una carismática personalidad que cautivaba a todo el mundo y que hizo que las mujeres se enamoraran de él a lo largo de toda su vida.
La discapacidad de Petrucciani nunca supuso una limitación para él y, a pesar de que sabía que probablemente no viviría mucho más de 40 años, estaba decidido a sacarle el máximo partido. No tenía tiempo para la gente que se lamentaba. “¿De qué te quejas?”, solía decir. “¡Mírame! ¡Yo estoy bien! ¡Me lo paso bien!”. Y, sin duda, lo hacía.
A los cuatro años vio a Duke Ellington en la televisión e inmediatamente pidió un piano. Sus padres le regalaron uno de juguete, que él destrozó con un martillo, dejándoles claro que quería uno de verdad. A los siete ya no había ninguna duda de que era un prodigio.
Recibió formación en música clásica pero, siguiendo la tendencia familiar, su primer amor fue el jazz y a los 13 años era un formidable improvisador. Su primera oportunidad le llegó en un festival de jazz local, en el que se había programado que tocara con el trompetista norteamericano Clark Terry, que al verle se negó a creer que aquella extraña y pequeña criatura pudiera tocar el blues. Entonces Michel tocó para él y le dejó boquiabierto.
Como alguien dijo después: “A los trece sonaba como un negro cansado de la vida y perdido en algún piano bar de México”. Tres años después, conoció al batería Aldo Romano y enseguida se hicieron grandes amigos. Por aquel entonces Petrucciani no podía caminar, así que Aldo le llevaba a todas partes.
No tardó en llevarle a París para ver a Jean-Jacques Pussiau, el propietario de Owl Records. Entre 1981 y 1985 Michel Petrucciani grabó cinco álbumes, incluyendo el clásico Toot Sweet con el saxofonista Lee Konitz. Hasta entonces había estado tocando en festivales de jazz locales del sur de Francia, pero en 1981 tocó en el Théâtre de la Ville durante el Festival de Jazz de París y causó sensación al instante. Había nacido una estrella.
Sin embargo, Francia se le quedaba pequeña. Soñaba con ir a Estados Unidos. En cuanto cumplió 18 años, voló hasta la Costa Oeste y Big Sur, donde un amigo suyo, un batería hippie norteamericano llamado Tox Drohar, estaba trabajando en la propiedad de Charles Lloyd.
Convenció a otro amigo para que le llevara (Petrucciani no aprendió a andar con muletas hasta los 25 años y le encantaba que le llevaran, sobre todo las mujeres). Charles Lloyd, el legendario saxofonista de la Costa Oeste que descubrió a Keith Jarrett, había dejado el jazz para estudiar misticismo, pero había leído algo acerca de un santo hindú con el cuerpo roto que había cruzado el océano para obrar milagros, y cuando oyó tocar a Michel, cogió el saxo por primera vez en 15 años y ambos se fueron de gira juntos.
Fue la introducción de Michel en el mundo real del jazz, y Lloyd y él pronto empezaron a hacer giras por todo el mundo ante un público extático. Sin embargo, después de cinco años en Big Sur, Michel ansiaba ir a Nueva York. Corrían los ochenta y Nueva York era el paraíso del jazz. Allí podría tocar en Village Vanguard, en Bradley's, y compartir escenario con los grandes.
Firmó con el sello discográfico Blue Note Records, convirtiéndose en el primer no americano en hacerlo, y grabó y tocó con multitud de músicos de jazz legendarios: Roy Haynes, Jim Hall, John Abercrombie, Wayne Shorter, Joe Henderson, Joe Lovano y Dizzy Gillespie. Finalmente, cansado de los excesos de la vida en Nueva York, que no estaban haciéndole ningún bien a su salud, volvió a Francia, encontró el amor y fue padre.
Cuando descubrió que su hijo había heredado su enfermedad, se sintió abatido y fatalista. “Negarme a aceptar esto sería como rechazarme a mí mismo. ¿Por qué iba a hacerlo?”.
Su vuelta a Francia coincidió con el mejor periodo musical de su vida. Además de firmar con el sello Dreyfus Records, que estaba decidido a convertirle en una estrella internacional, su música alcanzó niveles estratosféricos. Empezó a grabar discos que se vendían por cientos de millares (entre otros con Stephane Grappelli, Eddy Louiss y su trío con Steve Gadd y Anthony Jackson) y tocando por toda Europa para decenas de miles de personas.
Sin embargo, los efectos de su enfermedad se hacían sentir, al igual que su pasión por vivir rápido. Cuando le dijeron que bajara el ritmo, su respuesta fue: “Ya he vivido más que Charlie Parker, y eso no está mal”.
No sería mucho más. Extenuado por su duro calendario de trabajo (220 conciertos en 1998) y por su deteriorada salud, cogió una neumonía en Nueva York en el invierno de 1998, y murió el 6 de enero del año siguiente. Tenía 36 años.
A su funeral, celebrado en París, asistieron decenas de miles de personas. Está enterrado en el cementerio Pere Lachaise, junto a la tumba de Frederic Chopin: tal era el respeto que este extraordinario hombre inspiraba.
Son las palabras de Wayne Shorter las que mejor expresan el legado y talento de Michel Petrucciani: “Hay mucha gente por ahí, de altura media y supuestamente normales, que tienen todo aquello con lo que nacieron, los brazos y demás, de la medida adecuada. Son simétricos en todos los sentidos, pero viven la vida como si no tuvieran brazos, piernas o cerebro y viven culpando. Nunca oí a Michel quejarse de nada. Nunca se quejaba de lo que veía al mirarse al espejo. Michel era un gran músico, un gran músico, y era grande, en última instancia, porque era un gran ser humano, y era un gran ser humano porque tenía la capacidad de sentir y regalar a los demás parte de ese sentimiento a través de la música. Cualquier otra cosa que se pueda decir de él es una mera formalidad, es un tecnicismo y no significa nada para mí”.
La vida de Michel Petrucciani nos demuestra a todos que nada impide a una persona llevar una vida plena. Y lo hizo con humor, diversión y una música extraordinaria.
Discografía
PERIODO DE OWL RECORDS (1980-1985)
FLASH (1980) con Mike Zwerin, Louis Petrucciani y Aldo Romano
MICHEL PETRUCCIANI (1981)
ESTATE (1982)
TOOT SWEET (1982) con Lee Konitz
ORACLE'S DESTINY (1982)
100 HEARTS (1983) (The George Wein Collection. Concord Jazz Inc.) 1ª grabación para un sello estadounidense
NOTE'N NOTES (solo) (1984)
COLD BLUES (1985) con Ron McClure
LIVE AT THE VILLAGE VANGUARD (1984) con Palle Danielsson y Eliot Zigmund
PERIODO DE BLUE NOTE (1986-1994)
PIANISM (1986) con Palle Danielsson y Eliot Zigmund
POWER OF THREE (1986) con Jim Hall y Wayne Shorter
MICHEL PLAYS PETRUCCIANI (1987) con Gary Peacock, Roy Haynes y John Abercrombie
MUSIC (1989) con Joe Lovano, Andy McKee y Victor Jones
PLAYGROUND (1991) con Aldo Romano
LIVE (1994, grabada en 1991)
PROMENADE WITH DUKE (solo) (1993)
PERIODO DE DREYFUS JAZZ (1994 -1999)
MARVELLOUS (1994) con Dave Holland
FLAMINGO (1995, a la venta en 1996) con Stephane Grappelli
BOTH WORLDS (1997) con Steve Gadd y Antony Jackson
CONVERSATION WITH MICHEL (2000, grabada entre 1988 y 1989) con Bob Malachi
PRESS CONFERENCE (1994) con Eddy Louiss
PRESS CONFERENCE VOL. 2 (1995, grabada en 1994) con Eddy Louiss
AU THEATRE DES CHAMPS-ELYSEES (1995, grabada en 1994)
SOLO LIVE (1998, grabada en 1997)
TRIO IN TOKYO (1999, grabada en 1997) con Steve Gadd Y Antony Jackson
CONVERSATION (2001, grabada en 1992) con Tony Petrucciani
DREYFUS NIGHT (2003, grabada en 1994)
PIANO SOLO - THE COMPLETE LIVE IN GERMANY (2007, grabada en 1997)
LIVE CONCERTS (1999, grabada en 1993-1994)
Copyright de texto e imágenes © Les Films d’Ici (Serge Lalou – Annick Colomes), Liaison Films LLC (Bruce Marks), Looks Films (Gunnar Dedio - Martina Haubrich), Partner Media Investment (Andrea Stucovitz), ARTE. Cortesía de Avalon Productions. Reservados todos los derechos.
177 días atrás
177 días atrás
732 días atrás
395 días atrás
3043 días atrás
575 días atrás
690 días atrás
713 días atrás
1472 días atrás
1165 días atrás













































































