
El tango, desde el umbral hacia dentro, Rafael Flores, Editorial Catriel, Madrid, 2000, 157pp.
En 1993 la firma Euroliceo distribuyó por vez primera esta monografía, catalogable como pauta y resumen del esfuerzo divulgador de Rafael Flores, un escritor y poeta bien conocido por su trabajo radiofónico en torno al tango y sus territorios afines.
Director y locutor desde 1987 del espacio «Mano a mano con el tango», Flores ha sabido contagiar su gusto a un amplio auditorio.
Como defensor de dicha causa musical, tampoco le es ajena la estima creciente hoy otorgada al tango en España.
Sin duda, el elogio se entenderá mejor con un dato comprobable: cuando Flores comenzó su emisión radial, Garde1 y Piazzolla acaparaban los catálogos del tango en nuestra oferta discográfica.
Catorce años después, ya existen comercios españoles que realizan el ideal del género y fomentan un consumo más informado.
Sin que desconozcamos que aún hay lagunas en la distribución de títulos clásicos, el tango ha dejado de ser una mercadería o un espectáculo insólito.
A todo ello no es extraño este libro, destinado a reseñar un siglo de esta forma de la cultura rioplatense.
Un siglo diverso, de profundos cambios en el gusto y en el ideal estético, donde el tango queda enlazado al estado social y estipula nuevas condiciones en su expresión.
Cierto día de 1976, quizá ensayando un titular ingenioso, Borges declaró a La Razón que los argentinos sienten una admiración ridícula por las cosas que otros ponen de moda.
Para ejemplificar este parecer, aportaba un ejemplo: «En 1898 nació un baile en los lupanares al cual llamamos tango. Ninguna mujer se atrevía a bailarlo sabiendo cuál era su origen. El baile era muy lascivo, una especie de parodia del acto del amor.
La música muy obscena, la letra también. Lo bailaban sólo los hombres en las veredas del arrabal, hasta que un día, no sé cómo, llegó a París, y por el mero hecho de que París lo aceptó, se hizo respetable en la Argentina».
Por muy espontáneo que fuese el escritor a la hora de formular el resumen, es cierto que sus palabras infunden un modo de ser admirable, versátil y hasta paradójico a esta confluencia entre música, poesía y danza, cuyo cancionero ha tocado todos los registros y cuyos efectos continúan, manifestados en el impulso general de una época que se afirma con episodios ruidosos.
La visión persiste: en el texto de Rafael Flores todo ese periodo parece animarse de humanidad, y así, entre los bustos de los grandes compositores e intérpretes, el mundo suburbano asume infinidad de poses, investidas de cualidades éticas y aun literarias.
En esta monografía hallará el lector una historia del tango donde se contrastan y depuran méritos, temperamentos, incertidumbres y circunstancias.
El autor mira a contraluz la arquitectura social bonaerense y descubre en ella rasgos de poderosa personalidad, indispensables para abordar las invenciones musicales que marcan su ritmo.
Lejos de ser lo que se entiende por un trabajo de vulgarización, esta versión enriquecida de El tango, desde el umbral hacia dentro agradará al curioso y también al lector más enterado.
Su lectura procura placer y, sin género de duda, la faceta literaria de Flores queda de manifiesto en un estilo eficaz y pulido.
Para concluir, aunque sólo sea de paso, hay que mencionar el aporte fotográfico, tan generoso como oportuno, que sirve para ilustrar esta elegante edición.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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