
Artista de múltiples talentos, con un prodigioso repertorio a sus espaldas, no ha perdido la audacia pese a que ya lleva tres décadas en este oficio.
Sakamoto ha viajado a España para presentar dos nuevos registros: Out of Noise, un álbum construido a golpes de inspiración, experimental y atrevido, y el elepé Playing the Piano, donde interpreta al piano sus grandes éxitos, sin olvidar los temas centrales de Feliz Navidad, Mr. Lawrence y El último emperador, o delicadezas como Tibetan Dance y Rain.
Si te sientes obligado a comprar un disco de Ryuichi Sakamoto, recopilatorios como Cinemage o este Playing the Piano son el perfecto billete de entrada hacia un mundo diverso y sin prejuicios. No en vano, Sakamoto cultiva con el mismo entusiasmo el tecnopop, la bossa nova, el rock okinawense y el minimalismo, y de igual modo le interesa el dub jamaicano que el vanguardismo sinfónico.

Por supuesto, eso no es todo. Ya lo demostró en 2004, cuando llegó a Barcelona para intervenir en el Sónar. Armado con sampler y ordenador, consiguió encender una nueva chispa de asombro al actuar junto a la Orquesta Nacional de Cataluña. A modo de propina –ahí es nada–, se reunió en el mismo escenario con el dúo Sketch Show. O lo que viene a ser lo mismo, con Haruomi Hosono y Yukihiro Takahashi, sus viejos camaradas de la Yellow Magic Orchestra.
Cordial y sin embargo discreto, Sakamoto es, además de todo eso, un estupendo conversador, y es fácil comprender por qué sigue convencido de que la música es algo trascendental.
El pasado verano, en unas declaraciones que recogía el periódico japonés Nikkei, usted destacaba lo mucho que le inquieta el impacto de internet sobre el mundo musical.
Creo que soy un músico afortunado por una razón: aún puedo realizar actuaciones en directo. El público paga por verme actuar en vivo... todavía. Una vez dicho esto, lo cierto es que en la actualidad son minoría los aficionados a la música que quieren pagar por los CDs. Pero las descargas pagadas no están compensando las perdidas que se registran en la venta de CDs. Lo cual nos lleva a otra conclusión, y es que empieza a resultar imposible vivir del comercio de CDs, y la razón, obviamente, es el uso que en este sentido se hace de internet.
En el artículo que le comentaba, usted dice que las descargas pueden conducir a que los jóvenes tengan que plantearse si aún es posible dedicarse a la música para vivir de ella.
Con una cantidad ilimitada de música en la red... ¿quién quiere pagar por ella? Si este negocio evoluciona de forma que nos resulta imposible vivir de la música, me preocupa que cada vez menos talentos jóvenes se incorporen profesionalmente a este oficio. Como sabes, los músicos necesitamos ingresos para vivir. En realidad, si todo sigue por este camino, la música se convertirá en una afición. Dejará de ser un negocio y pasará a ser un hobby. Y en este sentido, sí que me inquieta el futuro.
Por otro lado, desde que el homo sapiens dio sus primeros pasos, la música siempre nos ha acompañado, y esta crisis no implica su desaparición. La música sobrevirá... Y debo añadir que tengo sentimientos contradictorios al respecto, porque también apoyo la libertad de internet. Es un tema complicado para mí.
Su carrera parece excluir cualquier etiqueta. Ha fusionado el pop y la música electrónica con tradiciones folclóricas de Okinawa, Indonesia o África. Bach o Debussy le influyen tanto como los Beatles. Y en su faceta de compositor clásico, aborda ahora un concierto para koto y orquesta. Dígame, ¿que le lleva una y otra vez al crossover? ¿Quizá la necesidad de huir de los géneros más reconocibles? ¿O sólo trata de no aburrirse?
Bien..., yo escucho todo tipo de música. Me interesan todos los géneros musicales. Bueno, todos excepto el country. Pero con esa salvedad, me atraen todos los estilos de la música. Es algo que forma parte de mí, y además he crecido con esa predisposición. Tengo muchísima curiosidad. Me atrae lo que desconozco, y en definitiva, me dejo guiar por mis intereses. No se trata de evitar el aburrimiento, que suena más bien negativo. Simplemente, soy curioso, y eso me lleva a experimentar y a ir de un género a otro.
A estas alturas, ya tiene un prestigio consolidado como artista integral. No sólo es un icono pop, sino que se habla de sus creaciones en las revistas de música clásica. ¿Hay algo que eche de menos de los tiempos en que fundó la Yellow Magic Orchestra con Haruomi Hosono y Yukihiro Takahashi?
No, no echo nada de menos. Ésa es una etapa que dejé atrás. Han pasado ya treinta años... Y sin embargo, desde que participamos en el Sónar, los tres miembros de la banda hemos empezamos a tocar juntos de nuevo. De hecho, nos reunimos para tocar juntos cada año, pero no sólo por ese pasado que compartimos. Estamos aún interesados en explorar nuevos territorios, mirando hacia el futuro. Esa es la razón por la que aún puedo tocar con ellos después de treinta años. Sin marcarnos fechas para editar un álbum, también estamos grabando algunos temas. Quizá, en el futuro, nuestro reencuentro dé lugar a un nuevo disco.
A pesar de todo, no siente nostalgia...
Es una cuestión interesante. Por lo común, no suelo escuchar de nuevo mis antiguos discos. De todas formas, hay ocasiones en que tengo que hacerlo. Y la verdad es que el sonido de aquellos años es muy fresco. El material de aquella primera etapa suena... joven. Digamos que yo estaba en la primavera de mi vida, y ya no puedo reproducir ese sonido, porque ese periodo terminó. Cada estación de la vida tiene un sonido diferente, y por seguir con la metáfora, me gusta el sonido de aquella primavera. Es joven e irrepetible.
Copyright de las imágenes: Ryuichi Sakamoto, Madrid © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
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