• PORTADA
  • CRÍTICAS
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • TEATRO
  • CÓMIC
  • SERIES
  • EXPOSICIONES
  • MUSICALES

Vie05252012

Last update06:02:52 PM

The-Cult-revista

Mike Oldfield: antes y después de "Tubular Bells"

ommadawnMike Oldfield definió su mejor música con un elocuente mutismo. “Hace treinta años –dijo en cierta ocasión–, me preguntaron por qué hice Tubular Bells y estuve unos veinte minutos en silencio sin tener idea de la respuesta”.

Me da la impresión que esa actitud tan discreta es igual de recomendable a la hora de catalogar sus álbumes. Las etiquetas cambian tanto, me parece, porque el resorte que mueve a Oldfield no es la moda, sino la curiosidad menos ordenada del mundo. De ahí que, al paso de los años, las tiendas de discos hayan vendido sus obras como rock progresivo, música electrónica, New Age, folk, rock sinfónico, world music e incluso música étnica.

Eso por no sacar a relucir canciones descaradamente pop como aquel Moonlight Shadow que arrasó en las listas de ventas allá por 1983.

Nacido en Reading el 15 de mayo de 1953, Mike lleva en sus cromosomas la misma vocación melódica que sus hermanos: Terry, un sólido autor de bandas sonoras, y Sally, a quien siempre recordaremos por aquel single cristalino, sugerente y más bien ñoño: Mirrors.

Sus biógrafos presentan a Oldfield como un niño prodigio, a quien su padre regaló una guitarra. Por lo que se ve, el pequeño supo de inmediato que entre las cuerdas de dicho instrumento se ocultaba su porvenir. Algo hay de ello, no cabe duda. Pero aparte de la ilusión infantil, está claro que Mike estudió y ensayó de forma casi obsesiva, hasta convertirse en un virtuoso.

Durante los sesenta, cuando todavía era un chaval, disfrutaba interpretando en los pubs las canciones de los Shadows. Fue en 1967 cuando su hermana Sally y él crearon un dúo folkie, The Sallyangie. Ambos firmaron un contrato con una pequeña discográfica, Transatlantic Records, para grabar su primer álbum, Children of the Sun (1968). Poco después, cansado de entonar baladas hippies, Oldfield hizo caso a su hermano Terry, y juntos formaron otro dúo, Barefoot, cuya seña de identidad era el rock. Sin lugar a dudas, todos salimos ganando con el cambio.

Por aquella época, también grabó dos discos junto a Kevin Ayers: Whatever – she – bring – swesing y Shooting at the Moon . El teclista del grupo que juntos fundaron, The Whole World, no era otro que David Bedford.

Seguidor a ultranza de la música clásica y de las primeras tentativas de rock sinfónico, el melómano Bedford se empeñó en que Oldfield compusiera un concierto nada convencional, en el que nuestro músico pudiese interpretar en solitario todos los instrumentos.

Gracias a Virgin Records, el resto es historia. Tubular Bells acrecienta si importancia con el tiempo, pero en 1973 ya era una obra legendaria, seminal, ciertamente audaz, que fascinaba desde la plenitud de su riqueza sonora.

Para celebrar el XXX Aniversario de este álbum clásico, Warner Music publicó el 27 de mayo de 2003 una versión remozada con nuevos arreglos.

A partir de finales de los ochenta, y tras el triunfo de Islands (1987), Mike Oldfield sentía en su nuca el aliento de Richard Branson, empeñado, como buen comerciante, en sacar provecho del filón que se abría con el creciente mercado de los CDs. Al margen del ángulo en que se le juzgue, lo cierto es que la muerte del vinilo y la distribución universal del nuevo formato hacían soñar a Branson con enormes beneficios.

Dejándose llevar por la corriente del pop y el rock comercial, el músico hizo caso a su jefe, y lanzó un álbum de canciones, Earth Moving, en julio de 1989. El mercado respondió con relativa tibieza a esta oferta de escaso relieve expresivo, que para más inri, no tenía un solo rasgo de originalidad.

La avaricia rompe el saco, y Oldfield acabó harto de los requerimientos de Richard Branson. Tanto es así que su siguiente disco, Amarok, editado el 14 de junio de 1990, fue el más extraño de toda su trayectoria. Aunque se trata, sin duda, de una obra ambiciosa, muy experimental, repleta de hallazgos fascinantes, cualquier crítico sensato hubiera pronosticado su naufragio en las tiendas de discos.

A Richard Branson, que esperaba como agua de mayo un Tubular Bells II, le disgustó hasta lo indecible esta muestra de rebeldía, y decidió no invertir una sola libra en publicitar aquel invento. Obra maldita desde su primera tirada, Amarok languideció, en términos comerciales, al mismo ritmo que se desinflaba la carrera de Mike en Virgin.

Cuando al año siguiente salió a la venta Heaven's Open, Oldfield salió de Virgin Records tras haber cumplido hasta la última cláusula de un contrato leonino, que le obligaba a editar trece discos con la compañía de Branson.

Lamentablemente, los comentaristas entendieron que el músico estaba herido en el ala. A Heaven’s Open no sólo le faltaba frescura, le faltaba originalidad y quizá le sobraba un punto de mala uva. Un enfado que se advierte en la furia con la que Mike interpreta, por vez primera como vocalista, el tema central del álbum.

A la salida de Virgin Records, y tras salir del despacho de Branson con ese último portazo, acogieron al músico los ejecutivos de su nuevo sello discográfico, Warner Bros. Records.

Ahí es nada: bajo esta nueva enseña, Oldfield se vengó de Richard Branson elaborando el proyecto que éste último le había pedido con tanta insistencia, Tubular Bells II.

El disco en cuestión se presentó el 4 de septiembre de 1992, frente al Castillo de Edimburgo. En el equipo artístico, viejos conocidos de Oldfield –el productor Trevor Horn– y artistas invitados que daban lustre al evento –el actor Alan Rickman–. Los resultados comerciales, en todo caso, fueron tan rotundos como la valoración por parte de la crítica. En este último capítulo, las reseñas de apoyo incondicional igualaron en número a las que, con menor entusiasmo, no dejaron de reconocer los méritos de la pieza.

Decepciones al margen, el show debía continuar. The Songs of Distant Earth (1994), el segundo disco para Warner, encontraba su inspiración en la novela Cánticos de la lejana Tierra (1986), de Arthur C. Clarke. Con ese referente literario a cuestas, Oldfield completó su obra con abundante empleo de sintetizadores, asimilándose así a una corriente electrónica de la New Age que ya había probado su eficacia en las listas de ventas.

En 1995, Oldfield publicó uno de los peores discos de su trayectoria: Voyager.

A decir verdad, ésta venía a ser una recopilación de temas célticos, incluido uno del grupo gallego Luar na Lubre, “O son do ar”. Años después de su lanzamiento, la sensación que se tiene tras su escucha –siempre que no se adore a Oldfield por encima de todas las cosas– es la de estar escuchando las sintonías de un programa documental. La musicalidad lo salva todo, pero hay una monotonía que pesa demasiado en el conjunto.

Con esa desgana que se aprecia en Voyager, Tubular Bells III (1998) salió al mercado sin saber muy bien a qué publico dirigirse: si a los nostálgicos de la vieja generación o a los jóvenes amantes del techno. Pese a esa suntuosidad instrumental del álbum, daba la impresión de que Mike ya no alimentaba a su música desde dentro.

¿Falta de sentido común o simple desorientación? Lo cierto es que Oldfield intentó volver a los orígenes con Guitars (1999), pero luego se perdió –otra vez– en la vacua grandilocuencia de The Millenium Bell (2000) y en chill out algo plúmbeo y monótono de Tr3s Lunas (2002), que no pasa del aprobado. Por supuesto, se advierte que hay un tipo con mucho oficio tras ambas producciones, pero el genio no aparece aquí por parte alguna. Y lo que es peor: las dos obras carecen de relieve y de convicción conceptual.

Una vez cumplido el contrato con Warner, Oldfield publicó otro disco prescindible con Mercury Records, Light & Shade (2005). El magnífico sonido aumentaba las poquísimas virtudes de este álbum, sin duda menor en el catálogo del compositor.

Y con esto volvemos al principio, porque la nueva entrega de Mike Oldfield, esta vez con el sello Universal Classics, es Music of the Spheres (2008), una obra clásica –en el sentido que ya expliqué–, donde se advierte la presencia de Karl Jenkins en la sala de máquinas.

Al igual que hizo Vangelis en su Mythodea (2002), Mike busca en este disco el apoyo artístico de figuras del entorno clásico. Por ejemplo, la soprano neozelandesa Hayley Westenra y el impecable pianista chino Lang Lang.

Obra de una expresividad contrastada, de un equilibrio inteligente, con el colorido justo, Music of the Spheres recupera la quintaesencia estética de Oldfield con una absoluta carencia de afectación. Gracias al opulento sonido que logra extraer de la orquesta, el compositor renace como un artista de primer orden.

Ha pasado mucho tiempo desde Tubular Bells y Ommadawn. Y se nota. El público y la industria han cambiado. ¿Respaldarán los compradores de música clásica esta penúltima hazaña del camaleón inglés? ¿Podrá Oldfield superar el recuerdo de sus mejores momentos en Virgin y Warner?

Confortablemente instalado en una fama que le precede, Mike ha entrado en el siglo XXI con unos intereses que, mire usted por dónde, van alejándolo de las partituras a medida que le introducen en ese mundo impredecible y metálico de las últimas tecnologías. Que nadie lo ponga en duda: Oldfield es un caso aparte y nunca renunciará a serlo.


¿Quieres saber más?
Mike Oldfield definió su mejor música con un elocuente mutismo. “Hace treinta años –dijo en cierta ocasión–, me preguntaron por qué hice Tu

742 días atrás
Interesado desde hace años por la realidad virtual, Mike Oldfield no deja escapar ninguna oportunidad para sacar provecho artístico de las nuevas te

742 días atrás
Si exceptuamos sus canciones, ninguna de las obras de Mike Oldfield estaría fuera de lugar en una discoteca clásica. Al fin y al cabo, su fuente de

742 días atrás
Mike Oldfield, hijo de un médico, nació el 15 de mayo de 1953 en Reading, Berskshire, y comenzó su carrera musical con catorce años, cuando formó

742 días atrás
Imagina que estamos en 1972. El mundo es un lugar muy diferente. No existe Internet ni teléfonos móviles. El año 2000 se considera un lejano fut

1317 días atrás

Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Banner-cineclasico

Lo más leído

Banner-television2

Lo último

Banner-comics2

El editor recomienda...

 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras (The Cult) como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...