Imagina que estamos en 1972. El mundo es un lugar muy diferente. No existe Internet ni teléfonos móviles.
El año 2000 se considera un lejano futuro de ciencia ficción. Ni acid house, ni New Age, ni New Labour. Todo eso todavía está por llegar.
En algún lugar del sur de Inglaterra, un joven cargado de talento, un prodigio musical de diecinueve años, consigue que le dejen trabajar en un estudio. Tocando hasta treinta instrumentos, compone e interpreta un álbum instrumental que anulará los límites entre el rock, la psicodelia, la música clásica y la vanguardia.
Publicado en 1973, al mismo tiempo que el mítico Dark Side Of The Moon, de Pink Floyd, este disco transformará la música popular. El nombre del genio es Mike Oldfield. El disco es Tubular Bells.
La primera publicación de Tubular Bells bajo el sello Virgin propiedad de Richard Branson, se convirtió en uno de los hitos en la historia de la música pop. Estuvo durante años en lo más alto de las listas, y fue el predecesor del ambient, el new age y el techno. Llegó a vender más de dieciséis millones de copias.
“El disco fue siempre un género en sí mismo –dice Mike Oldfield–. Desde entonces, Tubular Bells ha influido sobre una amplia variedad de músicos”.
“Tubular Bells es una pieza musical hipnótica, muy contagiosa”, afirma Chandrasonic, guitarrista de Asian Dub Foundation.
“Tubular Bells es para mí la versión acústica de Autobahn, de Kraftwerk,” dice Phil Hartnoll, del mundialmente famoso dúo techno Orbital. “Se me quedó grabado en la memoria cuando tenía 10 años. Era un preadolescente y ya empezaba a disfrutar de la música de los mayores. Tanto atrevimiento, tanta novedad… ¿Qué era eso de que un ábum tuviese sólo una canción? Cosas como aquella nos enseñaron cómo componer música instrumental sin que fuera música clásica.”
Tubular Bells fue también un disco clave en la juventud musical de DJ Pippi, de Ibiza. “Cuando lo escuché por primera vez era muy joven –dice–, pero me sentí muy atraído por este sonido. Fue un momento muy importante para el desarrollo de la música electrónica y acústica. Y un momento muy importante en mi vida”.
Tubular Bells es único en la historia de la música pop por sus complejos arreglos y ese estilo sinfónico que es capaz de pasar de momentos alegres y vigorosos hasta pasajes oscuros y amenazadores, y todo ello prescindiendo de percusión, de letra, y de cualquier elemento reconocible de la tradicional composición de canciones.
Pero Mike Oldfield siempre ha querido volver a grabarlo. Sentía que al álbum le había perjudicado la limitada tecnología de los estudios de aquellos años. “Cada vez que escucho la versión original encuentro errores,” explica. Hasta hace poco tiempo, una cláusula en su contrato le impedía cambiar esta versión durante 25 años.
“Sabia que Tubular Bells era un disco perfectamente adaptable a los sorprendentes recursos de la actual tecnología de grabación. Ahora, esta brillante nueva versión es casi como un disco completamente nuevo. El disco iba cobrando vida propia mientras trabajaba en él”, dice Mike. “Es casi como si ahora fuese otro disco.”
En el álbum original, Viv Stanshall repasaba de forma surrealista la nómina de instrumentos del disco. En la nueva versión, la lista ha sido regrabada por el actor británico, John Cleese, que parece un profesor de una excéntrica escuela pública pasando lista a los instrumentos, dando un nuevo toque de humor a frases tan famosas como “¡Grrrran piano!”, o la clásica: “Two slightly distorted guitars!” (¡Dos guitarras ligeramente distorsionadas!).
“John Cleese me parecía la persona adecuada para representar esa capacidad de cambio que tiene el disco, muy al estilo Monty Python,” sonríe Mike. “Primero escuchas un bello pasaje pastoral, luego viene un momento salvaje, luego te parece estar en un piano bar. Hay un continuo cambio de estilo. Cada vez es algo completamente diferente.”
A pesar de sus trabajadas melodías, Tubular Bells no fue uno de esos experimentos cursis de la new age. Sacado fuera de contexto, su tema central era tan inquietante que se convirtió en el tema musical de un clásico del horror cinematográfico, El exorcista, de William Friedkin, que quizá sea la película más aterradora de todos los tiempos.
Ese sencillo motivo de piano se ha utilizado desde entonces en casi todas las películas de terror. Y esto se debe a que Tubular Bells es un álbum tan lleno de luces como de sombras.
“Hacer este disco fue un asunto de vida o muerte,” dice Mike. Para él, el álbum significaba poder huir de una familia complicada. “Me encontraba en un estado psicológico lamentable. Si no me hubiese dedicado a la música, me hubiera convertido en un paranoico,” afirma Oldfield. “La música era el único lugar en el que me sentía tranquilo y protegido”.
Copyright del texto © Warner Music. Cortesía de Warner Music Spain. An AOL Time Warner Company. Reservados todos los derechos.
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