Si exceptuamos sus canciones, ninguna de las obras de Mike Oldfield estaría fuera de lugar en una discoteca clásica. Al fin y al cabo, su fuente de inspiración, como sucede con Jean-Michel Jarre, parece que va más allá de las modas y se sumerge en la música culta.
Claro que, junto a lealtades de estilo neoclásico, hallamos en la discografía de Oldfield alguna que otra frivolidad, lo suficientemente llamativa como para que los lectores melómanos rechacen esa faceta respetable del compositor inglés, y lo condenen a permanecer en el cajón de sastre del llamado crossover.
Nosotros, menos rigurosos, admiramos a Oldfield sin demasiadas reservas, y por eso celebramos el lanzamiento de una edición especial de Music of the Spheres, su primer álbum orquestal. Esta novedad, que salió a la venta el 24 de noviembre de 2008, incluyó un CD con el concierto Live at the Guggenheim, celebrado en Bilbao el 7 de marzo del mismo año.
Cuando algún experto en la carrera de Mike Oldfield haya leído el párrafo anterior, sin duda habrá pensado que Music of the Spheres no es el primer disco sinfónico de nuestro músico.
Sin ir más lejos, disponemos una bella versión orquestal de Tubular Bells, dirigida por David Bedford al frente de la Royal Philarmonic Orchestra.
Sucede, no obstante, que esa adaptación de Bedford no fue concebida originalmente por Oldfield.
Desde el comienzo, aquella fue una jugada comercial de Virgin, o mejor dicho, de su propietario, Richard Branson. Un detalle de oportunismo comercial que, por fortuna, alcanzó un nivel estético más que aceptable.
La importancia de Music of the Spheres deriva precisamente de que ha nacido con la vocación de satisfacer a los admiradores de Oldfield… y asimismo a esa legión de compradores de música clásica que no comparten –mis disculpas si alguien se ofende– el prejuicio de los más puristas.
El título del álbum proviene de un concepto filosófico de largo recorrido: esa música de las esferas que, expresada matemáticamente, engendra la armonía.
En cierto sentido, el clasicismo es una etiqueta que aplicamos a este disco por el simple hecho de que lo interpreta una orquesta sinfónica. La cuestión de las formas, sin embargo, no debe distraernos del fondo.
Y es que Music of Spheres viene a ser una suerte de summa poetica que agrupa e integra los principales hallazgos de Oldfield.
Sin ir más lejos, en la introducción a este concierto (Harbinger), reconocemos los acordes inaugurales de Tubular Bells, la primera obra maestra del compositor inglés.
El sello encargado de comercializar este álbum es Universal Classics & Jazz, una compañía especializada en autores e intérpretes de música culta. Casi sobra añadir que la incorporación de Mike Oldfield a su catálogo es, además de un acierto artístico, un logro comercial nada desdeñable.
“En este mundo –nos dice el músico–, todo tiene un pulso o una vibración. Este sonido es único en cada ser vivo y en cada ente inanimado, y por sí mismo origina una música que nadie puede oír. Creo que esto tiene una intensa resonancia y un profundo efecto en nuestras vidas. Me pregunto qué pasaría si lleváramos este hecho más lejos, aplicándolo a cosas de mayor tamaño, a cosas más poderosas. Por ejemplo, un sistema solar o una galaxia. ¿Cómo sería ese sonido? Musica Universalis es la antigua teoría según la cual cada elemento celestial –el sol, la luna y las estrellas– posee una música interior. Este es un concepto armónico y matemático derivado del movimiento de los planetas en el sistema solar. La música es inaudible para el oído humano. Music of the Spheres es mi interpretación de esta teoría. Cada planeta y cada estrella, e incluso el universo en su conjunto, tienen una música en su interior que nadie puede escuchar. Este es el modo en que sonaría si la dejásemos libre. Esta es la Música de las Esferas”.
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